Categoría: Lagarto

  • MEME: Síndrome de Stendhal

    Tenía miedo a este meme y lo he ido retrasando. Soy un poquito cobarde para estos temas, y además, es que es muy difícil. ¡Incluso para alguien con las aptitudes mías!

    Me lo envía Zuviëh, mejor dicho, me lo envió. Lo he tenido en la cola de espera dos semanas y media. Como ya muchos sabéis, trata de contar cinco o seis «algos» que te hayan causado una felicidad extrema.

    Debido a su dificultad, he recurrido a algo sucio, freakadas que no vienen muy a cuento pero rellenan.

    1. Cuando acabé la trilogía del Señor de Los Anillos, no sé, me pareció una historia magnífica y Tolkien es Tolkien. Mereció la pena leerlo antes de ver las películas.
    2. Con el fin de Cowboy Bebop, toda gran historia ha de tener un gran final, y una serie así no puede ser menos. La película en cambio no llega a ese nivel. Lo mismo me ocurrió con V de Vendetta, una gran historia, un gran final, sólo que la película sí me parece estar a la altura.
    3. Esta misma tarde, porque hay cosas que no tienen precio.
    4. Cuando tenía 15 años y una playa de piedras era mucho más que eso, no creo conveniente detallar.
    5. Aquí debería ir alguien, ponte tú, aunque se te haga cuesta arriba.

    Como el post me lo ha enviado una chica, mujer, dama, damisela etc, lo recibirán las mismas personas de su género. Discriminación abuhardillada.

    FiFi, pao2, La Petite Princesse, OkOk, Lorena, Cosicu (espera, que me he confundido, que este es tío), Rosa Mª García (MS España, a ver si acepta el reto de un humilde linuxero) y finalmente ms. Tibbetts, es lo malo de tener blog, antes los podías hacer mentalmente.

    Gracias a todas por aumentar mi importancia en Technorati con vuestros enlaces.

    Visto en: Post en la recámara.

  • Volver a salir

    Hacía casi dos meses que no salía. No como tal, de estar un rato en un sitio y otro rato en otro hasta que toda tu ropa huele a tabaco (y te repugnas), hasta que te das cuenta de que ya son las cuatro y hay que ir pensando en volver a casa, a que de no salir durante un tiempo has ahorrado una pasta, que no pasas de unas cervezas porque no te apetece más… A que cuando vas en dirección al coche con los amigos una morena te grita «ricitos» y sientes un no-se-qué mientras sonríes estúpidamente.

    Y sí, sabes que seguramente sea de las que calientan pero no cocinan, pero con el frío que hace en la Siberia de la Meseta Norte no importaban unos grados más, ni unos centímetros de proximidad menos.

    Sin desviarme del tema, me han sacado de casa casi por la fuerza. Y es que estaba demasiado perezoso como para ir a dar una vuelta si quiera, vamos, que no me apetecía ni jugar al billar, algo que me ha sorprendido incluso a mí.

    Por suerte, a comienzos del fin de semana todo te parece mejor que ponerte a lidiar con Borland (peor lo llevan quienes lidian con Excel, que me lo ha dicho un pajarito), ergo acepté un poco a regañadientes y muy forzado la invitación basada en un:

    Bah, tío, no te vuelvas un maldito hermitaño, tío, joder, sal.

    Como se ha visto con el tema de la publicidad, me vendo por nada, y convencerme es fácil. Si añadimos que los amigos no son de Valladolid capital y necesitaban un «guía», la noche cobraba mayor interés. Dónde llevarlos, dónde aparcar, etc. En cotnrapartida, por la mañana (y parte de la tarde) los de Ciencias habían tenido su fiesta, y mucha gente había elegido pasar la resaca en casa y no bajar por la noche, por tanto, el ambiente dejaba bastante que desear.

    Imaginé que sería bueno, sin agobios. Pero claro, eso aburre demasiado. Aburre hasta tal punto que me aposté lo que quisiesen a que no me dejaban entrar (ni a casi ninguno de los que éramos) al centro de reunión depijos por excelencia de lo que viene siendo Pucela. Y estaba muy confiado, botas, vaqueros desgastados, cazadora de cuero, lo tenía todo a mi favor (o bueno, a mi contra, ya que la misión era no entrar). Sin embargo, el cabroncete del portero, sabiendo que todo estaba bastante vacío, ha levantado la veda y nos ha permitido cruzar el umbral a todos con una amable sonrisa y un buenas noches.Mierda, para un día que se me ocurre volver allí y tenía que ser esta noche, maldita la hora.

    Ha sido divertido, reutilizando las viejas tácticas de «Ey, hola, ¿conoces a X?» o el manido «Hola, buenas, es su cumpleaños, dale dos besos, ¿no?» que nunca suelen tener el efecto deseado, pero que irónicamente a las chicas les hace gracia. No entenderé a las mujeres jamás por lo que parece.

    Sí, ha sido raro, a la par que agradable, pero sigo teniendo la misma pereza que hace 8 horas y viendo que esto de salir, de volver a salir, no me aporta nada nuevo (de nuevo), muy probablemente tarde otros mesecitos en regresar a la vida nocturna más allá de la taberna de siempre.

    Como última pincelada. Escucha morena, los rizos, o ricitos como dices tú, tienen dueño.

    Hasta la próxima, buenas noches y no seáis malos.

    Visto en: Tintín, ese era su nombre. Y su desgarradora prole, que bien podían salir en la basura.

  • MEME: Dulce rostro infante

    Tenía dos memes pendientes, éste, y otro que haré más adelante enviado por Zuviëh. Prometo hacerlo.

