Categoría: Pensando en alto

  • El Ponche de los Deseos

    Yo, que soy más chulo que un ocho, no os voy a aburrir con lo de la Ley Sinde y otras zarandajas de candelero hasta el próximo partido de fútbol, aunque sí voy a hablar de cultura, literatura concretamente, pero como ni me refiero a ella por ningún eBook, tan en la cresta de la ola, ni es algo que salpique a SeriesYonkis, pues parece menos importante que los episodios más vistos de Sexo en Nueva York por los cuales la gente mata, como en las rebajas (de las que debería hablar).

    Genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso, de carrerilla

    Genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso

    No sé qué tiene de divertido ver a un joven encorbatado mirando estupideces en la película esa que basaron en un anuncio de Renault de un perro gris que vuela, pero la gente me veía y se lamentaba. No me echaron monedas porque vieron que me daba para el Spotify de los ricos. Es genial escuchar las quejas de los pobres e insignificantes mortales, pardillos, vosotros, por la publicidad. Tontos. ¿Qué tal se vive en el Segundo Mundo? Duchaos.

    En fin, rebaño, este librito (y utilizo un diminutivo cariñoso por el tamaño del relato) se grabó a fuego en mi cabeza cuando mi edad se contaba con los dedos de una mano y dos de la otra por dos motivos concretos. Vale que una historia de magia negra llamaría la atención de cualquier chaval, más aún si te dicen que el autor es quien parió una década atrás La Historia Interminable. Porque a casi nadie le suena El Ponche de los Deseos, que, no sé por qué, siempre había recordado como El Ponche Mágico, supongo que dependeré de las ediciones, pues por ahí se ve hasta un Ponche Mágico de los Deseos, a casi nadie le suena, es una obra menor, de fondo de estantería, de lectura rápida y ligera (o así la recuerdo yo, y han pasado ya quince años). A mí me gustó más que su gran obra maestra. Yo, que soy mas chulo que nadie.

    Decía que me habían marcado dos puntos de esta historia, el primero, que todo se cuenta del tirón y desde que comienzas a leer ves que la historia está marcada por etapas, minuto a minuto, con un relojito que va exprimiendo la acción. Como un episodio de 24 pero sin armas de fuego ni su despampanante actriz secundaria, vieja conocida. Seguramente debiera haberme leído de nuevo el libro en cuestión y no escribir sólo de lo que me acuerdo, pero no quiero descubrir a estas alturas de la vida que ya no me gusta, con lo feliz que vivo ahora, así que puede que algunas cosas de las que digo, aparte de ser tremendas chorradas más o menos ingeniosas que os harán reír y os harán llorar, pueden ser, tienen toda la pinta de que sean y hasta yo apostaría a que son, incorrectas. Da igual. Da lo mismo. Estoy seguro de que era una auténtica contrarreloj en Nochevieja y que había quien las pasaba canutas. Divertido.

    Sin embargo, ahora bien, en otro doren… redon… odren… ¡orden! de cosas, lo mejor del libro, lo que hizo que me lo lleve siempre en el corazón, lo que me saca unas sonrisas las contadas veces que lo recuerdo es ese término inventado, satanarchäolügenialkohöllische originalmente por lo que parece, es la palabrita en cuestión que todas aquellas personas que hayan leído el texto de Michael Ende recordarán. Como he dicho, tengo dudas del argumento, pero por el contrario puedo recitarte Genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso sin miedo a equivocarme ni trabarme cientos de veces seguidas. Del tirón. He crecido con ella. Me la aprendí de niño como cualquier Michael Banks wannabe que camina con un pie en la acera y otro en el asfalto gritando Supercalifragilisticoespialidoso. De hecho me la aprendí supercalifragilísticamente. Una gloriosa expresión esta, que hasta los reptiles hemos tenido infancia.

    El significado de tan larga construcción verbal no lo tengo nada claro, ustedes perdonen, caballeros del jurado, sin embargo suena a conjuro de los de verdad, no de los de invocar a los muertos, que al fin y al cabo no tiene gracia alguna más allá de una fiesta con calabazas y chucherías, no. Era algo divertido, como el libro. Os lo recomendaría con sabiduría si recordase exactamente lo que pasaba, corriendo el riesgo de desencantarme de él al descubrir que se queda en el montón de los mediocres, me limitaré a recomendároslo con cariño, ternura e ilusión, que es lo que haría un crío de siete años cuando ve un libro con alochol, magia, demonios y prisas.

