Categoría: Pensando en alto

  • Seal of Quality

    En teoría tendría que comentar mi primer día como universitario, pero no quiero aburrir a nadie, he oído que hay una persona que lo hace bastante bien. No lo sé, no leo eso.

    El tema que ocupa la entrada de hoy tiene que ver con Nintendo. Me he enamorado de su mini máquina (Nintendo DS Lite), mi hermana me ha regalado una, y para probarla me decidí a alquilar un par de juegos, el mítico Mario Kart (en este caso DS) y por otro lado el Final Fantasy III. En el primero jugué un par de carreras y lo devolví al ver que la conexión wifi de la consola iba bien, el otro, he terminado comprándolo. 35 euros menos, podía haberme esperado a tener el «cartucho mágico» que tan buenos resultados da, pero… pero… No me divertía tanto un juego de rol desde El Templo del Mal Elemental (mucho mejor que los Baldur’s Gate, por cierto). Y quitando los Zelda, el rol japonés nunca me había llamado la atención en exceso, el fantástico Final VII sí, pero el resto me dejaba siempre un sabor agridulce, echaba de menos las reglas de Dragones y Mazmorras. Y no quiero imaginar lo freak que suena eso.

    Seal of Quality

    No quiero hacer ninguna review ni contar pros y contras de la consola, se han hecho muchas, algunas muy buenas y aclaratorias. A mí me han servido para decantarme, ya que aunque pagaba mi hermana, elegía yo. Siempre se ha dado a entender que la potencia gráfica de ésta máquina dejaba mucho que desear, como la seguridad de Windows, pero cualquiera que haya visto el trabajo técnico y gráfico realizado por Squaresoft (me resisto a llamarlo Square-Enix) se dará cuenta de que no tiene mucho que envidiar a su prima PSP -vale, no es lo mismo-, pero a mi juicio, mucho más bonito, una preciosidad, y merece que descargues, alquiles, robes (o incluso compres como yo) el juego para poder disfrutarlo.

    En estos casos es cuando de verdad Nintendo debe sentirse orgullosa de imprimir sus productos con el Sello de Calidad. He jugado 7 horas a esta aventura medieval, y cada escenario que descubro se me cae más la baba (si cabe), no tanto como contigo, por supuesto.

    En definitiva, Nintendo ha superado por mucho mis expectativas, me divierte, cosa que la PSP sólo consigue hacerlo con dos juegos, los GTA. Si siue así, no descarto pillar la Wii para Navidad.

    Visto en: De venta en Carrefour

  • El coco, depilación total y pendientes en los pezones

    También podría haber titulado esto como «la historia de gimnasio más grande jamás contada», pero sería recurrir a algo demasiado novelesco, incluso para un caza enlaces como yo. Os presento tres posts semi-independientes en uno.

    Parte 1, el coco.

    Ayer volví al gimnasio después de unos días sin pisar por allí, y nada más entrar me dí cuenta de la cantidad de gente que se había apuntado, supongo que aprovechando el tirón de los corticoles, el volver a empezar y que los niños están en clase. En tres semanas se irán todos y nos quedaremos «los de siempre». Este efecto de masificación no me llamó la atención en absoluto si lo comparamos con mi asombro al ver al coco.
    El coco es ese personaje de ficción creado por padres y abuelos para que los niños tengan miedo y así se coman las acelgas, si no se las come se los llevará, como nadie sabe a dónde de zagal siempre supuse que no habría sitio peor que una cocina en la que tenías que comer acelgas. Que el coco de los cuentos no sería tan fiero como lo pintaban. Tal vez me estuviese equivocando.

    En los vestuarios me encontré con un personaje cuya asombrosa sombra dejaba entre ver a un hombre sin sombrero asombrado por cómo la taquilla absorbía su euro, una acción que le dejaba absorto, aunque lo que asombraba era él y su asombroso aspecto (podéis aplaudir asombrosamente en este punto de la narrativa mostrando vuestra aprobación a mi locuaz, sensata y lógica utilización de la lengua castellana).
    El hombre no era gordo, ni acaso orondo. El hombre era muy obeso. No grande, porque de estatura no levantaba más que Torrebruno, en cambio de ancho lo triplicaba. O eso, o debajo de sus ropas vestía cojines para recoger el sudor y así aparentar más talla de la que tiene.
    La duda no duraría mucho, es un vestuario: la gente se desnuda. Y él, como intento de humano, también. (más…)

  • Con fatatas, por favor

    Me gusta el fútbol, y no me cuesta reconocerlo. Es más, apoyo a un equipo de segunda, pero tampoco me da vergüenza decirlo. Mi equipo es la Real, y no juegan bien, pero es así.

    Por contra, sí soy muy extremista en otro aspecto, los equipos denominados «grandes», sobre todo el Real Madrid y el Barcelona. Los odio, soy antimadridista y antibarcelonista.
    Los madrileños por su orgullo y también por el presidente que se han echado, los otros porque dicen ser més que un club, lástima que sean mucho menos que un equipo. Y salvando a Messi los demás no pringan.

