Categoría: Lagarto

  • Yoko Kanno, Waltz for Zizi

    Directamente desde la banda sonora de Cowboy Bebop una de las más bellas canciones del anime, un vals.

    Y no miento si digo que he hecho un poco más de sitio en la buhardilla y me he puesto a bailar esto yo solo (imaginándome acompañado, claro). Modo repetir activado. Una vez, otra vez más, and so on, and son on

    Delicadeza para contrastar con el hard rock al que acostumbro.

    Visto en: Youtube.

  • El valor de la variable N

    Digamos que la vida es booleana. Digamos que son las seis menos veinticinco de la mañana y que es sábado por la noche. Digamos que el nivel de alcohol en sangre no me permitiría conducir.

    Digamos que hay una variable N que puede tomar los valores 0 y 1, si es 0 se sigue jugando, si es 1 se acaba la partida de la vida.

    Digamos que llevas un mes jugando al gato y al ratón con una persona [P] cualquiera, pero que de repente P deja de ser cualquiera y por H o por B ves que las cosas cada vez van más fluidas y esa persona definida como P -un array de caracteres, al menos que quepa su nombre, no un puto número perdido en el código de cada cabeza- te hace sentir alguien especial.

    Digamos que un día decides crear un guión que alumbre tu TSMP, que no es más que tu Top Secret Master Plan para ver hasta dónde podrías llegar con la persona P.
    En ese script se maneja una variable N que, en un momento dado, decidirá si al final de los finales podrías [0] o no [1] hacer algo. Por supuesto que su valor inicial es cero, no vayamos de pesimistas.

    Así que ideas una conversación y memorizas todas las posibles salidas (siempre dejando que sean dos por pregunta, cero o uno) y sus posibles ramificaciones para intentar arrojar algo de luz a ese bar tan sombrío.

    Digamos que tienes la valentía (y, de momento, sobriedad) suficiente como para plantarte en frente suyo y recitar el comienzo de tu ensayo. Curiosa y afortunadamente todo va bien, incluso ves que mejor de lo que contemplabas en tus planes. Las primeras líneas fluyen entre los dos y no parece que haya ninguna variable por ahí que pueda cerrarte el paso y cascar el programa.
    Preguntas con cautela por N, la dichosa N, y todo parece indicar que el valor que almacena se mantiene en cero y podrás pasar a la siguiente parte del código. Yupi, pasas.

    Digamos que te aproximas al final de tu TSMP con todo a tu favor y de repente alguien hace una llamada a una extraña función [F] que tú no sabes qué hace, pero que no puedes ignorar y esa función requiere del uso de N.

    Digamos que F es más exigente con todo y se da cuenta, al final, de que N valía 1. ¡N valía 1! Pero ni P ni nadie te lo había dicho antes, es más, P parecía haber dejado claro que N=0. Y TSMP falla, justo, justo al final.

    Digamos que P se ha portado contigo como nadie, que no podía estar más guapa, que su sonrisa combate a muerte con la luz del Sol y es capaz de ganar a ésta, que sus ojos no pueden formar mejor mirada, en definitiva, que P está claro que dejó de ser cualquiera. Pero N, maldita N, se había reservado un As de Corazones. Que en un principio hizo ver que su valor era cero, y con ello, te ayudaría a aumentar en un punto tu felicidad, pero era falso. Desde el inicio tenía claro que no daría acceso a P, que P no dejó claro cuál era el dichoso valor, pero que ahora su condición de variable está más cerca de constante pues no parece posible su variación.

    Nunca olvidéis preguntar por N.

    Visto en: El resto de N es «ovio».

  • Turista en tu tierra

    El reloj del sistema me chiva que son ya las cinco menos algo de la madrugada de un sábado. Vuelvo a las andadas, hay que remontarse a la época en la que éste blog se editaba sobre Blogger para encontrar entradas presididas por La Neurona que sobrevivió al alcohol.

    Seguro que alguno de mis más fieles y longevos lectores añoraba éstas entrañables entradas escritas con notables signos de embriaguez. Disfrutad.

