| Los píxeles del jueves | F.U.C.K. | Por si no os habéis enterado, hoy ha habido una presentación de productos de Apple, la antaño empresa informática que producía ordenadores y hasta hace nada sistemas operativos decentes para ellos. Y he de decir que ha sido de las más graciosas. Para mí la que más. También se debe a que llevo una semana algo más hijo de puta que de costumbre, pero me ha encantado ver a Jobs pausar sus discursos, como bien tenía programado, para que el público aplaudiera y, al ver que aquello no tiraba, retomar disimulando con cara de extrañeza y un «Woops!» su palabrería. Hasta él se ha dado cuenta de que la gente, avispada, miraba con extrañeza ese reproductor Blusens de Carrefour (o DealExtreme) que presentaba como iPod Nano, y que no puede pegarse 10 minutos para hablar de un iPhone sin capacidad de llamar. De verdad que me he reído mucho. Tal vez sea por haberla visto en vivo a traves de una web que han facilitado, de esas estándares que sólo funcionan en Safari. Ah, sí, también han cogido una Play3, le han quitado la capacidad de jugar, la capacidad de almacenar datos, la capacidad de hacer pesas con ella y la han rebajado el precio a una tercera parte. Han mantenido el color, blanco Apple. Y tal. No, es coña, que tengan los huevos de decirme que no hay en el mercado productos que cumplan esas funciones facilmente cuando llevo haciéndolo sin molestias años desde mi consola… Pues eso, ¿quién lo va a aplaudir?
En el apartado del software, aparte de un parche para los móviles, han dicho algo de actualizar iTunes. Más risas. Una red social con nombre de comando de red (que llega un porrón de años tarde o unos pocos menos) que ha servido para que veamos cómo nos intentaba hacer creer que era el fan número uno de Lady Gaga -quien antes de lanzarse al público la aplicación ya contaba con unos falseados 90.000 seguidores y escuchaba a Metallica-, momento en el que el vídeo se cortó, por cierto, un par de veces (eso hace… unas tres millones menos que cuando hace años lo seguí por Applesfera). Una curiosa herramienta que no voy a actualizar en absoluto ya que las asombrosas novedades que trae no me sirven ni para darles por cool. Quieto. Respira.
Pero me mola su logo. Ha sido amor a primera Vista.

Nada más verlo he soltado otra carcajada, porque una cosa es que le manguen a Atari y otra que se lo levanten a la empresa a quienes llevan años criticando por imitarles el estilo. Igual ha sido sólo mi cabeza la que ha visto el parecido (y ha decidido montar ese bonito collage en un programa sin licencia)
No me quedan más palabras amables para hoy. Voy a seguir estudiando, con los cascos en mi nada brand new pero sí bonito mazacote iPod con vídeo al que le sigue fallando la clavija, ese que ya no permiten comprar. Vintage.
Visto en: Apple Special Event Septembre 2010.
Andaba esta mañana afeitándome los huevos cuando, sin a venir a cuento, me entraron ganas de dejar por escrito una de las mayores molestias del ser humano. Así que aprovecho que he dejado un par de vídeos de Top Gear cargando para pasarme por el blog, limpiar un poco, cambiar el agua a los floreros, ventilar y amontonar una nota más. Cómo jode que te llamen para nada, ¿verdad? A mí me pasa más que a ti (casi seguro). Por tanto me molesta más que a ti, que te sale humo por las orejas cuando sucede, a mí me sale por las ojeras, pero no viene al caso.
Las guías de teléfonos de los móviles, el listín para los del siglo XX, vienen ordenadas alfabéticamente. Está bien, todos conocemos el abecedario, es intuitivo, sencillo… un sistema majo. Yo ofrecería la opción de mostrar los contactos, a mayores, por orden de frecuencia, es decir, a quienes más llamas primero, de forma que saldría algo así:
Por si no queda claro el modelo original voy a tirar de Flickr para que, al mismo tiempo que la idea se coja mejor con información gráfica, no tachéis la entrada de sosa o falta de colorido.
Anda que no gana ahora el post. Estoy hecho un figura. Niquelado.
