| Nos vemos en 7 días | F.U.C.K. | Por si no os habéis enterado, hoy ha habido una presentación de productos de Apple, la antaño empresa informática que producía ordenadores y hasta hace nada sistemas operativos decentes para ellos. Y he de decir que ha sido de las más graciosas. Para mí la que más. También se debe a que llevo una semana algo más hijo de puta que de costumbre, pero me ha encantado ver a Jobs pausar sus discursos, como bien tenía programado, para que el público aplaudiera y, al ver que aquello no tiraba, retomar disimulando con cara de extrañeza y un «Woops!» su palabrería. Hasta él se ha dado cuenta de que la gente, avispada, miraba con extrañeza ese reproductor Blusens de Carrefour (o DealExtreme) que presentaba como iPod Nano, y que no puede pegarse 10 minutos para hablar de un iPhone sin capacidad de llamar. De verdad que me he reído mucho. Tal vez sea por haberla visto en vivo a traves de una web que han facilitado, de esas estándares que sólo funcionan en Safari. Ah, sí, también han cogido una Play3, le han quitado la capacidad de jugar, la capacidad de almacenar datos, la capacidad de hacer pesas con ella y la han rebajado el precio a una tercera parte. Han mantenido el color, blanco Apple. Y tal. No, es coña, que tengan los huevos de decirme que no hay en el mercado productos que cumplan esas funciones facilmente cuando llevo haciéndolo sin molestias años desde mi consola… Pues eso, ¿quién lo va a aplaudir?
En el apartado del software, aparte de un parche para los móviles, han dicho algo de actualizar iTunes. Más risas. Una red social con nombre de comando de red (que llega un porrón de años tarde o unos pocos menos) que ha servido para que veamos cómo nos intentaba hacer creer que era el fan número uno de Lady Gaga -quien antes de lanzarse al público la aplicación ya contaba con unos falseados 90.000 seguidores y escuchaba a Metallica-, momento en el que el vídeo se cortó, por cierto, un par de veces (eso hace… unas tres millones menos que cuando hace años lo seguí por Applesfera). Una curiosa herramienta que no voy a actualizar en absoluto ya que las asombrosas novedades que trae no me sirven ni para darles por cool. Quieto. Respira.
Pero me mola su logo. Ha sido amor a primera Vista.

Nada más verlo he soltado otra carcajada, porque una cosa es que le manguen a Atari y otra que se lo levanten a la empresa a quienes llevan años criticando por imitarles el estilo. Igual ha sido sólo mi cabeza la que ha visto el parecido (y ha decidido montar ese bonito collage en un programa sin licencia)
No me quedan más palabras amables para hoy. Voy a seguir estudiando, con los cascos en mi nada brand new pero sí bonito mazacote iPod con vídeo al que le sigue fallando la clavija, ese que ya no permiten comprar. Vintage.
Visto en: Apple Special Event Septembre 2010.
He tenido un día muy activo en lo que se refiere a la música. Ha sido un día perro, y tiraban más la improvisación y la curiosidad que los apuntes. Cuando veo una disputa de Mac contra cualquier otra plataforma suele ser del tipo «Por ese precio puedo montarme un ordenador mucho más potente». Y ciertamente, seguramente sea así, incluso con las mismas pijadas a nivel de hardware, pero se olvidan de las herramientas que incluye preinstaladas (y, además, con DVD por si formateas, no en una partición escondida). Son cosas que uno ve con el tiempo y con el uso, que cuando ojea algo de iLife suele quedarse con las iTontadas: fotos, música, vídeo… Pero hay una joya, brillante y pulida, que aún hoy me sigue pareciendo mentira que entre de regalo con un ordenador, GarageBand. Lamentablemente es una aplicación un poco olvidada de cara al marketing, pero es la más impresionante. Es el típico programa que si hicieran para Windows costaría 250€ la licencia, si lo hiciesen para Mac sería un 20% más y que en Linux ya existiría pero nadie utilizaría o se estaría desarrollando un clon con algunas restricciones. Que son tonterías, pero si en Microsoft empiezan a moverse un poco y agrandan la leyenda de Lucas de Groot y sus magníficas tipografías a mí ya me llamaría un poco más la atención. Es un punto interesante.