    Visto en: Colección Barco de Vapor, ¿puede ser?

  • William C. Schopp & Joseph Gayetty

    Mierda. De eso quiero hablar. Mierda de día, mierda de vida, mierda de Kevin Jonatan que no te quiso follar en aquellos baños tan románticamente sucios… No, mierda. Mierda de verdad. De la tuya, de la mía y de la que nos viene a la cabeza cuando un amigo nos dice «Ella no te gusta, imagínatela cagando y ya está». Exacto, realmente exacto no porque, llamadme colega de lo escatológico, pero esa imagen de una chica plantando un pino no sirve. Pero sí exacto en lo que a semántica se refiere: mierda, mierda. Purrut.

    Staged pooping picture

    Inventores de mierda

    Cualquiera de vosotros que haga una rápida búsqueda en internet con los nombres del título de post se olerá (nunca mejor dicho) por dónde van las heces, digo, los tiros. El primero de ellos, William, Billy que le decían sus amigos, tuvo una idea a comienzo de la década de los treinta, la del alcohol de contrabando, simpáticos robos de bancos «porque es donde está el dinero», el nacimiento de los superhéroes «mainstream» y canciones en algún lugar bajo el arco iris, ¿verdad, chica con cesta y nombre de aperitivo de Matutano? Pues este tío, el bueno de Bill… fue un genio y, curiosamente, tiró de nuestro espíritu emprendedor, de ingenio español, de mente cañí y pensó, después de defecar y quedarse a gusto, que cual trapo atado a un palo o cual palo ensartado en un caramelo él, en lugar de pinchar su mierda con un palo (y no «una mierda pinchada en un palo» ya que, según he entendido siempre desde chiquinín, sería un palo perforado por un ñordo cuando queremos decir un palo insertado en un zurullo cual banderilla de pepinillos), cogió el nombrado instrumento palil, colocó como pudo un puñado de pelos (dicen las malas lenguas -léase «yo»- que de ardilla, no sé dónde estaba descomiendo este caballero) y empujó. ¡Sí! ¡Empujó! ¿Y qué hizo? ¡Inventó la escobilla del váter! Y, en un alarde de americanismo, fue corriendo a una oficina de patentes para decir al mundo entero que fue él y nadie más quien haría su vida de mierda más con un palo y unos pelos que empujan las caquitas de medio kilo. ¡Un jodido aplauso por Billy! De haber nacido en Essex y haber tenido Sex le hubieran añadido, sin duda, el apreciado prefijo, Sir WiIliam «Von Roca» Schopp, el ser que nos ayuda a deshacernos de nuestros restos. Qué orgullosos estamos, pardiez.

    Ahora vayamos atrás en el tiempo, en dos sentidos, antes de William y antes de cuando nos es útil su inventazo. Siglo decimonoveno, como sabéis, el que más me gusta escribir, s. XIX. Ahora. Este tiene tela, porque en pleno rodaje sin cámaras de las películas de indios y vaqueros hubo un hombre, ¡ese hombre!, llamado Joseph Gayetty, conocido como Luis Gerardo Boris Tosta-Rica Muchombre por absolutamente nadie, quien encontró -y vendió previa patente también- una solución a uno de los mayores problemas que un ser humano puede tener (salvo que sea objeto de estudio de National Geographic o viva en Benín donde, sin ofender a nadie, son más pobres que las ratas de Pozaldez, una localidad muy propia para este post). El majo de Yosé inventó el papel higiénico, ¿por qué?, porque sabe. En serio, vale que hasta hace cuatro putos días la gente se lavaba como los impuestos de un político, cada trimestre, vale que todo ese rollo de oler bien y estar sano era de maricones y no de propia salud pública, vale que con tres harapos bien conjuntados (y parcheados) más unos pololos de quita y pon ya tenías el ajuar completo, por muy sucio que estuviera, vale que la ropa sólo se lavaba cuando Goya -el pintor que da más mal rollo de todos los pintores que dan mal rollo del mundo de los pintores mal rollistas- iba a echar la tarde pintando un tapiz. Pero joder, y repito exclamación, ¡pero joder! Pese a todo lo anterior, no me fastidiéis, puercos apestosos, se tenían que limpiar el culo, sacarse brillo al orto que dice mi escasamente ingeniosa [espacio] mente argentina, relucirse el trasero, abrillantarse las nalgas, no sé… Quiero decir, que yo no sé hasta qué punto se puede vivir a base de hojas y helechos, porque si el hecho es que ya tienes pañuelos de seda con los que sonarte los mocos, algo semejante debería existir, pañales 24/7 o algo. Un ascazo enorme, lo sé, lo veo en tu cara, hueles el miedo a la mierda esparcida por todos los bajos del pobre Joseph hasta que despertó su sagacidad y decidió untar unos papeles con aloe y vender paquetitos -no rollos- de 500 a medio dólar con su firma impresa, para que te cagues en él, será, al menos, hasta que lleguen las tres conchas.