Sigamos. Pero no (para eso ya están las llamadas recientes, que suelen salvar la papeleta), si quiero llamar a mi madre he de abrir la mal llamada agenda y, o bien bajar hasta la M, o bien pulsar el 6 (MNO). Da igual, me conformo. Ahora, esto facilita que yo lidere muchas de estas listas de contactos, curiosamente no la mía, existe una entrada con Aarón, pero aún así, mantengo mi top bien alto.
¿Qué pasa? Pensaréis que soy el contacto que más a mano está en muchos teléfonos de no tantas chicas. Y así es. Y es lo que me saca la vena hostiadora-destrozamuebles que consigue ser calmada por la neurona, que hay personas que no bloquean su teléfono (o no lo hacen bien) y me llaman o me envían mensajes vacíos, en definitiva, me agobian. Porque sucede así, cuando estaba en el instituto me gustaba una chica (bueno, sí, varias, pero una más que el resto) y una noche, de repente, me encuentro con varias decenas de llamadas perdidas suyas. “Hostia, que voy a triunfar”. ¿Qué haces? Llamar. Con tu corazón en un puño y ese puño flotando en un mar de ilusión creyendo que, oh, dulce subnormal, la chica me había llamado por algún fin. Dos segundos después yo me estaba ganando una bronca porque la chica, querer, no quería nada, y llamarme menos. Creída de bonitas curvas. Es muy molesto, de verdad. Hubo una época en la que estas cosas casi pasaron desapercibidas, la de los teléfonos móviles de concha, no hacía falta bloquear, no llamaban sin querer, la panacea. Sin embargo, ahora, con el boom de las pantallas táctiles, esto vuelve a ser un infierno. Las chicas no tienen cuidado, meten el móvil en el bolso tamaño mochila de acampada y a vivir. Hace unos fines de semana sonó el teléfono, de noche, a eso de las cuatro, tú piensas, «ya está, el típico colega hijo de perra de vacaciones que no tiene otro pasatiempo que el de joder al prójimo», pero no, un número de una chica que -efectivamente estaba de fiesta- y había metido el terminal en el bolso. Para rematar la faena, está el tema de que el registro de llamadas salientes no es para nada tan visual como el de entrantes (sobre todo las perdidas), de forma que si como en el instituto, una chica ve una llamada perdida tuya a las cuatro de la mañana sin que ella sepa que previamente ha llamado a este número, va, se ilusiona y pregunta que para qué la has llamado, si te apetece quedar. ¡Ahora! No, no he llamado para nada, has llamado tú, furcia. Y es una discusión entretenida, como cualquiera con una chica, porque está claro desde su altivez, «No, majo, si te hubiera llamado lo sabría». Y tal.
Cuál es la guinda del pastel que el otro día por la radio escuché una promoción de la Campaña Aa de la Cruz Roja que consiste en adherir el prefijo “Aa”, “Avisar a”, a la entrada del listín de quien quieras que notifiquen cuando tengas un accidente, ejemplos: Aa_Funeraria, Aa_Abogado, Aa_Sepultor… Parece que los que no son comerciales temporales de este Movimiento Internacional sino activos salvavidas no son capaces de buscar la M de mamá, que parece lo sensato.
Lo escuchas, lo piensas, te ríes y te compadeces, pobre de aquél cuyo nombre sea modificado en el teléfono de un conocido. Ciertamente lo que buscan está muy bien, una persona interesada y a quien poner al corriente del trágico suceso, expresión muy televisiva ésta, ¿no es cierto?, porque se va a hartar a recibir llamadas que, en este dramático caso, pueden llevar a equívocos de lo más hardcore. Cada dos por tres pensando que tiene que ir al hospital.
Visto en: 660…
Hola, oye, ¿has leído el libro XYZ?
No, ya me espero a que saquen la película.Hola, oye, ¿has visto XYZ?, ya está en el cine.
No, ya me espero a que salga el DIVX por ahí.Hola, oye, ¿has bajado la peli XYZ?, la tengo en un USB.
No, ya espero a bajar la versión en HD y tarda lo suyo.Hola, oye, ¿tienes ya la peli XYZ con extras? Está genial, ¿te paso el enlace?