GarageBand es un programa como la copa de un pino. Y seguro que el grueso de los usuarios de OS X ha destinado más tiempo a buscar un serial para Photoshop que para curiosear con él. A todo el mundo le gusta la música, y viajar, y todos escuchan un poco de todo. Y a lo mejor no han salido de su provincia, pero les gusta viajar. Pues a lo mejor nunca han tocado un instrumento, pero les gusta la música. Esto es así.
Comenté que había estado echando el ojo a un par de guitarras de Gibson aunque ahora mismo, de comprar o mirar seriamente alguna, sería una réplica de una Les Paul. Después, por supuesto, de adquirir un bajo (porque no me dejan tener una batería en casa). En mi casa del futuro de los sueños tendré, aparte de la 404, una habitación insonorizada donde hacer gritar y disfrutar a mis ligues y donde almacenar y disfrutar todos los trastos sonoros. Desde el vetusto 4001 hasta un Steinway & Sons pasando por unos cuantos amplis de Marshall y, por supuesto, un Hammond. Esto es lo que fomenta GarageBand. Gracias, en parte, a sus gratuitas clases del majete de Tim Blane (cuya voz es doblada por dos hombres diferentes) que aclara punto por punto lo más básico del piano y la guitarra. Una puta maravilla. Hay cosas que me han parecido excesivamente básicas, imagino que debido a los cuatro años de solfeo. Pero, por ejemplo, aprender a leer tablaturas en dos minutos y poder acceder a los vídeos y explicaciones de forma tan sencilla vuelvo a repetir que me parece una auténtica joya desaprovechada. La tienda de lecciones donde aparecen famosillos explicando cómo interpretar sus temas ya me parece una sobrada innecesaria, pero se perdona. Y después de esta amplia introducción, al tema.

Los viejos rockeros del lugar sabrán qué es un órgano Hammond, siendo más correcto, qué era. No se trata de un teclado al uso como pueden ser los fabricados por empresas como Roland o Korg ni un Melotrón, estos curiosos instrumentos transportaban la sonoridad de un órgano de tubos (de iglesia) a un escenario de forma electrónica gracias al electromagnetismo. El artículo de la Wikipedia castellana aclara bastantes dudas. Su sonido es fácilmente reconocible (al menos cuando llevas 21 años escuchando uno) y es que ha sido ampliamente utilizado en el Rock progresivo, estoy convencido de que Ponzonha conoce estas cosas ya que también se declaró fan de Rick Wakeman. Hace unas semanas me empeciné en buscar algún emulador (o lo que fuese) de órgano Hammond para Mac, y la verdad es que en la página de Apple encontré una solución muy completa que resultó ser una demo y que, además, me venía muy grande. Se integra con GrageBand pero parece estar más enfocada a un mundo todavía más profesional como es Logic Pro, y eso es para nenes grandes.
Casualidades de la vida pasé por alto lo más obvio, los instrumentos ya incluidos en GarageBand (más los que puedes descargar por la patilla, o añadir desde el DVD de instalación si no eres tan vago y prefieres levantarte de la mesa). Aquí basta con crear un proyecto nuevo, especificar que se trata de “Keyboard collection”, y escoger Classic Rock Organ. Tras este delator nombre se esconde un fiel y acogedor emulador de órganos Hammond. Si queréis ver cómo suena es el que utilicé para el comienzo de la Toccata de Bach que se escucha en el segundo corte del trigésimo episodio de Nada Nuevo. Todo hay que decirlo, gracias a la partitura rápida que me sacó Aloisius quien me transcribió directamente las notas a teclas del teclado del portátil. Le debo una lista de Spotify con canciones de éste genero de la familia del Rock que no supere las dos horas (y estará hasta las trancas de Emerson, Lake and Palmer). Para tontear con el ambiente setentero, tan propicio por estas fechas, ¿verdad?, nunca viene mal tener un imitamonas de Hammond a mano. A dos clics.

