• Hola ¿has publicado ya este tema para que lo descarguemos y probemos? Gracias

Festival de nebulosa

Nos pin­ta­ron un as en los cas­cos y nos metie­ron direc­tos en la llu­via. Lle­gaba a ratos el olor a com­bus­ti­ble y a humo en mitad de aquél agó­nico silen­cio. Ni los pája­ros jun­ta­ron jamás el valor nece­sa­rio para inte­rrum­pir esa inci­piente enfer­me­dad men­tal; inte­rrum­pir esa fic­ti­cia calma armada con millo­nes de sos­pe­chas en dece­nas de millas a la redonda. Ape­nas nos que­daba agua que con­ver­tir en sudor, sin radio, sin con­tacto. Sin esperanza.

Entrar y salir. Así nos lo ven­die­ron meses atrás. Rápido, ful­mi­nante, letal. Parece que ésta es la buena. Todos esta­mos más ner­vio­sos, más can­sa­dos, más deses­pe­ra­dos, más fla­cos. Más vie­jos. Más locos. Entre­na­dos para dis­pa­rar sin cri­te­rio ante cual­quier atisbo de movi­miento des­co­no­cido. No se cues­tiona nada. Se obe­dece. Se eje­cuta. Arde. Somos los bue­nos. Siem­pre. Entrar y salir. Remon­tar el río de noche, des­em­bar­car con las armas car­ga­das y el oído afi­nado. Muni­ción, mucha. Ami­gos, her­ma­nos. Cono­ci­dos a un lado y a otro. Pocos. Los nece­sa­rios. Un grupo óptimo. O noso­tros, dicen, o ellos. Salvajes.

No debía­mos pasar de la pró­xima bifur­ca­ción. Eso es que esta­mos cerca de sus nidos. Se supone que debe­mos acor­dar­nos de nues­tras fami­lias, de nues­tras muje­res, novias, nues­tros veci­nos, de los niños y de los ancia­nos. Por ellos esta­mos aquí. No sé en qué carajo pien­san mis des­qui­cia­dos com­pa­ñe­ros, yo soy inca­paz de cen­trarme en otra cosa que no sean las cone­ji­tas que nos trajo Play­boy y a quie­nes nos folla­mos a cam­bio de pro­tec­ción. Las loca­les pre­fi­rie­ron el dinero. Es una gue­rra, no me toquéis los cojo­nes con pecados.

Si no nos damos prisa nos van a abrir el culo. Para iro­ni­zar al máximo, segu­ra­mente lo hagan con armas dise­ña­das por noso­tros y balas pro­du­ci­das en nues­tras fábri­cas. Ven a defen­der la paz mun­dial, sucia gua­rra de Len­non. Con suerte te ahue­ca­rán la cabeza a ti tam­bién. Héroe de salón. No. No es agra­da­ble, ¿y? Nadie dio opción de ele­gir. Es pura natu­ra­leza, te adap­tas al medio… o haces que tus ejér­ci­tos y tus armas sean las más fuer­tes. Noso­tros hemos empe­zado por lo segundo, a ver qué tal. Joder. Debe­ría­mos parar por aquí. El silen­cio es ensordecedor.

No se ve una puta mierda. Una puta mierda. Nada. Han empe­zado matando la luz. Así, con deci­sión. Me pongo ner­vioso. Me pongo enfermo. Tene­mos que hacer algo, vamos, joder. No pode­mos que­dar­nos a espe­rar, se nos han aca­bado las pas­tas de té para los invi­ta­dos. Ojalá digie­ran bien el plomo. No lo soporto. Vamos. Sal­ga­mos. Pre­pa­re­mos la mayor san­gría jamás vista a este lado del Pací­fico. No pode­mos temer a más cosas. Sólo que­da­mos noso­tros y esas absur­de­ces no las hace­mos. Mari­co­na­das. Quiero ani­qui­lar a esos hijos de puta. Salid.