No, ya me espero a la parodia porno.
Visto en: Sí, le he cogido el gusto a poner lo de tontitos. Llamadme ídem.
Vengo de comentarlo con WhisKiTo en una de estas tardes de cañas y fotos. ¿Cómo haces que una persona ciega y sorda entienda una pagina web? Sí, lo he soltado a lo burro, como me hicieron a mí. Miento, yo contaba con unos antecedentes. Muchas empresas y cualquier corpúsculo de la Administración exige que su página (que suele ser una aplicación web en JAVA con Oracle, que hace que WordPress parezca tan básico como un chupete) cumpla ciertos requisitos de accesibilidad. Es decir, la página debe poderse navegar con cualquier navegador, con cualquier configuración y hasta con una piedra atada a un cable, quitando todo lo bonito (y lo feo), que es en lo que todos pensamos cuando nos hablan de esto en parte debido a la facilidad de tener un espacio en la red hoy en día.
El problema se lo encontró un compañero con la gente ciega, no lo vieron venir (ups), que al rellenar un formulario se encontró con un Captcha (esas caja de texto que insisten en que introduzcas los códigos autogenerados y malamente pintados que aparecen por ahí con el objeto único de saber si tienes o no humanidad, y siempre falla) y esta persona, al ser incapaz de conocer qué palabra se escondía tras la imagen, activó (imagino que de forma automática) el Captcha de voz, un programa que “lee” lo que aparece en la imagen o bien algo completamente diferente, depende de cómo se haya programado. Para los más curiosos, en este sitio web se utilizó JCaptcha y, como nunca se les había planteado el caso, se modificó lo mínimo, esto quiere decir que el sintetizador de voz está en inglés. Llamadme raro, pero parece que no puedes obligar a nadie a que aprenda inglés. De forma que se tuvo que programar una aplicación que leyera «La M con la A, MA» y no “mei”. Un trabajo de enanos ya que lo que hay desarrollado no era compatible (no me enteré muy bien del motivo porque ese proyecto me toca de refilón). Pensaréis que ya es casualidad y mala uva que una persona se encuentre con este problema y encima se queje, que en su derecho está. Pues ojito, que por lo visto llamó otra segunda persona, también invidente, abroncada porque no conseguía finalizar sus gestiones. Paciencia, señora.
Después de este marrón ya nos metieron más miedo en el cuerpo (aunque repito que a mí ni me iba ni me venía) con el caso de una persona que, por el motivo que sea, no fuera capaz ni de ver ni de oír. Una persona que como cualquier otra paga sus impuestos religiosamente y que tiene derecho a disfrutar de las ventajas de este tipo de recursos en línea que algunas comunidades autónomas ofrecen. ¿Qué haces? No estoy metido en el tema, pero da para pensar, ¿cómo se idea, diseña, construye una página que no va a leerse ni en voz baja ni en voz alta? Con una única persona que se queje sobre esto la vamos a tener montada. Porque a ver quién le quita la razón.
Discutidlo con vuestra familia a la hora de la comida, mientras os dejo una pregunta simplona y obligada, ¿alguien que lea este blog de alguna manera que no contemplo? Es decir, si hay algún ciego entre vosotros y necesite de herramientas especiales que reproducen lo que escribo. Si se da el rarísimo caso, que se anime a compartir la experiencia.
Ahí os lo dejo, con la magdalena del desayuno. Yo a las seis arriba. Qué bien se está de vacaciones, ¿verdad?
Visto en: Capture.
Tengo un problema (y van…) con esto de los nombres. Me fijo demasiado. Por ejemplo, hay nombres de chica, que sólo con escucharlos ya pienso «Joder, pues debe estar buena». Así, sin mayores referencias. Un descerebrado de la life. Bipolarizado. Lógicamente, lo mismo al revés, nombres propios que son de “chicas feas”. O gordas. Robustas, quiero decir.