Vamos a completar el trío, que vengan a la cama la rubia y la morena. Para Windows he encontrado un emulador directamente de Hammond, como sabéis, mi segundo sistema es un Ubuntu así que con este he trasteado poco (en una máquina virtual). A mí me resulta complejo porque el invento, Efthimia Electronic Organ (un plugin gratuito para un programa que está de oferta en eMule), imita en todo al bicharraco en sí, y una cosa es tener un teclado que suena de una manera o de otra dependiendo de si has escogido un invento de una lista u otro, y otra cosa diferente es que puedas controlar cada parámetro del juguete. No lo toqué mucho, como el chorro de bytes que descargué de la página de Apple. Demasiado pro.
Aquí tuve más tiempo y ganas para probar. Pero mi gozo en un pozo, muchos de los que encontré requerían que conectase un teclado MIDI real para poder hacer algo (y no dispongo de ninguno, sólo curioseo) y el que no pedía esto se limitaba a ejecutarse mediante Wine, y para eso ejecuté el de VST como hice en Windows, que al menos ya lo conocía, vi que funcionaba (a la primera además) y cuando me aburrí lo quité porque, igual que antes, no sabía sacarle partido.
Y con esto os dejo, como siempre, cualquier duda se soluciona con un comentario al canto. Voy a ver si termino de conectar la armónica al portátil con un cable aire-USB y lo saco por el MiniDisplayPort enchufado al adaptador HDMI y me escucho por la tele. El nuevo Dylan. Modern Times.
Visto en: Aquellos siempre maravillosos 70… que vuelven con ceros y unos.
Me he dado una vuelta por varios blogs musicales como de costumbre y he visto que se habla mucho de un crío canadiense que se llama Justin. Así… de primeras… ni flowers. No sé si alguno (a lo mejor alguna) ha oído hablar de él ahí fuera, ahora dicen que si se ha liado con una tía que sólo se dedica a estar buena (sin profesión conocida, pero con amenazas de muerte y todo) o que ha hecho el ridículo en Nueva Zelanda. Porque para él This is America, aunque sea canadiense. Su single (no sé si único) es uno de los quince vídeos más vistos de YouTube. Confieso que me lo he tragado para tener algo de lo que hablar y porque la Wikipedia lo presentaba como un éxito internacional, y escucha, que a lo mejor para esta gente internacional significa realmente más allá del Mississipi.

El crío tiene 16 añitos, y he de confesar que me aterrorizan toda esta gente que ha nacido más allá de 1990 y mucho más los que son de este siglo. ¿En serio hay gente tan joven? Me asustan. Y la canción es música de negros, ¿de Hendrix? no, ¿del de Thin Lizzy? tampoco, pues del de Bloc Party, ni eso. Es música de negros, pero de los chungos, de los de agarrarse los bolsillos de los pantalones desde fuera, ponerse de puntillas en unas Vans (sin patín ni nada) y girar la cara como si fuera un gesto aterradoramente tierno. Vamos, que prefiero el crío saliendo del dentista con la droga en el organismo. Pero lo está petando. Imagino que es la versión con pito de Hannah Montana, que sale con Metallica o algo así en el Rock in Rio, si alguien encuentra lo de rock que me avise, porfi. Sin juegos, sin programa de televisión y sin dientes enormes, pero una Hannah con pito. No me he leído mucho la historia del imberbe este, la verdad, no sé si es un producto de Disney o “se dedica” a esto por su cuenta y riesgo. Sólo os advierto que cuando esto aterrice en España (si no lo ha hecho, que estoy verde) nos hartaremos de ver críos con el pelo mofeta y su careto en las carpetas, fondos de pantalla de móviles y reportajes de televisión donde se ve a una madre haciendo cola con su hija durante días. Carguen, apunten, fuego.