    Mi disgusto odio a estos a equipos es su poder de talonario. Ya es que me da igual que no cuiden su cantera y se gasten millones en contratar («fichar» no me convence) a jugadores foráneos, porque esto lo hacen todos, si no que los mejores equipos se agencian los peores árbitros.
    Me explico, ¿qué árbitro termina siendo protagonista de un Celta-Levante, por lo general, ninguno? En cambio, por qué un árbitro siempre es decisivo en un Real Madrid-X o Barça-Y?
    Por la pasta, por asfalto, por un cuento de hadas que es falso.

    Me gustaría creer que siempre están arriba porque se lo merecen, pero para mentirme a mí mismo prefiero decir que me parezco a Brad Pitt mientras me miro en el espejo. Me gustaría creer que terminan estando en Champions por su «capacidad goleadora». Y sin embargo te quiero siempre termino viendo cierto bulto sospechoso.
    Como ejemplo, el domingo pasado decidí disfrutar del primer Valladolid-Madrid en unos años, el ascendido rompe récords contra el campeón de liga. Y no me gustó, el arbitraje (que era claramente favorable al grande, incluso fuera del Bernabéu) no levantó demasiadas quejas. ¿Se da por hecho que los de blanco saldrán beneficiados?

    Sí, me temo que sí.

    No contentos con esto se disponen a comentar un partido que gracias a su suerte pudieron empatar con las frases del tipo: «El Valladolid ha aguantado bien nuestro ritmo». Valientes hipocritas… no sólo estamos obligados a regalaros faltas y comernos las vuestras sino que encima tenemos que agradecer que no hubieseis apretado más.
    Si por cualquier error de cálculo monetario uno de estos equipos pincha (no pierde) se debe a que les han dado una lección de humildad. No vaya a ser que el otro equipo sea mejor, sino que los pobres Robinhos, Eto’os, Raúles etc se han despistado un poco.

    Por favor. Si un equipo cualquiera les gana no es por humildad y buenas intenciones, no amigos, es porque les han enseñado a jugar bien, les han enseñado a que por mucho talonario que se tenga no es suficiente para todos.

    Pagaría bastante por ver a estos dos equipos luchando por la permanencia, o incluso dejándose los dientes en el ascenso de segunda a primera. Utopía.

    Visto en: Y los domingos por la tarde me abandona.

  • Literatura hispánica

    Desde que murió Bécquer lo único bueno que se ha escrito en este país ha sido El Capitán Trueno, y se lo quieren cargar con una película.

    Yo

    Visto en: Sigo sin comprende por qué cuesta menos un libro editado en España en Amazon que en la librería de al lado.

  • Me acojono por momentos

    Seguramente ya estéis al tanto de todo el follón montado por un comentario de un tercero en el blog Alasbarricadas.org (que no enlazaré, luego por Technorati todo se sabe). Según me he enterado, un señor al que llamaremos R. Cabronius, que según dicen se coronó como monarca del Fry Chicken, se ha sentido ofendido en ese comentario.

    Demandas, apelaciones y otras fiestas después el veredicto da la razón al señor Cabronius por deshonra. Y además, se acusa a la web por no colocar los datos de contacto del personal, incluyendo DNI, nombre etc. Tengan o no publicidad.

    Esto me deja (nos deja, mejor dicho) en una tesitura peliaguda, de forma que tengamos que censurar algunos comentarios de nuestros propios blogs, no vaya a ser que «algún desalmado» quiera expresarse en libertad, que la liamos, aquí todos buenos. Con los zapatos limpios y peinado con raya al medio, corbata monocolor y camisa blanca. No te salgas de la norma.
    Para colmo, deberemos mostrar todos nuestros datos, pese a que a la gente se la sople si me llamo Adrián, te llamas Hugo, Alejandro, Ander, Lucía o te llamas Laura. No sólo eso también el Documento Nacional de Identidad y la marca de nuestra ropa interior. Esto se me asemeja al Gran Hermano literario, aquél 1984.

    Por desgracia para el que escribe todo esto empeora y se convierte en un gran marrón si tenemos en cuenta que tengo una página entera dedicada a gente que odiamos, en la que por cierto, se encuentra el hombre a quien he apodado Cabronius. Y eso que mis visitas no son nada del más allá, sólo faltaba que se entersae. Sumando además el hecho de que cada tres entradas os recuerdo la utilidad de la publicidad, que también va contra las normas.
    Quiero decir con esto que si cada una de esas personas (¡que son decenas!) decidiese demandarme por injurias, falta al honor o cualquier otra cosa me las vería putas para pagar abogados.
    Como recurrir a vender mi cuerpo no me llama, terminaría disparándome a las rodillas y alegando enajenación mental, esquizofrenia, alcoholismo… incluso diría que escucho a Bisbal y quiero tener relaciones con Bustamante con tal de que me dejen vivir fuera de Alcalá Meco.

    El plan B que se me ocurre sería cambiar mi nacionalidad, de forma que no puedan decir nada sobre mí, ni juzgarme por ello,vamos, a lo Varsavsky pero a la inversa. Y creédme si digo que cada vez me dan más ganas de meterme a apátrida, dublinés o californiano.

    Se me han puesto de corbata. Suerte a los de las barricadas.

    Visto en: LSSI, parte de la $GAE y miedo.