¡SALID! Todos. Sucias. Fur­cias. Gua­rras. Putas colo­ra­das. No hemos venido hasta las mis­mas puer­tas del infierno para que nos hagáis espe­rar tocando al tim­bre. Reci­bid a vues­tros ver­du­gos con más ale­gría, cer­das ama­ri­llas. Niñas. Jodi­das ali­ma­ñas que fan­ta­seáis con la idea de tener hijas sólo por­que así habrá más hem­bras que poder vio­lar. Enfer­mos. Yo mata­rife, tú cada­ver. Entiende mi idioma, cabrón. Empe­zad a fumar pronto, os hemos traído fuego. No habrá mise­ri­cor­dia. Quiero mi sadismo con pata­tas gran­des, seño­rita. Vamos a des­fo­gar­nos con vues­tras madres, ¿os ape­tece? No, ten­dréis her­ma­nas peque­ñas, ¿ver­dad? Enton­ces que empie­cen a correr. Más que las balas. No me lla­mes demente. El turismo sale caro. Es como robar las toa­llas del hotel. Un pequeño extra que nos con­ce­den. Llo­rad vues­tras lágri­mas asiá­ti­cas, ¡que se mez­clen en este puto río con vues­tra jodida sangre!

Vamos, vamos, vamos. Quiero dejar cons­tan­cia de la más cruenta ima­gen capaz de ima­gi­nar un ser humano, por tener la decen­cia de lla­ma­ros huma­nos y no mons­truos. Os tras­pa­saré mis pesa­di­llas. Una a una. Se acabó el dor­mir y el amar. Nece­sito tabaco. Tabaco, tabaco, tabaco. Aquí. Sí. Mechero. Así. Mejor. Vamos, salid, moveos, dadme el pla­cer de ver vues­tra cara atra­ve­sada por mi bang-bang. Sexo duro para mi per­tur­bada mente. ¿Sabéis can­tar o estáis dema­siado ocu­pa­dos chu­pando la polla a vues­tro decré­pito líder? Sé que eso os gusta. No la vais a vol­ver a meter en caliente por­que ser­vi­réis de car­naza para los putos pece­ci­llos de puto río, joder. Ni para eso val­dríais, putos ani­ma­les. Rezad si sabéis, a mí me ser­vía, luego me die­ron un arma. Exacto, para que no reces tú. Sal ya, joder. Sé que estás observándonos.

Vamos a aga­char­nos, hace un huevo de minu­tos que debe­rían estar aquí. No hay nadie. Les encan­tan hacer­nos venir de cam­ping al mis­mí­simo averno. A hacer ami­gos mate­má­ti­cos, ¿cómo? Fácil, si eli­mi­nas a todos los enemi­gos, al final sólo que­dan los bue­nos. Tengo un cere­bro jodi­da­mente enfermo, sí, pero tengo un puto cere­bro y un alma. Más de lo que estas cria­tu­ras de la selva pue­den decir. Sim­ple­mente son hábi­les con los rifles y bue­nos escon­dién­dose. Cobar­des. Que­ma­re­mos todo. Todo. Dad la bien­ve­nida al sis­tema de cale­fac­ción del futuro. Os lo mete­re­mos por vues­tro ama­ri­llento culo. Es lo que os gusta aun­que luego vayáis de macho­tes vio­lando crías en los putos cam­pos de arroz. Sór­di­dos y jodi­dos ani­ma­les. Dis­fru­ta­réis lo mismo que yo mien­tras morís. El pla­cer por el pla­cer, el dolor por el placer.

Ya ha pasado casi una hora. Nos han ven­dido. Es ago­ta­dor. Voy a lan­zarme ahí, yo solo, y volar­les la cabeza hasta que aca­ben con­migo, vamos a por uno y nos car­ga­mos un millón. No salen las cuen­tas. Mi solu­ción es dejar de con­tar. Hos­tias, joder, vamos, sal­ga­mos ahí de una puta vez. Lo único que puede pasar es que pal­me­mos. Una preo­cu­pa­ción menos. Sí, si no vie­nes te mato yo, aquí y ahora, esas son tus opcio­nes. Avisa a los demás. Todo listo, abajo y fuera. A la cabeza, siem­pre a la cabeza si es fácil, al pecho si dudan, que lo recuer­den. Muje­res tam­bién, si llo­ri­quean que vayan los pri­me­ros, a ver si siguen tan blan­di­tos, cuando matas a un par de ellos se vuelve rutina. Que no se que­jen, joder, no han venido a vivir una jodida expe­rien­cia mul­ti­cul­tu­ral. Esas mis­mas muje­res y niñas mata­rían a nues­tras her­ma­nas si les dan la orden y una opción, es nues­tro caso, pero no cono­ce­mos a sus fami­lias. Antes de que les pase a las vues­tras, joda­mos las suyas. A veces creo que el señor puso cejas en la cara sólo para que nos fuera más fácil apun­tar. Si a estas altu­ras tie­nen esa inse­gu­ri­dad les puedo hacer el favor de matar­los yo mismo. Lo haría con cariño y se aho­rra­rían cami­nar unos metros. No me ofre­cen más que ani­ma­do­ras de ins­ti­tuto. Hippies.