    Hoy he pasado la noche de juerga con un gran amigo que acaba de volver por una gira Cardiff-Londres-Birmingam-Dublín. Se ha pasado un mes por ahí, de mochilero, y su regreso había que celebrarlo. Yo no tenía nada pensado para hacer, pero superé la pereza con esfuerzo y me presenté allí donde habíamos quedado.

    Tras mucho palique sobre nuestras aventuras decidimos innovar y ver qué podían hacer dos chicos como nosotros a esas horas y sin ningún plan. Justo comentarlo pasaron cerca dos chicas de cuerpos increíbles y miradas que enamoran que no parecían tener afinidad alguna con el término «antipatía».  Y las seguimos. Una de las mejores decisiones que jamás hayamos tomado.
    Después de ver que se sentaban en una terraza donde nunca habíamos estado creímos que ya era hora de decir algo. Nos inventamos una historia, suficientemente creíble como para que colase, dos turistas que no saben cómo moverse por aquí. Nos han descubierto sitios magníficos por cuyas puertas habíamos pasado mil veces pero cuyo umbral no cruzamos jamás.

    Es recomendable semejante locura, intentar dejarte influir por lo que otra gente de tu misma ciudad frecuenta. Resultó que las chicas tenían un puñado de años más que nosotros, pero fueron igual de agradables. En serio, bebed y probad. No hay más misterio un sábado por la noche si el resto de tus amigos tienen planes que incluyen plastiquitos que venden en farmacias y arrejuntarse a muchachas.

    Tal vez sea la distancia. Tal vez sea que unas cuantas pintas de cerveza después todo se vea mejor. Tal vez sea que ver dos veces a la misma camarera con diferentes vestidos pero la misma sonrisa y una palabra de honor que invita a ser infiel me haga estar mucho más feliz que una perdiz comiendo un regaliz. Tal vez sea que esa sonrisa cierre la circunferencia donde empezó la noche. Tal vez sea que atender al calificativo de Gilipollas Supremo ya empieza a ser costumbre.

    O puede que, tal vez, Opeth se haya convertido en el mejor abrigo para volver a casa (gracias Malkav, AntiAlonso_AdSense++).

    Si algún día tenéis tiempo (y el nivel de alcohol en sangre suficiente), probad lo del turismo. De nada.

    Buenas noches. Besos para todos.

    Visto en: La neurona, ha vuelto (otra vez).

  • Any finde I like

    Bajo la penumbra de un fluorescente, la oreja puesta a los colores y la mirada fija en el lado oscuro de la Luna, con la cabeza en mil historias, con la memoria en otras historietas más juveniles o casi infantiles. Estas historietas me hacen sentir raro. Yo, hasta hace nada, meses, un año como mucho, disfrutaba saliendo los fines de semana, como todos los demás chicos, vaya. Lo típico: llamar a los amigos y decir si, como siempre, mismo sitio y misma hora. Creo que las damas alargan con «esto, escucha, ¿y tú qué te vas a poner?», bueno, al menos hay una edad donde lo hacen.

    Que si luego vamos a tal, el fin de semana siguiente hacemos cual, que si ya quedaremos con fulanito, ¿oye cuándo era el último bus? No, da igual, volveré andando, etc, etc.

    La cuestión es que ahora me cuesta mucho salir, mucho, de hecho, «salir de noche» no es algo que habitualmente haga. A la una de la madrugada suelo estar en casa. En lo que va de año no recuerdo más que una vez donde salí y me lo pasé bien, pero me cansé y no quise repetirlo, creo que zetxek puede dar fe de aquélla noche de abril.

    No sé, supongo que ya no es lo mío, que ya no me encuentro tan cómodo yendo por ahí lo tengo comprobado. Llega un momento en el que divago y hablo conmigo mismo: «A ver, tío listo, ¿qué hace un chico como tú en su sitio como este?», minutos después me despido de todos y doy por finalizada la velada. De veras, no sé qué pinto apoyado en aquella columna con un botellín de Heineken en la mano.