    Por favor, decidme que esta entrada la habéis leído en el lavabo.

    Visto en: Dudas retretiles.

  • Basaltar. Humor, negro

    Y aquí comenzamos con el primer post de año obviando a los de pura propaganda (la cual ojalá fuera sufragada con el mismo amor con el que un niño deja 20 céntimos de sus padres en la funda de guitarra de un músico callejero) y que son entradas intencionadamente ocultas ya que difícilmente es contenido que aporte más que cuatro perras y sobre el que no escribiría nunca por motu propio -y que al pasar desapercibidas comenzarán a aumentar transparentemente-, motivo por el que la directiva de Tupu & Tamadre Corp, propietaria de Un Lagarto Abuhardillado así como sello productor de los álbumes de Stracciatella’s Sound Escape, vuestro conjunto coral favorito que llena estadios allí donde pasa gracias a la alegría y belleza de la Les Paul de su carismático líder, ha decidido esconder bajo la alfombra, ahogando sus gritos de dolor por doquier salvo su categoría específica.

    Camel

    En otro orden de cosas, y saliendo de la cabeza de Frank Zappador, en nada vienen los reyes, ¿Juancar y Sofía?, no, los Reyes. Ahora sí, debe estar en mayúsculas como en el catálogo de juguetes de El Corte Inglés, que lo contrario despista. Según BBC 2 vienen de Irak, Iraq, Irac, Irish Republic Army of Quark o como se escriba ahora, en bonitos descapotables y traen una Nintendo DS. Luego Jeremy Clarkson despide el especial navideño de Top Gear. Tururututututururu… Y vienen en camello, como las drogas, todo del mismo sitio, ciertamente, pasearán por nuestras calles más céntricas así como por TVE (imagino) independientemente de si vives en Murcia, en Gerona o Lacatañaz… Catalañaz… Catola… o en Burgos. ¡Y qué felices somos todos que vienen Sus (nuestras) Majestades los Reyes Magos! Es una de las putadas de convertir España en una república, conociendo a la gente que se dedica a la política en nuestra curtida de piel de toro, que ya es cuero, seguro que impiden cualquier movimiento monáquico en su terreno y nos quedamos sin regalos.

    Quiero hablaros de las cabalgatas. Afortunadamente esto no es más que un paripé frívolamente maquinado por los ayuntamientos y, si acaso, alguna organización de vecinos con pelas en una tiente mientras cobro plácida relación multicultural de mutuo respeto de papel cartón. De ahí viene mi cabreo. ¿Que no hay negros, gente «de color», afroamericanos, inmigrantes con o sin papeles o qué? Y no lo digo con ningún tono racista, pero si el fulano que hace de Ron Weasly en el cine es un pelirrojo porque han encontrado un pelirrojo que funciona y no ponen a un crío enchufado a hacer el paripé, cojones, organizadores de cabalgatas de reyes del mundo hispánico, ¡dejad de pintar al secretario de la gerencia de la concejalía por muy bien que nos caiga y desfalque! Hostias. Primero, porque los críos se pispan, que quieren caramelos pero no son subnormales y jugáis con su inocente ilusión. Segundo, porque con tan grotesca cantidad de parados no cuesta nada (cruzo los dedos) dar de alta y de baja a una persona en la Seguridad Social y tenerlo contratado una semana, cotizando, por ayudar a preparar las carrozas o lo que sea y, de paso, que tire unos dulces a las viejas el día grande. Que si los centros comerciales pueden poner a un tipo pasando calor disfrazado de «Santa» -ridículo nombre- con una campanita, qué menos que un Baltasar negro, por Dios (que acaba de nacer).