Ins­truc­cio­nes dadas, los putos chi­nos lo saben. Sé que lo saben. Y siguen sin hacer nada. Tie­nen tan­tos cojo­nes como pacien­cia. No los soporto. No que­dará nin­guno. No debie­ron haber nacido. Mal­di­tos folla­ni­ñas. Ojalá os duela. Me ocu­paré de que vues­tras fami­lias no conoz­can más que el odio. Y cuando lo conoz­can, los mata­re­mos como a voso­tros, ¿me oís? Sé que sí. Cer­dos, cer­dos. Os ase­guro que no habrá selva sufi­ciente en la que escon­derse. Matadme ya si no que­réis comer mi plomo a kilos. Es el ape­ri­tivo que reci­bi­réis. Bestias.

Ahí están. Eso es. Ahí arriba. ¡RÁPIDO, JODER! ¡Corred, al suelo, no dejéis de dis­pa­rar! Sí… ¡SÍ! Lo pro­me­tido es deuda, ¿eh? Aquí nos tenéis, ratas, putas ratas. Lo pedíais, ya sois nues­tros. ¡Aguan­tad! Vamos, vamos, es mi ambiente, pida­mos unas copas y aho­gue­mos­los con ellas. Una muerte agó­nica. Eró­tica. ¡ABAJO! No entiendo qué puta idea te ha pasado por la cabeza, qué­date siem­pre abajo, inú­til sui­cida. Siga­mos unos metros, dis­pa­rad a todo, sin pie­dad, sin miedo, sin pre­gun­tas. No dejéis de dis­pa­rar hasta que la tor­menta de pro­yec­ti­les se con­vierta en el fes­ti­val de nebu­losa más bello que nin­gún puto asiá­tico ha visto nunca. Bien, ahora sí, no debe­mos andar lejos de los nenes gran­des. Oh, sí. Vamos a aca­bar con estos putos nidos de ama­ri­llos. ¡ABAJO, JODER! ¿Qué cojo­nes no entien­des? Abajo, hijo de puta. Dios. Uno menos. Dos menos. Tres. Seguid cayendo. Bien, tene­mos que… No… Joder. Seguid voso­tros, joder. No importa. Siem­pre hacia den­tro. ¡Seguid! Aguan­taré. Olvi­dadme. Corred. Os cubro… No podrán. Sucias… Bes­tias… No. Os debía un infierno.

Visto en: Rel #6.

Lunes, 4 julio, 2011
ElGekoNegro

El humano selenita

Habréis oído esta his­to­ria cien­tos de veces pero no por eso deja de ser cierta. En un futuro no muy lejano ni muy cer­cano suce­dió lo que nadie se atreve a narrar. Aun­que nos chi­rríen los oídos cuando recor­da­mos lo que pasará hay que reco­no­cer la exis­ten­cia de aquél pobre chico. Su triste his­to­ria no debe dejarse para anti­guos libros que pue­blan olvi­da­das estan­te­rías de roble.