    El de hoy me lo pasa Miguel y alega que quiere vernos la cara de cuando fuimos pequeños porque ahora nos da vergüenza mostrarnos. Bueno, pues es mentira, y tengo un vídeo con una asquerosa sopa que lo demuestra, ahí me tienes. Derrochando saliva y traganado bróccoli. Y creo que no soy el único que se ha atrevido a mostrarse a los demás.

    Child in time

    Aunque le doy la razón, sí que hay mucha gente que rechaza mostrarse, para manternerse más etéreo o simplemente por timidez. A veces pienso que es mejor, pero como soy medio lelo, pues me grabé.
    Pero bueno, me lo has pedido, y yo te lo concedo, así era yo con 6 años. Vestido con la segunda equipación de la Real (de entonces). Como de costumbre, el cambio ha sido a peor.

    Paso de pasarlo. Ya sabe quien falta por hacerlo y quien no, si quieres, es tuyo por un módico clic.

    Visto en: Interfonías.

  • Problemas de altura

    Hay quien opina que ser alto es casi una bendición divina, algo grandioso. Ha llegado el momento de desmitificar esto, he llamado a Adam y Jamie, pero con el incendio de California estaban liados. Me toca salvar los muebles a mí solito.

    Comenzaremos por las evidentes ventajas que no me atrevo a obviar, en un concierto ves, te llega el aire a la cabeza, no tienes problemas para coger aquello de allá arriba, puedes localizar los mejores sitios del bus nada más entrar, la gente se amedrenta si te ve grande (y más si te pareces a Hagrid, como yo) y eso te ahorra problemas, con las piernas más largas tardas menos en llegar a los sitios y mantienes un paso rápido…

    La cara B del asunto llega (en mi caso) en los complejos, y es que (creo que casi todos) los denominados «altos» tenemos un gran complejo de bajitos. Cruzarme con alguien de la misma o mayor estatura que yo me supone estirarme al máximo marcando mi territorio cual perrillo con la patita levantada en su rincón de siempre. Quiero ser más alto, mi metro ochenta y muy muchos o noventa y muy pocos (sinceramente, ni idea) no es suficiente, y me deja en un «alto del montón», y eso es frustrante. No eres el más alto. Aunque todo esto es un absurdo montón de tonterías, sobre todos si conoces las desgracias de los que medimos más de la media.

    Como norma general, dar una vuelta en el R5 de tu amigo es incómodo, y se complica exponencialmente si en el trayecto has de amoldarte en los asientos traseros. Siguiendo con los ejemplos de antes, en un concierto no dejas ver a los que tienes detrás, y te cansas de escuchar «joder, es que este tío no me deja ver», no me siento culpable (haber crecido, so mamón), pero comprendo al hombre. A primeras, si es una cándida damisela, le dejas que pase delante, eso es caballerosidad, pero al ver que esa joven va armada con su ejército de amigas (nunca menos de siete) el que ni ve ni escucha eres tú, eso es estupidez.

    Con las estanterías, cierto, llegas a todo, y eso supone que mi madre me haga bajar tres pisos (desde la buhardilla hasta la cocina) a todo correr porque urgentemente necesita el tarro del fondo de arriba a la derecha o cualquer otro recipiente o utensilio de cocina, cosa cualquiera del estante del súper, libro de la estantería, o caja del garaje… Y uno termina cansado de ser el chico para todo, ya que difícilmente los trabajos acaban una vez entregado el paquete a su dueño. Pero es mi madre, y trago con gusto.

    Que la gente te «tema» puede resultar gracioso, pero dificultad mantener una relación normal con el pobre abuelo a quien le preguntas por una calle (a sabiendas de que crea que le voy a robar la pensión de este mes). No resulta muy amable, por mucho que sonrías tontamente y repitas por favor y gracias, cuesta mucho conseguir un «de nada, majo». Tampoco es agradable que te confundan con un asaltante sólo por ser más grande que él.

    Finalmente, lo más doloroso, ¿sabéis la de veces que una señora mayor (inconscientemente) ha levantado de sopetón el paraguas metiéndome la varilla en el ojo y haciéndome que visite urgencias? No le cuesta mirar, pero «Uy, perdona, no te había visto, mozo, como eres tan grande…» Precisamente por eso señora, precisamente por eso.

    Visto en: Seguro que alguien puede corroborar algo, ¿no?

  • Del pedante e innecesario buenrollismo blogosferil

    Llevaba ya semanas con este post en la cabeza, antes de mi retirada incluso, pero ayer recibí un correo en el que, tras leerlo, vi necesario un post como el que os ocupa. No mencionaré ni remitente, ni enlazaré ni nada. Aunque ganas tengo.

    Empecemos por lo fácil, a este blog hay 37 personas suscritas, me quito yo y dos más que conozco están suscritos y me quedan 34. 34 personas a las que les importa mi vida, lo que escribo o les gusta mi elocuente literatura, o 34 personas que aspiran a hallar el mejor método para aniquilarme. Craso error. 34 suscritos, de ellos con suerte les intereso a 15, los otros imagino que vienen por la reciprocidad, tú me lees yo te leo. No miento si digo que para ganar enteros está bien.

    Vale, ahora nos centramos en esas supuestas 15 personas interesadas en mí. No me conocen de nada. No saben nada de mí. No intentéis ser mi amigo. No busques mi aprobación, no busques una sonrisa, no la necesitas. Para vosotros, yo no soy nadie. Un completo desconocido. (más…)