Dentro de esta aparente normalidad, y tal, hay una extrañeza particular que me escuece y consiste solamente en ver cómo hay chicas que tienen nombres de chico. De ejemplo, sobre todo de mujeres ya mayores (que no maduritas), podría poner a Miguela, Josefa, Manuela, Ignacia… También sucede lo contrario, quiero decir, ¿cómo se llama el presidente del Barça de ahora? Sandro. Que es como Sandra pero con pito. Atiza, rey de los zhunos.
De entre todos estos nombres (incluyendo el de Andrea, que tiene como significado “hombre” y aquí se lo ponen a las niñas) el que más me repatea es “el mío”, Adriana. No sé si se trata de la versión afeminada de mi nombre o al contrario, Adrián es la versión macho man de Adriana. Y me da igual, porque Adriana es bastante femenino. Sin embargo, Adriana es un nombre que me recuerda en parte a mí y en parte a una chica la mar de estúpida que se llamaba así.
Comprendedme, no es un nombre común, entonces te la presentan y piensas, coño, que guay, como yo pero en mujer y tal. La verdad es que me gustó, no conocía a nadie, Adrianes sí, a puñados, en un curso de primaria llegamos a coincidir tres en una clase, de hecho conozco a uno que nació el mismo día que yo, nos bautizaron a la vez y todo. Adriana ninguna. Y era mona y en principio simpática, educada al menos, no es que me gustase, simplemente parecía agradable. Y en un primer momento lo fue. Pero sin conocerla de nada ves cómo la chica va defraudando a cada paso, poniéndose en evidencia de las maneras más absurdas y hasta saltando a la comba sobre la línea de la legalidad. Las chicas malas tienen su punto, sí. Como Fiat. Pero… meh. Esta, peor aún, era sosita, tonta, incapaz de soltar cuatro frases seguidas sobre un tema interesante (para el resto de nosotros). Resumiendo. Me decepcionó. No la consideraba digna de llevar ese nombre. Sí, es una tontería, pero te hiere en tu orgullorcito.
Y eso se va quedando ahí, para siempre. Hasta que tienes noticias de otra Adriana. Que no conozco cuán agradable es, pero maja es y está. Y hombre, ya te levanta la… te levanta la moral. Ejem.
Así es, otra de esas historias que dejo por aquí donde chico conoce a chica y chico huye por mil motivos.
Visto en: Adris.
Por costumbre los chicos, cuando dejamos de ser niños y pasamos a ser mal llamados hombres, somos unos amplios conocedores de la mecánica de cualquier coche. Porque nos gustan los coches. Vale, pues no, generalmente no tenemos ni zorra. Pero bueno, ya pagamos a un tío para que sepa, ¿no? El mecánico, digo. Con su mono azul, sus manchas de grasa, su trapito sucio al hombro, esas botas de la cerésima Guerra Mundial, aquél vetusto poster de la playmate del año de la pana, esa sonrisa que dice «Sí, yo empecé en esto con un Escarabajo» y unos ojos que dicen «Sí, voy a cobrarte lo que me apetezca, y me apetece cobrarte mucho». Asistes impotente, escuchando cómo cuenta que no es lo que parece, que aquella cosa que se mueve por debajo, que hace años tu abuelo te mostró y que por lo visto llevan muchos camiones IVECO, aquella otro cosita diminuta que ni es depósito, ni radiador, ni junta de culata, ni cigüeñal, ni pistón, eso que ahora sólo lo llevan los vehículos asiáticos. No sé, aquello, señala, «La máquina dice que es esa pieza».
¿Eso hace que una ventanilla trasera suene de vez en cuando? No. Pero la máquina decía que aquella historia que ni él, ni tú conocías estaba “mal”. Conectas un aparato, esperas un rato, te salen unas luces, “Autodiagnosticator 2000″ murmuras en tu cabeza. «Si quieres te la cambio». Comenta el colega, con pinta de cani, de scooter robada con caracteres chinos para que corra más, no tiene ni idea de qué narices pasa, no le preocupa si quiera cómo se soluciona, el ruido da igual, la máquina dice, la máquina dice, dice la máquina que es lo otro. Sea lo que sea, le pase lo que le pase. «El coche funciona bien», piensas, «Eso te va a dar problemas». “Eso”, dice, no le interesa ni leerlo.