La idea era una locura incon­tro­lada, ¿para qué lle­var a una joven a la Luna? y, peor, ¿para qué hacerlo con la joven en cinta? La «Misión Embrión», como fue lla­mada por los dife­ren­tes medios, sin duda fue un impulso para la cada vez menos exi­tosa NASA. Con­sis­tía sen­ci­lla­mente en crear vida fuera de nues­tro pla­neta. Ver cómo se desa­rro­lla cada minuto del expe­ri­mento y moni­to­ri­zar cada latido, de la madre que que­daba en segundo plano y, sobre todo, del bebé que aguar­daba a la salida en su inte­rior. Acom­pa­ña­dos por una matrona y un sólo aus­tro­nauta for­ma­ron la pri­mera tri­pu­la­ción, y hasta ahora única, que ha lle­vado a cabo un parto en gra­ve­dad cero y a miles de kiló­me­tros de algo seme­jante a un hogar. Como pro­ba­ble­mente ya sepáis se pensó el pro­yecto para que la mujer pariese en la Esta­ción Inter­na­cio­nal donde les espe­ra­rían otros cos­mo­nau­tas y dis­pon­drían de todo el mate­rial nece­sa­rio para fina­li­zar el parto con algo de nor­ma­li­dad, pero las cosas se tor­cie­ron. La ya olvi­dada madre sol­tera, que aceptó invo­lu­crarse en tan arries­gada misión poniendo en peli­gro su vida y la del joven, rom­pió aguas mien­tras cami­naba, la nave hizo escala en nues­tro saté­lite para que ella fuese la pri­mera emba­ra­zada en dar un paseo por el Desierto de la Tran­qui­li­dad (mien­tras se emi­tirá en directo por todas las tele­vi­sio­nes del mundo, cana­les temá­ti­cos de inter­net y perió­di­cos inter­ac­ti­vos, como segu­ra­mente vísteis).

Esto obligó a aban­do­nar la cami­nata y cobi­jarse rápi­da­mente en el módulo. Según los gine­có­lo­gos toda­vía que­da­ban un par de sema­nas para lle­gar a este punto y dan vacías expli­ca­cio­nes sobre su error argu­yendo no haber con­tado con la pre­sión y el calor gene­rado al atra­ve­sar la atmós­fera. Inútiles.

Sor­pren­den­te­mente el parto irá de mara­vi­lla y aun­que no se emi­tió en tota­li­dad por peti­ción expresa de la ya ahora madre todos pudi­mos escu­char los pri­me­ros llan­tos de vida que dará el que, ahora sí, es el pri­mer humano extra­te­res­tre. Éxito para la agencia.

O eso qui­sie­ron ven­der. Una vez hubo regre­sado la expe­di­ción de la Misión Embrión los pro­gra­mos de radio y tele­vi­sión se rifa­rán a cual­quiera de los par­ti­ci­pan­tes para una entre­vista o un sim­ple saludo, siendo más nota­bles los esfuer­zos eco­nó­mi­cos que rea­li­za­ron las cade­nas que con­si­guie­ron hablar con todos a la vez ya que la pro­pia NASA tenía muy con­tro­la­das las apa­ri­cio­nes en medios de cual­quier miem­bro del equipo. Al final dio lo mismo pues repe­tían la misma his­to­ria una y otra vez en uno y otro show. El bebé nunca llegó a verse por tele­vi­sión, los perió­di­cos debían soli­ci­tar imá­ge­nes al banco de datos de la NASA y las des­crip­cio­nes de la radio eran vana­les, como toda des­cip­ción de un recién nacido, vaya.

Vivió sus pri­me­ros días en un trans­bor­da­dor, lo muda­ron a una incu­ba­dora espe­cial­mente dise­ñada para la oca­sión y su madre veía a tra­vés de una vitrina cómo otras muje­res con mas­ca­ri­lla y guan­tes cui­da­ban a su hijo y al mismo tiempo impe­dían todo con­tacto entre ellos, nada que no estu­viese esti­pu­lado por con­trato previamente.

Martes, 27 octubre, 2009
ElGekoNegro

La araña de tela de araña

Dicen que un viejo cuenta un viejo cuento que, dicen, habla de una araña tejida con tela de araña, con dos boto­nes de una cha­queta color bur­deos por ojos. Una mucha­cha pálida de nom­bre Eva fue quien, siem­pre según el viejo cuento que cuenta el viejo, se esforzó tanto en con­se­guir unir los hilos de tal forma que la araña de tela de araña tuviese forma de araña.