    Va siendo hora de hacer estas cosas bien, que es fácil. No a las barbas de pega con gomita, pues no es necesario que compitan con la de Gandalf en tamaño y conque dejen de afeitarse un par de mesecitos y superen el umbral del picor esto ya sale rodado. Que me expliquen qué pinta un conjunto de bailarinas brasileñas junto con gente con antorchas de aceite, esto no sé si lo entiende un niño, pero yo no. Que les den un animal a los pajes y las pajas, que no nos vamos a creer que los protas vienen en caballo o en camello y sus ayudantes han atravesado desiertos tirando de los bichos a pie. Joder, si tienen que poner pajes, que les presten un pony o una mula…

    Y me despido porque mañana entro a las ocho y… claro… ¡CALATAÑAZOR! Eso era. Buenas noches y felices regalos, que habéis estado todos muy buenos este año.

    Visto en: Reyes.

  • Pizzeros cuarentones o clavos ardiendo al horno de leña

    Vamos a escribir una entrada el día de las bromas, aunque sea algo seria, para aprovechar el tirón. Bien, resulta que, al menos fuera de Italia, todos deberíamos distinguir entre pizzería y restaurante italiano. Personalmente pizzería es un local de comida rápida (aunque no suela caracterizarse por la velocidad con la que la sirven) de alguna cadena como Telepizza, Pizza Hut cuando existía o grupos de carácter local con pocas franquicias y aspecto provinciano en el que la pizza es el plato principal, aunque también tengas ensaladas. Por otro lado, un italiano es un restaurante regentado y regido, como España por Juancar, por una familia o al menos por una persona descendiente del mismísimo emperador Adriano, que si bien era hispano, pasaba por latino antes que por vacceo, por ejemplo. No tiene por qué ser así, pero a todos nos resulta raro entrar en una tienda de chinos (también conocida como «chinos» debido a nuestro afán simplificatorio por su parecido con los pantalones y anteriormente como «Todo a 100″) y que la sonriente señora maquillada con esfuerzo, excesivo, por cierto, diga aquello de «Buenos días» y la entiendas a la primera mientras miras pelotas de juguete para perros y bebés, que todo vale hoy día. Si es china es china y debe expresarse como tal. Multiculturalidades las justas. Pues lo mismo que los restaurantes italianos, que si no son italianos, argentinos o paraguayos (por el gran número de emigrantes), me entran ganas de estampar la margarita y dejarla de bandera, que para eso está.

    Pizza boy

    Ahora, continuando con el post, un restaurante italiano donde trabaja gente de 50 años, el dueño, por ejemplo, que lleva 30 en el negocio, es simpático a la par que irrelevante. En cambio, no me jodas, que vayas a una pizzería, tengas que soportar a una panda de adolescentes mintiendo sobre cuánto se emborracharon el finde anterior, y veas que entra un tipo canoso y tatuado con casco bajo el brazo, después de dejar esa sucia y roída Motocilla Firefox de 49cc y se ponga a hablar de sus dos hijas y se te quita el hambre (no os preocupéis, vuelve rápidamente).

    Pero joder, en serio, sé que no está la cosa para mirar con recelo ningún empleo ni mucho menos y es una manera loable como la que más de sacar una familia adelante, olé sus cojones, claro que sí. Pero de verdad, pensemos en ello, el de repartidor de pizza, mensajero publicitario (en castellano, spammer andante), camarero de discoteca, estudiante de la Hamburguer University o camello de poca monta son los trabajos de mierda que nuestros colegas o nosotros mismos (porque hostias, yo iba regalando tarjetas de crédito y Visa Oro porque sí en medio de un centro comercial un verano) hemos buscado y aceptado, casi todos hemos pringado para sacarnos unas perrillas durante un tiempo, ya sean los fines de semana, un verano o unas navidades… Pero con vistas de avanzar. Son los empleos temporales típicos que busca la gente que se va de casa, veréis; aterrizas en el extranjero, en la Mansion Playboy por decir un sitio y… bueno, otro cualquiera menos aburrido, y necesitas pagar el alquiler de un piso ruidoso flanqueado por portorriqueños y vietnamitas, pues saltas por las escaleras de incendios y, ¡coño!, Panucci’s Pizza, fijo que en este vomitivo antro neoyorquino hay un hueco para alguien como tú. ¿No os habéis dado cuenta que los repartidores de pizza dejaron de ser adolescentes aspirantes a concursante de espectáculo de Telecinco que se lían con el cambio para ser adultos extranjeros que se lían con el cambio?

    Me da mucho mal rollo.

    Visto en: Domino’s Pizza.