Sólo la entrada dedicada a la canción de este niñato (al que no conozco pero ya aborrezco) ocupa más que la de Les Luthiers, con décadas de historias y anécdotas. Si yo fuese Mastropiero le reventaba a hostias. Que aprenda qué es el negocio de la música.
Visto en: Ontario.
Anoche me quedé saltando de vídeo en vídeo y de una página de la Wikipedia a otra. Siempre he sido un enamorado de las Les Paul, pero se ha cruzado en mi camino la ES 175 (o la más moderna ES 137), el consultor me dijo que tirase por una Epiphone Les Paul. Pero no he venido a contaros eso, que se explicará en su propia entrada (por eso aquí no enlazo nada, que os despistáis), sino que quiero hablar de un personaje, español, que me ha venido a la cabeza con todo este asunto, el español que, fuera de España (o al menos fuera de su casa), aparece tocando una guitarra española. Basta ya, hippies.

Esta foto manipulada (que previamente he robado de Tuenti) muestra no ya a uno solamente, sino a dos. Parió la abuela. Son unos personajes la mar y la tierra de extraños. Porque los hay de dos colores, azules o rojos (como en la política), unos son más bien conservadores y otros más bien “progres” (como en la política). Estos, por el perfil de donde los he sacado, deberían ser de los segundos, pero a saber, igual son de los que prefieren canciones de comunión y agrupaciones scout (de mierda), perroflautismo bien vestido. Los otros son un poco más curiosotes, sobretodo por su escaso y vergonzoso abanico de temas (que no repertorio) que van desde Extremoduro a dos acordes que insisten en decir que son de una canción de Amaral. Son así de molones, cantan canciones españolas, a veces hasta aflamencadas,en una guitarra española aunque sus ideas políticas se ericen al nombrar “este país”. Que a mí me la suda, llevo una temporada de pasotismo enfermizo, pero me llama la atención.
Y en fin, que estos Paul Simon de la vida enseguida se juntan con Garfunkels y forman un corro de la patata. Y ligan. Yo no sé tocar la guitarra, pero estoy al tanto de que aprenderse cuatro cositas básicas es fácil y permite hacerse el entendido en un pispas, es un instrumento muy agradecido. A las tías les molan los imitadores de Pereza. No lo entiendo, consiguen que la clave de Sol amanezca nublada. Deleznables aspirantes a Clapton que no se merecen ni el primer clap.
Al próximo que vea, en una playa, en un prado, en un autobús, en un albergue, donde sea, le meteré la guitarrita por el recto hasta que consiga hacer sonar sus cuerdas cuando caga, y que saque sonido. Una de José Manuel Soto, para que suene igual.
Visto en: Otro colectivo que se me echará encima. Y van…
Aunque por aquí se comente poco o nada en el mundo musical serio internacional hay una pequeña movida entre Pink Floyd y EMI debido a la descarga individual de canciones. La bronca la seguí mediante la Rolling Stone, que ahora está caída por reformas así que soy incapaz de enlazar los artículos originales, pero en el New York Times también comentaron la jugada. Lo que ocurrió, básicamente, es que el grupo se niega a vender sus canciones sueltas, para incluirlas en un Guitar Hero, por ejemplo, sacarlas en un intermedio de televisión y conseguirlas con unos mensajes de móvil o colgarlas en Spotify (aunque ahora mismo pueden descargarse una a una desde iTunes Store, a ver cuánto dura).