Una mañana Eva se des­pertó y vio que la araña de tela de araña no estaba en su estan­te­ría. Por­que ni siquiera era su estan­te­ría. La niña no sabía dónde estaba. Miró a un lado y a otro bus­cando algo que le pudiera ser común, pero esa no era su habi­ta­ción. Ni siquiera era su cama ¿dónde había dor­mido? ¿Cómo había lle­gado allí?¿Dónde esta­ban sus cosas? Y lo más impor­tante ¿había per­dido a su que­rida araña?

Se bajó de la cama y no supo qué hacer, la mesa estaba vacía, al lado había un arma­rio enorme… Debajo de la cama no había nada. No sabía si bus­carla o salir de allí.

Si crees que Eva buscó en el arma­rio ve a la página 4.
Si crees que Eva salió de la habi­ta­ción ve a la página 2.

Viernes, 19 junio, 2009
ElGekoNegro

Título

Cuerpo del post.

Visto en:

Jueves, 4 junio, 2009
ElGekoNegro

Lieutenant Bleu

Nunca men­cionó su nom­bre, Azul Fran­cés era su apodo. Le gus­taba el mar, desde pequeño. Nació entre remos y un embar­ca­dero de alguna parte de la costa inglesa en el último ter­cio del siglo XIX. No le resig­naba ni le mal­hu­mo­raba que­darse allí horas, de la salida del sol a su puesta. Cono­ció el mar como pocos lo hicie­ron jamás.

Se enroló muy joven en el ser­vi­cio mili­tar, lógi­ca­mente en la marina pues es en el agua en el medio en el que más cómodo se sen­tía. Tenía 15 años. Sus padres lo vie­ron correcto pues ya era un hom­bre y no podía hacer mucho en casa, su padre le ayudó a comen­zar, era pro­fe­sor de escuela y le enseñó a leer, escri­bir, sumar… su madre, en cam­bio sufrió al ver cómo se mar­chaba de casa tan pronto, dejaba a su her­mana de 7 años sin un defen­sor ni un modelo de refe­ren­cia. La mujer com­pren­dió pronto que eso era lo que real­mente le lle­naba y al fin y al cabo era un buen oficio.

Pro­me­tió escri­bir a casa todas las maña­nas y por supuesto que lo hizo. No tenía vida fuera de los navíos, por esta razón vol­vía a casa a pasar unos días siem­pre que podía, pero aquél niño fue creciendo.

La fre­cuen­cia de sus pos­tas se redujo a una por mes, las visi­tas a una al año, cada vez acep­taba des­ti­nos más leja­nos y peli­gro­sos. Su vida se complicó.

Acos­tum­brado a estar solo y ais­lado en su vida sólo contó con un amigo fiel, Mar­tin Eden, nove­lista cali­for­niano tro­ta­mun­dos con el que coin­ci­dió en tie­rras cana­dien­ses y que solía escri­bir sobre las aven­tu­ras de Bleu, inclu­yendo su muerte.

Las últi­mas noches de Bleu al cargo de su tropa en Indo­china, luchando con­tra los asiá­ti­cos a favor de los fran­ce­ses que dan nom­bre a su mote.

Esa pre­cisa noche se encon­traba allí, iba a ser la última bata­lla y debía alen­tar a sus hom­bres pues morir siem­pre es fácil, en una situa­ción así matar tam­bién es sen­ci­llo, pero has de enmar­carlo, de bus­carle un sen­tido, de caer con honor y hacer ver que no com­ba­tes por nada, al con­tra­rio: eres un héroe y un patriota.

Estaba acu­rru­cado en su tienda, con los ojos cerra­dos adi­vi­nando qué era lo mejor que podía decir, con­cluyó que su pro­pia expe­rien­cia, abul­tada con los años, podría ins­pi­rar a los jóve­nes que levan­ta­rían armas y harían todo lo que dijese. Más aún al ser ape­nas un puñado de siete hom­bres los ingle­ses que le acom­pa­ñan, una fami­lia más que un pequeño pelo­tón de valien­tes. Si tras la bata­lla can­tan vic­to­ria y no son ani­qui­la­dos podrán seguir ade­lante y reunirse con los fran­ce­ses para con­se­guir una ayuda. Y así fue como Mar­tin lo reco­gió en su obra Balada de la sal:

«Sol­da­dos, puede que sea nues­tra última noche jun­tos. Lle­va­mos meses en el mismo barco y lamen­ta­ble­mente hemos visto caer a varios ami­gos y com­pa­ñe­ros nuestros.