  • Qué regalar a tu pareja (si fuese yo)

    Hola, buenas noches. Sentaos. Las chicas primero, aquí, más cerquita, que quiero que atiendan mejor. Ah, se siente. Eso es, así, gracias. No, ahí estás bien, no te molestes, sí, sí, da igual. Bueno, ¿se me oye? Genial. Bien, bien, sacad papel y boli porque aquellas jóvenes que tengan la fortuna de estar con un atractivo genio como yo, ¡hola, abuela!, y aún no sepan qué envolver en papel de colorines y colocar a los pies del árbol de plástico de todos los años están de enhorabuena. La verdad es que hay cosas específicas y concretas más propias de mí y alguna que (creo) es válida para cualquier chico de mi edad, década más, lustro menos. Tranquilidad, que no vais a encontrar ni un cándido «Feliz 2011» pintado con Cariocas ni un Aston Martin, son productos relativamente accesibles, relativamente. ¿No soy un cielo? Es para comerme(la). ¡Bruto!

    En fin, comencemos, que os despistáis ahí al fondo, dejad de mirar por a ventana… ¿Está buena? Pues entonces.

    ¿Hola? Es el mayor

    Auriculares Marshall Major

    ¿Qué es? Son unos preciosos cascos «orejeros» producidos y diseñados por la marca británica especialista en amplificación de sonido Marshall Amplification. ¿Cuánto cuesta? Con envío, 105€, me han llegado ya pero prefiero reservarlos para Navidad así que ni los he catado.
    Soy un enamorado de Marshall, tengo hasta una camiseta oficial, de estas corporativas que se supone que lleva la gente que trabaja allí. Sí, es enfermizo. Se me han estropeado los Panasonic retro y el lanzamiento de estos auriculares ha sido una señal. Es lo único de la lista que he pedido debido a que los otros andan jodidillos y me han regalado. Un gran regalo, sin duda alguna.

    Tubos, 30W

    Amplificador Vox AC30

    ¿Qué es? Un amplificador de guitarra que funciona a válvulas ampliamente utilizado en la historia del Rock de la empresa británica (también, sí) Vox, un icono como la copa de un pino, yo tengo el Pathfinder 10, su sobrino pequeño, delicioso. ¿Cuánto cuesta? Pues depende de si queremos un modelo de los originales, uno de los de ahora, uno nuevo, uno usado, uno firmado por mí… Pero es caro, es un capricho sinsentido por mucho que se mire. Hay complementos para guitarra más asequibles, trípodes, correas de cuero que pesan demasiado…

    SpotiPhone

    Cuenta Premium de Spotify

    ¿Qué es? La opción de disfrutar de la música disponible en Spotify desde el teléfono siempre que haya cobertura 3G. ¿Cuánto cuesta? 120€ un año. No hay más opción.
    A veces hay gente que ve que has cambiado de teléfono por uno de este estilo (del estilo de los caros) y quiere regalarte algo, una funda, unos altavoces, unos cascos, un accesorio que amplíe o mejore la cobertura y la batería etc. Bueno, como de eso ya tengo, me pido algo para el propio teléfono, y es esto. Simple, ¿verdad?

    ¡¡Zeppelin POWA!!

    Altavoces Bower & Wilkins Zeppelin

    ¿Qué es? Se trata de unos bonitos altavoces en los que conectar un iPod, un iPhone, un ordenador o una sartén, con un diseño que me emociona. Si puedes, ve a una tienda especializada en sonido y pruébalos, te encantarán. ¿Cuánto cuesta? Demasiado como para que piense realmente en tenerlos antes de vivir en mi propia casa, 600€.
    Lo sé, no es nada nuevo mi amor por este cacharro, pero lo tenía que decir.

    Zeppo

    Libro «Led Zeppelin: Shadows Taller Than Our Souls»

    ¿Qué es? Un libro que recorre la historia de un mítico grupo británico, ¡yepa! del que me considero un fan más, pero de los fans gordos, que han titulado en España como Led Zeppelin: Los Dioses del Rock y que a mi juicio puede llevar a confusión con uno de los libros más famoso sobre ellos, Hammer of the Gods, pero bueno. Lo he hojeado en El Corte Inglés e incluye multitud de fotos con una gran calidad, chascarrillos, imitaciones de los flyers de la época que hacen que agradezcas que el libro incluya una caja como funda porque son esos detalles simpáticos que, bueno, perderás. ¿Cuánto cuesta? 42€. No está mal para una persona que sabe leer. Si en cambio buscas algo para alguien que, además, sabe o intenta tocar, pásate por Musicroom y mira.

    ¡Luz!