Te vas, indignado. Agradecido por los servicios recibidos. Servicios, como los baños. Te cagas en su estampa.
Ahora, lo entiendes, si para cambiar una bombilla tienes que soltar todo el morro del coche, si cada marca (“casa” en su argot) tiene componentes muy diferenciados entre sí, normal que no entiendan. Y una mierda, recapacitas, un vehículo lleva su motor, que por mucho que cambien, si es de explosión es idéntico a los de hace décadas. Cambiar una pieza, porque lo dice la máquina, “la máquina”. Hay gente, esto es cierto, que cuando sufren un fallo en una pieza del ordenador o llaman a su primo que “sabe algo de informática” o van a la tienda y lo comentan. La diferencia es que si el de la tienda te cambia la fuente de alimentación es un dependiente de BEEP (si existe aún), pero si un mocoso o un mocoso de 35 años quiere cambiarte “eso” porque lo ha decidido una computadora mágica, es un mecánico.
Un mecánico.
Ay, que me parto.
Visto en: Talleres.
De vez en cuando salen noticias que cuentan cómo un departamento o unas oficinas de un gobierno se ha pasado a Ubuntu acompañado de un estudio interesado sobre el ahorro que esto supone en licencias. Luego sale otra noticia diciendo que los diputados tendrán un iPad de gratis y hay quien comienza a vomitar frasecillas sobre software libre y porqué no se utilizan las alternativas de código abierto o, más correctamente, alternativas gratuitas. Otra vez, uno de esos estudios que compara Windows con Linux y Microsoft Office con OpenOffice (o con Google Docs). Bueno, calma.
Una guerra un poco tonta. Cuando te pegas con aplicaciones de y para la administración pública (Junta, Ayuntamiento, Conserjería…) casi a diario y luego ves una soplapollez como la de arriba se te cae el alma a los pies y te preguntas si merece la pena terminar la carrera y continuar desarrollando tu trabajo en la oficina.
Cada vez la gente sabe un poquito más de informática y eso es bueno y malo a la vez, empiezan a dar por válidas afirmaciones que han leído repetidas y creen que abrir los puertos del router para que el eMule les vaya más deprisa es equivalente a haber estudiado Redes. De ahí se pasa a pensar que un sistema operativo actual sirve para cualquier cosa. Y por ende, todo lo que alguien puede hacer en Windows podría llevarse a cabo en un sistema gratuito (que para quien realiza estos informes es la mayor ventaja de según qué Linux). Y ciertamente, si el empleado tiene un ordenador para compartir los PowerPoint de los colegas, ver vídeos de Youtube y jugar al solitario mientras redacta o lee unos documentos de texto, pues sí. Pero es que ahora mismo eso lo puede hacer hasta con una Game Boy si nos ponemos. Sí, nos ahorramos la licencia de XP y de Office y hasta del antivirus. De ahí, no sé muy bien cómo, se extiende a que si junto a esta persona hay 400, nos ahorramos esos centenares de licencias y así se hunde la mala malísima Microsoft (o ahora, Apple). Señores, no es así. Y menos en organismos públicos. Primero, porque si utilizan Windows y Office es porque, en algún momento del día, van a utilizar algo de Windows y de Office, o solamente de Office, pero que no puede extrapolarse. Un ejemplo, Microsft Office Visio. Porque no todo es Excel en esta vida.