Sol­da­dos, he de deci­ros que en estos meses habéis tenido un com­por­ta­miento ejem­plar y ha sido un honor lle­gar con voso­tros hasta aquí. Pero hay un paso más, por­que siem­pre hay un paso más.

Sol­da­dos, ami­gos, ¿sabéis lo que ocu­rrió en Perú?, ¿en Sibe­ria? ¿Cono­céis cómo escapé de Kunu­nu­rra? No, no sabéis nada de mí. No sabéis ni mi nom­bre, ni si tengo fami­lia o me espera alguien en casa, ni siquiera podéis decir si tengo hogar. Sólo mi rango y un color, sol­da­dos. Y no os ha hecho falta más.

Sol­da­dos apelo a vues­tra fe en mí, ya me lo habéis demos­trado en más oca­sio­nes. ¿Por qué lucha­mos? Por vivir, por hege­mo­nía, por nues­tros ami­gos fran­ce­ses, ¡por Inglaterra! ¡Y que Dios salve a la Reina y la acoja en su gloria!

Sol­da­dos, esta noche dare­mos todos ese gran paso, la coro­na­ción, la heroi­ci­dad. Nos encum­bra­re­mos si deja­mos de llo­rar, ¡por­que somos hom­bres bri­tá­ni­cos y mori­re­mos como tal!

Que este cálido desierto verde será quien nos vea pere­cer en la mag­ní­fica tarea de ser los valien­tes que via­ja­ban a Hanói. Lim­piad de vues­tras men­tes la falta de ayuda, cen­trad vues­tros fusi­les en sus almas y olvi­daos de la pie­dad, pues aquí no la conocen.

No ven­drán nunca a res­ca­tar­nos. No ven­drán a bus­car­nos. No ven­drán. No esta­mos a más de tres horas del cielo, pese a que nos rodea seme­jante infierno gris. Año­rad a vues­tras espo­sas, recor­dad el pelo de vues­tros hijos y la comida en el hogar. Mata­réis por esa memo­ria, ese imbo­rra­ble recuerdo fami­liar. La gente se ente­rará de que estu­vi­mos solos, roza­mos la glo­ria. Mori­re­mos con honor. Por la Reina, por Ingla­te­rra, por noso­tros por vues­tros hijos. Por un teniente que no juga­ría si no supiese per­der y que hoy vuelve a ves­tir de azul.»

Visto en: Rel #3.

Jueves, 14 mayo, 2009
ElGekoNegro

Un cuento por San Valentín

Jucika siem­pre tuvo pro­ble­mas con su capa­ci­dad de aten­ción, una gran faena el dis­traerse con faci­li­dad. Lle­vaba sus estu­dios a remol­que, le cos­taba estar al día con todo lo de la facul­tad y ten­día a dejarse olvi­da­das las gafas por los rin­co­nes. Lle­vaba un año en Praga, tiempo sufi­ciente para cono­cer su reco­rrido con pocos des­víos, no como para haber enrai­zado con fuerza.

Como todas las maña­nas cru­zaba el puente de Car­los con su bici­cleta de paseo direc­ción a su casa en la calle Jalov­cová sor­teando turis­tas y músi­cos, el ritmo per­mi­tía dis­fru­tar de la brisa del río Mol­dava y fijarse en los cami­nan­tes, fijarse en sus caras era una mala cos­tum­bre here­dada de un inefi­caz sis­tema que le impe­día con­cen­trarse en el tra­yecto. Los ima­gi­naba hablando den­tro de su cabeza, «Mira ese cal­vo­rota, ja, seguro que va pen­sando “ya es pri­mera pero tengo la cabeza fría”… uy, y aque­lla señora… qué abrigo “¿mucha­cha te ríes de mis viso­nes?”, ja, pues sí. Ey, ¿y aquél?, vaya, sí que tiene una cara guap– ¡OH!» Jucika se frotó los ojos y miró al rede­dor, se había for­mado un corri­llo de gente que miraba con des­apro­ba­ción. Con­ti­núa leyendo…

Sábado, 14 febrero, 2009
ElGekoNegro

Del color del oro

Granos. Eso era todo lo que le preo­cu­paba, sus gra­nos. Más exac­ta­mente la caren­cia de ellos. La tie­rra ya no es lo que era y el cul­tivo no ger­mina como debiera. Ed M. Tea­gar­den no tenía más. Lo más pare­cido a un amigo que con­si­guió en la vida se lla­maba Win­ches­ter y lo heredó de su abuelo.