Esto en principio parece una rabieta de viejas glorias que reniegan del actual modelo de negocio válido y legal de distribución de música, esto es, comprar canciones a granel en las tiendas que afloran con más o menos suerte a través de los prados de internet. Yo creo que habría que preguntar a Roger Waters y Dave Gilmour si esto es así (porque está claro que Nick Mason pasa del tema y tanto el siempre creativo Wright como Barrett están ausentes) y prefieren dejar de ganar unos peniques o si es una postura basada en unos principios sólidos. Y me parece que, en efecto, lo es.
Me explico, ahora mismo un tema es un producto de por sí, se le dedica mucho esfuerzo (en tiempo y dinero) a que venda y suene lo máximo posible, que sea un hit inmediato. Ese tema, nada más. Y parece una estrategia efectiva si miramos el ejemplo de mi archienemiga Lady Gaga, sus canciones se encuentran recogidas en sólo dos álbumes, pero sus singles van saliendo independientemente los unos de los otros, así, Poker Face es de un disco y Bad Romance de otro, sin embargo se lanzan sin distinción porque entre sí no hay mucha relación, ni tampoco entre las canciones con las que comparten caja. Esto es inconcebible en el rock (aunque ya no tanto), y sería imperdonable para Pink Floyd. Me explico. Esta gente no vive ni vivía de la radio o de la MTV y sus álbumes forman una entidad en sí mismos, tanto que en muchas ocasiones el final de un tema enlazaba con el comienzo del anterior, esto es, si te bajas un disco suyo y los metadatos son erróneos o no se incorpora información del orden de los temas no vas a disfrutarlo en condiciones. Esto no pasa con las shakiras ni los bisbales. Se ha pasado de grabar del tirón en un estudio en la montaña a hacer vendible y exitosa cada una de las piezas del álbum (que en su mayoría se distribuirán independientemente para las pistas de baile o platós de Callejeros). Ya no se hacen discos porque ya no se venden discos, o no se venden porque no se hacen.
Esta mentalidad de unidad entre canciones es fácilmente identificable con los del Lado Oculto de la Luna (sobretodo en sus trabajos más iniciales, psicodélicos y desconocidos), pero lógicamente otros grupos menos mainstream que ellos lo entendían igual, «Tal disco es más crudo que el anterior, lo grabamos en una granja pero lo montamos en unos estudios de Nueva York porque no disponíamos de no sé qué máquina y por eso suenan dos Hammond diferentes» u otras idas de olla semejantes que terminaban en un vinilo. Sobra decir que yo me he criado con estas cositas y no termino de encajar en la filosofía individualista del MP3, esos cuya capacidad te la venden alegremente en canciones como si fuese una unidad de medida del SI. Entonces cuando me recomiendan una canción se me hace raro que sea sólo una canción y termino dando una oportunidad a todo el álbum, creyendo firmemente que forman una entidad con un sentido propio que solía identificarse con las diferentes portadas (y el resto del trabajo creativo como flyers y carteles de conciertos) aunque ahora, al igual que antes, se sacaran varios LP’s con pocas canciones donde un single era el tema principal. Una oferta 2×1 en eMule.
Supongo que son dos maneras de entender este mercado; la carca y la de las gafas de colores chillones. Menos mal que tengo el yusformén, que casi os hago creer que soy de los primeros.
Visto en: Rolling Stone.
I’m the hero of the story,
don’t need to be saved.
Hero, Regina Spektor.
Visto en: (500) Days of Summer OST.
As I was goin’ over the Cork and Kerry mountains
I saw Captain Farrell, his money he was countin’
I first produced me pistol and I then produced me rapier
Visto en: Whiskey in the jar (The Dubliners, Thin Lizzy, Metallica…)
Dice la canción que hay que ir al Sur. Y no seré yo quien lo desmienta, pues cada vez que se me ocurre dejar volar mis manos sobre el teclado pensando en la mitad meridional española terminan apareciendo los GEOs de internet y me boicotean el tenderete. No quiero tampoco dejarlo de lado porque voy a hablar, damos y caballeras, de la conocida canción de la protagonista de Aló, Raffaella.