Aunque a lo mejor le sorprenda a la gente que detalla con más o menos arte las cifras del posible ahorro, hay muchos funcionarios que dependen de Visio. Para quien no la conozca (que alguno habrá) se trata de una herramienta de creación de diagramas y esquemas que se integra con el resto de herramientas de Office o bien puede mostrarse como un documento aparte. ¿Hay alternativas fuera de Windows? Sí, dentro del mundo Linux de escritorio hay decenas de programas que permiten realizar esta clase de dibujos, para UML, modelos Entidad-Relación, organigramas etc. Ahora, encontrar uno que aúne todas esas funciones y sea compatible (pueda leer, crear y modificar) con los documentos ya existentes de Visio, no. Y esto ya cierra muchas puertas. Yo, dentro de Mac, he encontrado uno que me encanta, más que el propio Visio, que permite hacer algunas cosas más, de una manera más sencilla y encima más bonito. La versión “Pro” de Omnigraffle, que encontrarás en Demonoid, porque como Pro que es, requiere soltar pasta (pero el XML que genera puede ser interpretado por Visio del mismo modo que un fichero de Microsoft se puede visualizar sin problemas en esta aplicación). ¿Qué quiere decir esto? Que pese a que existen alternativas, las que resultan competentes necesitan el apoyo de una fundación (léase Apache, Mozilla o las inyecciones de capital de Google) o no te dejan acceso al código porque ellos también tienen que comer. A propósito de esto he de afirmar que la versión manzanita de Microsoft Office, la 2008, pese a contar con menos cosas, (tampoco hay Project), es la más fácil de usar, agradable y cómoda de todas las que he probado. Por supuesto, mil veces mejor que la 2007.
¿Quiere decir esto que no se puede utilizar un sistema como Linux en la administración? Ni mucho menos, de hecho se utiliza, pero sigamos. Con la gente con la que más he tratado en estos pocos meses ha sido personal informático, generalmente desarrolladores de la Junta de Castilla y León. Y aunque, en efecto, entornos de desarrollo hay para todas las plataformas, los programas que los acompañan no suelen ser así, o, al menos, no suelen ser de libre distribución. Y es que en un post llamado “El software de las administraciones públicas para tontos” digo yo que las personas que trabajan a diario con ello tendrán algo que decir. Un ejemplo simple, podemos instalar Eclipse o Netbeans hasta en una cafetera si nos ponemos, que son gratuitos y libres, pero si tenemos que incluir en el paquete herramientas de Oracle aunque pueda funcionar sobre Linux, ya nos metemos en con el rollo de licencias. Siguen existiendo alternativas, descarto MySQL porque desde hace un tiempo pertenece a Oracle, pero Cassandra (porque Facebook, por mucho que se diga, tiene unos cerebritos de la hostia) o PostgreSQL están ahí, sin embargo se prefiere recurrir a Microsoft SQL Server porque no todo es la nube y las bases de datos orientadas a objeto no terminan de cuajar (que cuando lo hagan igual no flipamos tanto, pero hay que mantenerse a la espera). ¿Qué pasa entonces? Que se sigue con Oracle -asco y muerte- gracias a cositas como TOAD (de mi pueblo, por cierto), ese programa de pago que hace la vida con las bases de datos más llevadera y que, como podréis imaginar, funciona en Windows. Sí, puedes hacer que corra más o menos bien en otro sistema si te machacas, ahora, si te toca darte de codazos con cientos de sistemas prefieres, por tiempo, por comodidad y por estabilidad pagar un puñado de licencias y realizar una instalación sobre Windows del tirón. Sí, palmas más pasta, pero comienzas a trabajar mucho antes y de una forma óptima.
Lógicamente, no entro a valorar historias como la dependencia directa del entorno. Es decir, si dentro de un proyecto se va a desarrollar una aplicación móvil tienes que hacerte con un Mac y bajarte el SDK del iPhone, ir a Google y descargar el SDK de Android y hacer lo propio con Symbian y otros sistemas. Igualmente, si el público objetivo se encuentra dentro de un marco único (como puede ser Windows) o de primeras te piden que se realice para un sistema operativo seguramente no salgas de Microsoft Visual Studio, Xcode o lo que toque porque incluyen herramientas propicias para el entorno tecnológico donde va a implantarse.
¿Qué debemos hacer entonces con Linux? Pues como decía, Linux se utiliza y mucho, pero no de cara al público (ni, por lo visto, de los informes), y se utiliza pagando, ojo. Porque pese a la condición del sistema, al menos en esta comunidad autónoma, se tiende a contratar un mantenimiento, que también es caro. Aquí se coloca un servidor potentorro (que realmente son varios, pero no vamos a complicar más la madeja) con un Red Hat a prueba de bombas en la medida de lo posible que albergará el servidor de aplicaciones, bases de datos, servidor web y un largo etcétera. Y esto es imprescindible. Puede que en lugar de Red Hat sea su hermano CentOS, pero tanto monta.