Tenía su juven­tud, pero con eso no se come en los pri­me­ros sesenta de Arkan­sas. Con trigo sí.

Ese día estaba espe­cial­mente débil, pues aun­que sus bra­zos eran fuer­tes (en parte debido a que día sí día tam­bién paseaba con su Jhon Deere) hacía veinte años de la muerte de su padre y cinco de la de su madre.

No le dolía nin­guna de las dos. Le dolía la incom­pren­sión. Con­ti­núa leyendo…

Lunes, 9 febrero, 2009
ElGekoNegro

Relatos cortos de tintero

En oca­sio­nes al abrir un docu­mento nuevo de texto y redac­tar un post tengo la sen­sa­ción de ser George Pep­pard escri­biendo su novela en Desa­yuno con Dia­man­tes, sus­ti­tu­yendo el whisky y los ciga­rros por Coca-Colas. Es más, me siento como un colum­nista en plan­ti­lla en The New Yor­ker, pen­diente de lo que pasa a su alre­de­dor, desa­yu­nando en anti­guas cafe­te­rías leyendo el Times. Un chas­quido de dedos des­pués des­pierto y veo que mi vecina no es Audrey, que no vivo en un ático de Broo­klyn y que ojear Marca.com dos veces por semana no cuenta como leer un periódico.

Pero me gusta.

Escri­bir unas cuán­tas líneas a dia­rio mejora tu escri­tura, te obli­gas a escri­bir mejor (al menos a inten­tarlo), te fijas en cómo lo hacen los demás, pien­sas qué pue­des adap­tar, qué no te ha gus­tado o direc­ta­mente se te ocu­rren cosas que crees que son inno­va­do­ras. Te tiras a la pis­cina, a veces ter­mi­nas flo­tando y en otras el agua no cubre lo sufi­ciente.

La gente debe­ría escri­bir por ese sim­ple motivo. No una novela, no un artículo para Natio­nal Geo­grap­hic, ni tan siquiera un blog ni un dia­rio per­so­nal para escon­der en la mesi­lla. Escri­bir a secas. Ter­mi­nas desa­rro­llando la ima­gi­na­ción. Esto no viene bien sólo para los pape­les, tinta y pluma, sino para cual­quier cosa. Es cierto que inten­tar hacer lo mismo que otros han hecho puede com­pli­carse si no se sabe cómo, pero es más difí­cil ser el pri­mero en hacer o decir algo y que los demás se suban al carro. Es lo bonito. Puede apli­carse a muchos ámbi­tos, ¿reha­cer los edi­fi­cios de Fos­ter o tra­zar mis pro­pios dise­ños?, ¿con­ti­nuar con el expe­ri­mento según los apun­tes del ante­rior o seguir mis pro­pias ideas y mez­clar las otras dos sus­tan­cias?, ¿limi­tarme a pro­gra­mar lo que me piden o inten­tar ana­li­zar y dise­ñar un sis­tema nove­doso? Hay un fac­tor riesgo casi eró­tico en todo esto.

Yo quiero seguir un poco la senda de George y la gente de la revista de la Gran Man­zana. Comen­zaré a sol­tar rela­tos cor­tos, tal vez sea un fra­caso estre­pi­toso, pero tam­bién es cierto que aun­que haya hecho mis pini­tos soy un novato en esto de escri­bir lo que mi ima­gi­na­ción me dicta. Men­ciono todo esto no por­que nece­site vues­tra apro­ba­ción, sino por­que la refle­xión merece la pena, o eso pienso.

No espe­réis que salga un Pul­tit­zer de aquí. Un Pre­mio Pla­neta, si se da el acaso.

Visto en: my huckle­be­rry tale.

Miércoles, 14 enero, 2009
ElGekoNegro