El mayor alegato a favor de la promiscuidad jamás gritado. Se te pasa por la cabeza hacer un tema así hoy en día y te cortan las pelotas por fomentar el embarazo adolescente como poco.
Como digo, dejando a un lado el problema del dónde (está claro que si vas muy arriba vas a mojar poco, ahí está el problema vasco), quiero subrayar otros puntos mencionados en la letra que creo que todos conocemos y hemos coreado en alguna ocasión.
Ahora, lo que más me divierte de semejante temazo (además del magnífico videoclip con una estrambótica coreografía que ya quisieran en Cuatro y un simpatiquísimo pelirrojo), es que lo pinchan en todas las bodas. Sí, musicalmente pega para estos festejos cual Paquito el Chocolatero, pero una vez examinado el mensaje… no cuela. Dos personas se prometen amor eterno a los ojos de Dios y del Registro (o sólo a los ojos de un concejal, me la sopla cómo se casen) y al rato se encuentran cantando, animados, (aún en la cabeza de los suegros y los padres la imagen de una casadera virgen y pura), que esto de estar sólo con una persona y durante tantísimo tiempo… mira, que no. Que la niña se va a por dos cubatas, que ya han pagado la barra libre, y ese camarero tiene unos brazos que le comía todo el badajo.
Y nadie dice nada.
Así que niñas, ya sabéis, el ser más puerca que vuestras compañeras no sólo os hace mejores y más apetecibles a los ojos de Kevin, os hará líderes de un movimiento sexualmente revolucionario. Aprovechad, que si no a los niñitos les expló, expló, explota, les expló, los huevos.
Visto en: From the seventies with love, pero que mucho love.
Hay una duda que me corroe desde hace mucho tiempo y la comparto con vosotros como regalo del Día de Reyes. Antes incluso de que en Flickr colgaran el cartelito que reza “De Yahoo!”. Antes de que Loizaga se intentara reinventar en una diluida y aguada versión burda de Warhol con nulo éxito (pensé que ya ni estaba en internet cuando de repente, zas). Antes de que Enrique del Pozo se hiciera su primera gayola. ¿Cuántos calificativos despectivos encajan con Alejandro Sanz? No hay Dios que lo soporte, amiga mía.
Desde mi colorista y caleidoscópica visión, muchos.
Por 0,15 céntimos de AdSense, calificativos despectivos que encajen con la persona de Alejandro Sanz, como por ejemplo, “Engreído”. Un, dos, tres, responda otra vez.
Visto en: Un Lagarto Abuhardillado, arremetiendo con casi todo sin motivo since 2006.
Mi relación con Pereza es bastante peculiar. Cuando tenía 15 años me encantaban, curiosamente a mí y poca gente más. Ahora es la gente que antes los rechazaba quienes los escuchan. Loco mundo éste, amigos. Pero es comprensible porque del primer disco a ahora ha cambiado mucho el cuento. Como dice el título yo conocí al grupo Pereza cuando eran tres muchachos, los dos de ahora y un batería que abandonó el barco tan pronto como empezaron a tener algo de nombre y un segundo álbum entre manos, el boom.
Recuerdo perfectamente cuando los conocí. En una ventanita de MSN. Un amigo pensó que podría gustarme por ser el sonido algo sucio que conseguían y me pasó una canción a través de la triste función de enviar y recibir ficheros que incluía (y supongo que incluye) el conocido Messenger. Después de esa canción vinieron algunas más (incluyendo una canción rara sobre la Bruja Avería), todo en una época en la que yo no tenía banda ancha, imaginad el espectáculo. Esas canciones formaron parte de mi radio personalizada del magnífico GTA Vice City.

