• Hola ¿has publicado ya este tema para que lo descarguemos y probemos? Gracias

Ajedrez

ElGekoNegro | Jueves, 12 abril 2012, 3:22

Es curioso, me he pasado un buen rato bus­cando un post que ya creía haber publi­cado (casi seguro) en el que pen­saba que había hecho una refe­ren­cia al aje­drez, pero nada de nada. En fin, allá voy. Uno de los pri­me­ros recuer­dos que tengo de mi vida es el de mi padre rega­lán­dome un tablero (ple­ga­ble) y pie­zas con las que jugar a aje­drez. Aún tengo ese tablero y de las pie­zas me falta uno de los dimi­nu­tos peo­nes. No sé cuán­tos años ten­dría pero lo recuerdo todo bas­tante bien, cómo me expli­caba el movi­miento de cada una de las figu­ri­tas. Todo muy tierno, ciertamente.

Knight and friends, p_rocket71, Flickr

El aje­drez es el único deporte en el que he estado fede­rado, cosa muy fugaz, ape­nas tres sema­nas. Asistí a dos char­las (de gente abu­rri­dí­sima) y nunca com­petí en nada ofi­cial. Sí que par­ti­cipé en tor­nei­llos esco­la­res (siendo mi mejor marca un ter­cer puesto que no tenía pre­mio alguno). Todo fue muy de seguido, unos meses mien­tras cur­saba Segundo de ESO. Era un rena­cuajo y, la ver­dad, ponía más empeño en mi posi­ción de alero-pivot en el equipo de clase que en el aje­drez. Nunca me lle­gué a tomar nin­guna de las dos cosas en serio, pero el aje­drez me sigue fas­ci­nando. Hace unas sema­nas eché unas par­ti­das con­tra mi padre y me ven­ció en todas. En todas. La ver­dad es que este tema no lo suelo sacar a la luz en la vida real por­que suena a «Chico de audio­vi­sua­les» de ins­ti­tuto ame­ri­cano, como dema­siado nerd. No es cosa de ver­güenza, más bien de falta de popu­la­ri­dad, antes de Fer­nando Alonso ver la Fór­mula 1 era de rari­tos. Supongo que si el aje­drez fuese algo más mediá­tico esto sería dis­tinto, pero no es algo que vaya a cam­biar ni que quiero que cam­bie, es decir, esto por la tele sería un coñazo.

Me gusta el aje­drez, sigo dán­dole vuel­tas al tema. De hecho, en soft­ware de ter­ce­ros, lo único que tie­nen en común mis tres últi­mos móvi­les (y he tenido cua­tro en mi vida, que han fun­cio­nado hasta rom­perse) ha sido el típico video­juego de aje­drez, tanto en 2D como en 3D. Aún tengo los dis­ket­tes ori­gi­na­les para IBM PC OS/2 del mítico Battle Chess, una risa de juego, la ver­dad. Y, como extraña nota al mar­gen, soy de esos que prac­ti­can inglés jugando al aje­drez con­tra el orde­na­dor, la apli­ca­ción de Apple tiene licen­cia GPL, por si os da por tras­tear. Es real­mente entre­te­nido y me asom­bra toda su his­to­ria reciente, las his­to­rias que mi padre me con­taba sobre un joven ame­ri­cano genial que ter­minó tarado y todo el con­tra­punto sovié­tico. Y es que es así, creo que una de las pri­me­ras cosas que no vie­nen a la cabeza cuando pen­sa­mos en la Gue­rra Fría es un telé­fono rojo, gente con cor­ba­tas y dos con­trin­can­tes frente a un tablero. Me refiero a lo fas­ci­nante que es por su sim­pleza ini­cial y toda su puta intrin­cada difi­cul­tad. Tan­tí­si­mas opcio­nes con­ti­nua­mente, a no ser que meta­mos la pata. Vale que casi todos empe­za­mos con un intento de mate pas­tor y si no va bien ya impro­vi­sa­mos, sí, casi por sis­tema, pero esa gente capaz de cal­cu­lar dece­nas de movi­mien­tos con­se­cu­ti­vos para cada una de las opcio­nes posi­bles me pro­du­cen admiración.

No sé muy bien a dónde quiero lle­gar con este post, ojo, era una sim­ple refle­xión que ya creía haber hecho. No sé, me sigue emo­cio­nando que entre par­tida a la Play, la Wii, la Nin­tendo DS o lo que surja den­tro de unos años seguirá habiendo sen­ci­llos y bara­tos table­ros que pro­pon­drán infi­ni­tud de dolo­res de cabeza y ale­grias de manera asom­brosa. Como deta­lle quis­qui­lloso, en mi aún reciente viaje a Nueva York me per­mití el lujo de decirle a un encar­gado del Met que tenían un tablero con las pie­zas mal colo­ca­das (las blan­cas han de tener la reina en su color y, ade­más, la casi­lla blanca a la dere­cha del todo en el tablero, cosa que no era así) y me agra­de­ció uno de los encar­ga­dos. Mola un pegote.

Supongo que cuando tenga sobri­nos, que espero que sea den­tro de mucho, les rega­laré un tablero y unas pie­zas como hizo mi padre con­migo para ver si se pican con el tema. No hace mal a nadie y siem­pre estaré a tiempo de poner­les delante de una Game Boy. Aparte, creo que serían dema­siado peque­ños como para ini­ciar­los en el poker, que, ahora que lo pienso, de ahí me puede venir esa afi­ción. Cás­pita, lo que des­cu­bre uno a las dos menos algo de la madru­gada. Vaya entrada más inco­nexa, sosa y hasta tris­tona me ha que­dado. Lo único, ya que estoy con esto abierto, he hecho un par de cam­bios en el tema espe­rando que se lea un poco mejor, sólo para recordarlo.

Visto en: La Quinta con la 82.

≠ Error | Lagarto
  • 12 abr 2012, 18:02;

    Refe­ren­cia obli­ga­to­ria al escu­char “Aje­drez” y “Gue­rra fría” en el mismo post: http://www.youtube.com/watch?v=1lddMjq_bgg

    Y mucho ten­drán que cam­biar los tiem­pos para que se deje de jugar al aje­drez. No será un juego muy popu­lar, pero nadie puede negar que es apasionante.

  • ♣2 Bea
    12 abr 2012, 21:42;

    A mi me gus­taba el aje­drez para jugar con los caba­lli­tos y los reyes y reinas como si fue­ran bar­bies o play­mo­bils. Para el juego real no tenía pacien­cia para aprender.

  • 06 feb 2013, 23:00;

    […] del coche o cual­quier otro recuerdo de infan­cia. Mi padre siem­pre será mi mayor héroe, no sólo por­que me gane al aje­drez, sino por­que es mi padre. Ya he comen­tado en más de una oca­sión que tengo auténtica […]

  • 3 respuestas, tu venganza