    Objetivo Sigma 30mm 1.4 para montura 4/3

    ¿Qué es? Un clásico de mis listas de deseos, un objetivo luminoso y equivalente a un 60mm montado en una Olympus. ¿Cuánto cuesta? 447€.

    De Corto tiene poco

    Cofres de Corto Maltés, por Hugo Pratt

    ¿Qué es? Cada cofre incluye una selección de historias del marinero creado por Hugo Pratt, personaje que como sabéis, a mí me chifla. ¿Cuánto cuesta? El primer cofre tiene un precio de 38€, hay tres cofres, los dos siguientes son 49€. 136€ en total. Con un cofre ya cumplís, y dejáis los otros para otras ocasiones, porque tampoco me parecen precios ajustados.

    Para el invierno

    Abrigo largo Formal Shawl Collar Coat de Paul Smith

    ¿Qué es? Un abrigo largo y caro del diseñador, británico, por cierto, Paul Smith, el de las líneas rectas de colorines. ¿Cuánto cuesta? Mucho. 859 Libras, en Euros debe ser insultante.
    Sí, ¿qué pasa? Me gusta. Y mucho. Hoy, en pijoterismo ilustrado… un capricho de quita en primavera y pon en invierno. Es precioso. Gracias que existe Zara. Allí hay abrigos similares, alguno de los cuales pueden llevarse incomprensiblemente con el pecho y el cuello al aire. Quién dijo frío.

    Kindle Solplesa

    Amazon Kindle

    ¿Qué es? Un lector de libros electrónico de la famosa tienda de internet Amazon. Permite conectarse a su librería y comprar allí mismo los libros que queramos, porque todo está hecho para gastar, menos el 3G, que por lo visto no te lo cobran. ¿Cuánto cuesta? El modelo básico, con el que iría sobrado pues confieso que no devoro libros (pero el aparato me llama la atención) sale por 109 Libras, unos 130€. Bastante bien sino fuera porque me apaño de lujo con el teléfono.

    BROOM!!

    Silla y volante para PS3

    ¿Qué es? Un asiento de coche deportivo que tiene enganchados unos pedales y un soporte con el volante y el cambio de marchas ¿Cuánto cuesta? Me gusta la idea, el concepto, el invento en sí, pero no he mirado ninguno concreto. Tiene pinta de ser caro, pero para jugar a un juego tipo Gran Turismo con el mando normal, me quedo con el Mario Kart y sus conchas explosivas.

    New York, New York

    Libro New York, Portrait of a City de Taschen

    ¿Qué es? Un libro sobre la evolución de la que posiblemente sea la ciudad más importante del mundo, detrás de Castrejón, publicado por la conocida editorial Taschen. ¿Cuánto cuesta? Lo vi en El Corte Inglés y no me fijé, no lo encuentro en su web. Taschen lo valora en 70 dólares. Os aseguro que merece la pena, realiza un bonito paseo temporal recomendando películas, álbumes musicales y libros con los que continuar la caminata.

    75 Years of DC Comics. 75Kg de libro

    Libro 75 Yeas of DC Comics: The Art of Modern Mythmaking de Taschen

    ¿Qué es? Pues resulta que DC es una marca de zapatillas para patinadores, esquiadores, grafiteros y demás vándalos con pelas. Pero no. Se refiere a la pionera publicación que parió Superman y Batman, con eso ya debería ser suficiente para llamar la atención de los curiosos y aficionados a la mitología. Ya que al fin y al cabo, los estadounidenses, que no disfrutaron de la herencia grecorromana, tiraron de tinta y pincel para desarrollar sus propios superhombres. ¿Cuánto cuesta? No se vende aún, pero lo soltarán por el exagerado precio de 200 dólares, así que esperad.

    Me gustan los hombres XXX GAY

    Colonia Bruno Banani Made for Men

    ¿Qué es? Una coña.

    Y esto es todo lo que se me ocurre, porque soy un niño caprichoso (aunque hay juguetes que venden como molones que no me llaman) y por ello me impido tener una tarjeta de crédito. Gasto lo que tengo con cierta cabeza, compro alguna cosilla y espero a que la gente haga el resto, porque este año he estado muy bueno, o lo he sido. Da lo mismo, me entendéis. Espero que os sirva de inspiración. Lo mismo en unas horas, con la Lotería pasada y muchos milloncejos en los bolsillos os estiráis y me dejáeis caer algún detallín. Gracias.

    Visto en: Y quiero…