Incluía grandes éxitos que, debido al ambiente remember del post no voy a enlazar a Spotify sino a Youtube para recordar estas cancioncillas del disco que llamaron Pereza, ¡sorpresa!, Perdona mona («Te estás haciendo el tipo duuuro», «Perdona monada que te deje colgada»), Serás aún la misma, Pompa de jabón («Cambio hooooras de realidad por minutos de ensoñaciones», «Me persiguen los tiburones»), ¿Tú qué tal? («Y están echando TIburón 2… y algún euqipo marca un goooool… vuelve la hora de caaaalooooor», «Dicen que estaba cantado… y yo digo lalalá»), ¡Ay! («Que estamos como para irnos de fiesta», «Metidos en el baño de señoras», «Que me he quedao más solo que la una… que quise tener dos y no tengo ninguuuuuna») y finalmente un videoclip para mostrar a estos tres chavales en plena juventud y que deja ver que Rubén venía de un grupo que versionaba a Led Zeppelin. Lástima que no permita empotrarlo en la web. Os adelanto que el click merece la pena porque visten normal, ¡doble sorpresa!
Tenía que pasar que el grupo se hiciese un nombre y, como dije, el batería (un desconocido “Tuli” que aportaba algo más de ritmo) abandonase. Ya sonaban en los 40 y radios semejantes así que la gente que anteriormente había rechazado a este grupo me decía que a ver si los conocía. ¡Mundo loco, loco, LOCOOO!
Sin duda es aquí cuando el grupo pega el estirón y se colocan esos pendientes de aro tamaño gigante y comienzan a ponerse pantalones de niña mientras que muerden la tentadora manzana del Pop. El disco era bueno (dicen los críticos que mejor, pero qué cojones, ¿qué sabrán ellos?) con canciones más trabajadas que el primero pero sin ese Rock fresco y absurdamente magnético del anterior. Aquí ya no voy a enlazar porque creo que todos conocemos Pienso en aquella tarde, En donde estés, La Noria o la misma Si quieres bailamos.
Ahora bien, llegó Animales y esto ya fue la leche. Aquí sí que los críticos (que insisto, no les hagáis nunca ni puto caso) afirman que es su mejor trabajo, muy cuidado, muy elaborado muy… Una mierda. De éste álbum salvo dos temas, Caramelo («No me quieres ver ni en broma, en broma te digo quiéreme») y Qué alegría más tonta («Que vivan los idiotas, que nos hacen reír»), una delicia que vayan de la mano en el tracklist. Siguiendo el orden natural de publicación de sus discos he de confesar que Aproximaciones lo he escuchado, aproximadamente (qué bien traído), media vez. No pude con él, no pude con esa languidez heredada de Animales. No lo terminé. Si en Animales la esencia rockanrolera estaba más que descafeinada aquí no la encuentra ni Grissom. No pasa nada, el Rock and Roll no cuaja en España demasiado bien.
Hace semanas, en la terraza de un bar, divagando sobre la vida amorosa (de otros) me encontré escuchando su single Violento Amor y no me pareció malo, lánguido, pero bueno. Muy poco tiempo después, y ahora es cuando os reís, vino un crítico de los que nunca hay que hacer caso y sentenció que el álbum no es tan malo como se espera, «Un digno número 1 de ventas, aunque los ‘charts’ ya no sirvan para nada porque, como todos sabemos, no se venden discos.» y yo ya me quedé intrigado. Ante la duda, está claro, la más tetuda, pero el de los romances era otro, así que decidí escucharlo a ver qué tal y mi sorpresa fue mayúscula al ver que las dos colaboraciones con las que cuenta son, ni más ni menos, que la mitad buena de Los Rodríguez. Amigo, así cualquiera. Andrelo, pese a estar de capa caída, levanta cualquier tema y Ariel, afortunadamente, ya no tiene que decir nada para hacer de una canción una buena canción.
Y, en efecto, el disco no es malo. Le falta chicha, por descontado, pero para dejarlo de fondo me parece perfecto. Gracias, Argentina. Mundo loco.
Visto en: Para un viernes un poco de historia ligera no está mal, ¿eh?