Voy a ir concluyendo que seguro que tenéis mejores cosas que hacer un sábado por la tarde. No es tan bonito el mundo como lo pintan, y sed sensatos, se intenta ahorrar en todo, si se pudiese ahorrar también en pegatinas brillantes que dicen «This Software is Original» o cosas similares ya lo estarían haciendo. Porque a un concejal de festejos le importa menos esa pegatina que las llantas de aleación de 20 pulgadas con doble protección antibalas del Audi A8 que tiene para trabajar e ir a por los niños después del Carrefour. No hace falta decir que si su secretario puede suprimir las licencias para hacerle el mismo apaño a su A6 ya veríamos crecer las ventas de Audi, coches que, por cierto, no me gustan en absoluto.
Visto en: Documentación.
Atención esos amigos del phising, nuevas aguas sobre las que navegar y echar nuestras redes. Los dominios .co. Efectivamente yo he ido como un niño pequeño a ver si estaba disponible algo como elge.co, co.co, po.co, lo.co, to.co y demás tonterías, luego pasé a elcorteingles.co, y de ahí, a los niños grandes, cajas de ahorros y bancos. Probé con un puñado de dominios del grupo que más se juegan en estos asuntos.
El resultado, decepcionante.

De verdad me quedo con ganas de registrar alguno, de hecho he comenzado el proceso de compra. No sabría chantajear después, dándoles mi dirección de Paypal o una cuenta bancaria (no he leído términos y condiciones, ni idea de hasta qué punto es legal), así que, con el rabo entre las piernas, di marcha atrás. Si preguntáis para qué los quería, es fácil, me siento más seguro si son míos que de un hacker chino (y si me los recompran mejor que mejor). Me parece vergonzoso que esta gente que se gasta millones en seguridad estén siendo los últimos en soltar los 23 euros que me pide GoDaddy por cada nombre.
En fin, otro día más en el que no me hago rico.
Visto en: Límpiate que tienes un mo.co.
Esta noche estoy solo en casa. Quiero decir, puedo hacer lo que me salga del pito. Correcto, puedo hacer pis. Chistaco. Así que fuera de todo juicio y control me he preparado para “cenar” un suculento sándwich (parece que lleva tilde) de Nocilla. Delicioso a la par que infantil. Esto me recordó una bala en la recámara que guardaba para Nada Nuevo, pero viendo que el parón va para largo, suelto el material aquí mientras se baja el episodio número cuatro de la temporada número cuatro de la serie IT Crowd del canal número cuatro británico. Han cantado bingo.

Todos hemos sido críos. Yo más recientemente que vosotros, pero me da igual, el sentido del post se coge de cualquier modo. Digo esto porque sin duda recordaréis uno de los helados más carismáticos de nuestra infancia, para mí el que más junto con el Frigopie, el helado de la extinta Miko (cuya historia curiosa os recomiendo leer por encima) con forma de lápiz al cual bautizaron con el rocambolesco nombre de Mikolápiz. Un helado como cualquier otro de vainilla con chocolate salvo por un simpático detalle que recordamos con cariño en estos tiempos de crisis, este helado salía gratis.
Imagino que todos o casi todos habréis oído la que se ha liado con Toshiba, que ha decido tirar por la borda su imagen como empresa seria saliendo en los medios de todo el mundo, debido a su reticencia a cumplir lo que parece que prometió, devolver el dinero a los usuarios que compraron unos productos determinados en caso de que España ganara el Mundial 2010. Pues si hablar del precio de un televisor entra dentro de un campeonato del mundo, que te regalen un helado es tercera regional.