    Bueno, esto viene a cuento de que mi madre me ha preguntado si no salía hoy, porque últimamente no salgo mucho y blablabla. Pero es que prefiero estar un rato por la tarde tomando una cerveza que dando vueltas y saltos hasta las mil, que a lo mejor un día sí, me apetece hacer el idiota un rato -como no sé bailar…-, cualquier fin de semana puede ser, pero de momento es mucho más cómodo (y si no fuese por eBay y Amazon, más económico) salir poco, ver pelis en casa o aniquilar traficantes en Liberty City. Digamos que I have become comfortably numb, (no pierdes nada por seguir el enlace, «eso» se bate en duelo contra Jimmy Page (Stairway to heaven) por el mejor solo de guitarra de la historia del Rock, casi ná).

    Visto en: Fiebre del sábado… digo… no, perdón, borra ésto.

  • ¿Y si me muero?

    Cuenta un libro que, cierto día, una muchachita apellidaba Amundsen recogió del buzón de su casa una carta al volver del instituto. Esa carta, sin remite ni ninguna seña pero dirigida a ésta chica, se limitaba a decir: «¿Quién eres?» Y si no recuerdo mal, tres «misi, misi, misi» haciendo referencia a su mascota felina después, la estudiante empieza a pensar: «¿Si no me llamase así, si tuviese otro nombre, mi vida hubiese sido igual?», y, la clave del post de esta noche, «¿si dejo de ser?». Pues llevo con esa última pregunta en la cabeza un año como poco.

    Esta introducción tan filosófica sirve para exponer qué pasaría con éste blog si yo, de repente, muero. (Permitidme un apunte, y es que no entiendo la diferencia entre morir y morirse, así como está claro en otros verbos: «yo salto la verja» y «yo me salto las normas», o con correr, «yo corro» y «yo me […]», claro que no soy lingüista pero, ¿es que hay alguna diferencia entre «muero» y «me muero»? porque no la veo, si alguien sabe algo que comente.) Volviendo al tema, que me pierdo, en mi escapada me crucé con un escritor que dijo llamarse Robert Graysmith mientras caminaba por los prados guipuzcoanos -que ni he pisado la playa- y se paró a hacerme unas preguntas embarazosas. Resulta que tras charlar con este hombre me dí cuenta de que el blog podía quedarse así, en stand-by, durante días, semanas, y yo, mientras, de vacaciones tan ricamente viviendo del AdSense -mentira, si no mendigo no dais nada, lo tengo comprobado-. O si, finalmente, muero.

    No tendría mucha gracia si desaparezco poco a poco, pues estaría allanando el terreno y después cualquier avispado pensará: «bueno, se ha cansado de esto y por fin ha aceptado su condición de humano como un Javi Moya cualquiera». La miga está en hacer una entrada diaria cada noche o incluso dos y luego chapar el chiringuito de un portazo, pero sin hacer ruido al cerrar.

    Vamos, desaparecer del mapa.

    No contestar correos, no dejarme ver por sistemas de mensajería instantánea, no responder SMSs, en definitiva, morir. Ahora mismo, justo en este momento de la madrugada tengo claro que si lo descrito tres frases más atrás ocurriese sería porque de verdad me ha pasado algo. No tengo intención de dejaros colgados, no ahora que parece que estoy remontando en número de lectores y calidad de los posts -ya me tiro yo las flores, sí-. Y para solventar esto voy a confiar a alguien la fórmula secreta, el password de la muerte o como lo queráis llamar para saber cómo entrar en mi WordPress para que pueda escribir una entrada diciendo: «Por fin, caen 100 rayos por segundo y por fin uno le ha alcanzado», o algo por el estilo, «Se ha encontrado su cuerpo flotando en el Pisuerga»…

    Ah, se me olvidaba, para salir de dudas, no resulté ser Arthur Leigh Allen, así que se fue por donde había venido mientras me quedaba mirando pasar el Topo.

    Visto en: Seguro que alguien ya lo ha pillado.

    Actualización: Nada más pulsar «Publicar» me ha venido un flashback a la cabeza con una entrada escrita por Hugo sobre el mismo tema, hurgando en su archivo he dado con ella, se trata de la misma idea pero con más seriedad y dos años de diferencia, así que ya estoy viendo que me va a canear pensando que soy un plagiador, pero por no retirar el post, prefiero darle crédito a lo que escribió y dejar lo mío en el aire.