Cuando Nestlé no controlaba la firma (como ahora, tal y como se ve en la imagen) con un Mikolápiz tenías para todo el verano. Era la leche. Comprabas uno cuando empezaba a hacer calor, esa misma pieza tenía premio y automáticamente te daban otro que volvía a estar premiado. El paraíso. Un bucle infinito que no paraba de regalarte un helado en cada iteración. Genial. Sin cupones, sin códigos de barra, sin notarios, nada. Un palito, y a correr a por otro. Así de abril a septiembre. Creo que era una estrategia de ahorro de costes de la empresa. Fabricar los canutos de papel es económico, con excedentes de Colhogar vas que chutas, pero la viga principal del invento, de plastiquete, ya sube unos céntimos. Solución, reutilizar las piezas, ¿cómo las recogen? Haz que los chicos vayan de nuevo a dejarlas. ¿Dónde está la ganancia? Eso, queridos lectores, lo respondéis vosotros en los comentarios.
Visto en: Typical Veranish.
Madre mía, qué entradas más raras escribe este niño. Sí, pero antes de que la abuela fume os explico un poco el tema. Ha sido una tarde amena, pero rara. En principio sólo tenía que pasarme por El Corte Inglés a recoger tres entradas para un concierto y comida para Mus. Fui con un amigo y terminamos hablando de tías, persiguiendo una moto que nos llevó hasta un Media Markt (cuando pensábamos que nos habíamos perdido), hablando de tías, jugando con un iPad, hablando de tías, viendo el frigo SMEG de mi “yo del futuro”, hablando de tías, dando unos toques al Jabulani en una tienda de deportes, hablando de tías, viendo vinilos de The Who para mi “yo de ahora”, hablando de tías, cenando en la descubierta y desamparada terraza de un MacDonald’s donde soplaba un viento considerable y hablando de féminas. Por no repetir tanto.
Lo que veis en la imagen, (que he sacado de Flickr y es la típica foto hecha con un móvil, no sabes para qué, pero de rebote te ilustra un post), es una hamburguesa CBO, siglas de Carlos, Bruno y Óscar; Culo, Boobs y Ombligo; Chicas Borrachas Orinando; o, si me apuras, Chicken, Bacon y O… de cebolla, que rima bien con gallinula. Está buena. Pero es carilla. Yo me pedí una. «Perdona, me pones [y podría dejar la frase ahí] una cebeó, gracias». Porque entre «Y así estamos, tío» y «pues no sé, ¿y tú qué tal con esta?» había que comer algo. Pese a lo que digan los publicistas, los hombres podemos hacer varias cosas a la vez, pisar un pedal y mover una palanca mientras damos un intermitente y controlamos el retrovisor con el rabazo del ojo (porque mi ojo tiene rabo y es enorme) o charlar mientras se nos ocurre un post basado en un pieza de comida rápida, ampliamente consumida en Delaware. Cuánta referencia interna hay hoy, sólo falta AdSense.
Si alguna vez “me voy de putas” -cosa con la que no cuento, la verdad- será con una escort. Como el coche Ford. De las que se duchan, vamos, y en champán nada menos. En todo hay grados, son profesionales del sexo que viven muy bien de ello porque sus precios son realmente caros en comparación con los números que se mueven en los arcenes de nuestras carreteras, o eso tengo entendido. De hecho parece que se cobra por tiempo y no por servicio. Y con esta hamburguesa, que me trae simpatiquísimos y dulces recuerdos, sucede algo similar. Estoy convencido de que, por el precio de una noche con una chica que no se anuncia en un periódico y trabaja para una agencia puedes contratar a varias personas que lamentablemente -es un tema turbio y sobre el que me cuesta frivolizar- tienen que recurrir a este mundo, engañadas o como fuera. Porque joder, sí, es mucho más caro, pero sería educada y agradable. Hasta podrías hablar con ella sin sentirte incómodo. Yo, que para esto soy un calzonazos, paso medio rato con una chica así y ya caigo a sus pies para los restos. Pese a todo. Creo que me explico. En un MacDonald’s puedes coger una hamburguesa de un euro, por el precio de una CBO te da para varias, pero… “meh”. No tienen ese sabor, ni esa textura, ni ese pan. Te quitan el hambre, sí. ¿Te dejan satisfecho?, a mí no. De la misma forma que una puta “estándar” no me atraería en absoluto.
Y este era el post. Diría que la idea ha quedado clara. Sí, es sábado por la noche, debería estar por ahí, disfrutando el fin de semana y hablando con y de tías, pero… meh.
Visto en: Parapá-papaaaa…