Categoría: Pensando en alto

  • ¿El cine en crisis?

    Ayer por la tarde quedé con un amigo para ver una película, 21 Blackjack. Me gustó bastante y la recomiendo aunque sea solamente por la presencia de Kate Bosworth, no entiendo el por qué, pero últimamente me ha dado por las rubias.

    Bueno, el caso es que pensábamos que el precio de las entradas se mantenía, 4 euros con algo, siempre nos hacían descuento por ser estudiantes, creo que es algo que hay en todas las comunidades autónomas. Así que nos presentamos y cogimos las entradas sorprendidos: dos entradas por 10,80€ ¿Pero esto qué es? Pues lo que parece, que una entrada con descuento de estudiante sale casi por cinco euros y medio. Una auténtica pasada, así que más valía que nos gustase el film. Creo que el hecho de que saliese Kevin Spacey era una garantía.

    No contento con este varapalo, mi amigo decidió comprarse una cocacola en la tienda del propio cine, no nos había dado tiempo de ir con las provisiones de fuera, así que al volver me confiesa tristemente: «tío, tres cuarenta la puta cocacola mediana, más que una consumición en algunos sitios, ¡y está aguada!»

    Con semejante percal pesábamos que seríamos los únicos pardillos en la sala, ya que por sentido común el resto se habría acojonado con el precio y hubiese preferido no ver ninguna película, menos aún sin descuento, que eran 6€ por persona. Ciertamente, no hay mucha diferencia con respecto al precio joven-estudiante, pero al final de la noche se nota.
    La sorpresa fue mayúcula, pues aunque teníamos asientos numerados no quería decir que todo estuviese completo. Pero lo estaba, la sala se llenó. Así que no consigo entender que se diga que la gente no va (vamos) al cine, que encima de aceptar el atraco, tragamos como borregos. No así como con el subvencionado cine español, donde da igual hacer caja o no, ya tienen unos impuestos que lo pagan. En cambio, alguien tendrá que costear los sexys modelitos de las jóvenes y rubias actrices extranjeras.

    Visto en: Cinebox Vallsur.

  • Enganchándome a Mecano

    Unos metros más y ya habré terminado de cruzar a la otra acera. Lo digo tal cual lo pienso: Mecano ha sido lo único bueno de la -ojalá nunca hubiese existido- Movida, y posiblemente (gracias a José María Cano) el mejor grupo Español que ha habido. Por desgracia es recordado por llegar tarde al no haberse puesto el maquillaje, je, je.

    Pero el grupo tiene melodías (y letras) que escapaban a mi conocimiento y que, una vez escuchadas, no hacen otra cosa que no sea dar a replay. Esto sucede con los discos Entre el cielo y el suelo, Descanso dominical y Aidalai. Vamos, la mitad y última etapa, porque «Me colé en una fiesta» no me aporta gran cosa, como era previsible.

    Me fascina que hayan tratado temas como la esclavitud, muerte, drogas, Almodóvar, la Corona, el sexo, Penélope Cruz o el Dalai Lama con tanta clase, imaginación, musicalidad y coherencia. Vamos, que dudo que la SGAE estuviese de acuerdo en aceptar sus letras políticamente incorrectas y a ver cómo se las apañan, tendrían que recurrir al rap cual Tote.

    Para sincerarme debería reconocer que yo soy uno de esos niños que creció escuchándolos en el coche porque eran las cintas que tenían sus padres (eso y King Crimson, pero nunca me había dado por recuperar momentos poperos de mi niñez) así que ahora, a los 19, me descubro Bailando Salsa.

    Sólo me cuestiono si ripear los cedeses de mis progenitores o descargarme el recopilatorio (torrent). Bueno, ya lo he decidido.

    En fin, no sé qué más puedo decir. Tendré que permitir que Malkav me quiera romper la cabeza mientras me inculca su música de emo… pero el que prefiera que se vuelva a Senegal.

    Visto en: Youtube.

  • El castellano de Valladoliz

    Son las seis menos ocho minutos de la madrugada y he bebido, con esto quiero retomar mi antigua manera de escribir post, la de mencionar la hora un sábado por la noche y la de hacer referencia a los dos litros de cerveza que he ingerido, porque me han liado. Eso, y la preciosa chica de ojos marrones que desconocía pero que nos acompañaba, claro.

    En fin, que en el curro estoy trabajando en una web de una escuela de español para extranjeros, principalmente ingleses, rusos y japoneses ricos, en la que se promociona la ciudad como la cuna del castellano y, por tanto, el mejor emplazamiento para estudiarlo.

    Quitando las connotaciones marquetinísticas de la frase, seamos sinceros, aquí no hablamos bien, ni aunque Pérez Reverte se empeñe en ponernos de ejemplo.

    Yo, mismamente, intento decir Pucela en lugar de Valladolid porque me cuesta pronunciar «lid» y lo acabo en «liz», como Daviz, Madrid… Vamos, que según tengo entendido los catalanes lo acaban en «t»: Valladolit, y nosotros en «z». Eso, sin contar con el leísmo, que gracias a Cristo y todos sus seguidores no he adopatdo, así puedo asegurar que hablo con una mediana calidad, y por ello mismo servir de ejemplo. Pero aún así, aquí no se habla el mejor castellano, ni de lejos. Si acaso, el menos malo. Siempre y cuando no preguntes a un pijo que te responda «o sea, ¿qué?».

    Y sí, esta es la reflexión de hoy. Que me quedaré a jugar al Tony Hawk en la DS y luego a ver si duermo algo. Porque qué carajo, hoy lo he pasado bien, y ya iba siendo hora.

    Visto en: La neurona que, nuevamente, sobrevivió Dios sabe cómo a la Guinness, Carlsberg y Mahou.

  • 2 formas de entender Flickr

    Sobre lo que opinaba de la incursión de vídeo en Flickr ya hablé hace meses, cuando empezaban a aflorar rumores, casi hace un año. Y bueno, de lo que podía pasar a lo que ha pasado, se ha quedado todo en algo a medias, ni para ti ni para mí, aunque motivo suficiente como para plantearse la finalidad del servicio.

    En parte, es lo que llevo haciendo desde que me enteré anoche. ¿Para qué sirve Flickr? Y perdonad si estáis saturados por tanto flic, flic, flic, que parece ser, se habla más de esto que del lanzamiento de Leotard en su tiempo.
    Bueno, a mi juicio Flickr puede verse como una moneda, dos caras y un canto. La primera y en la que me encuentro, como almacén y salvaguarda de fotos, de las vacaciones, por ejemplo. Es mi mentalidad de, «ya que lo pago…» y así llevo una semana subiendo las que hice por mi tourné europea, que fueron algo más de mil disparos, es decir, 8 gigas y pico. Esto se comprende muy fácilmente, toco y experimento demasiado con el ordenador y las posibilidades de tener que formatear cada mes o mes y medio no me permiten almacenar los datos en local, y no barajo la posibilidad de crear una partición para los archivos de este tipo porque ya me he apoltronado a la comodidad que es encender un ordenador, cualquiera, y ver tus fotos.

    La otra es la de utilizarlo como sala de exposiciones, que al principio creo que es lo que hacemos todos, entre otras cosas porque no pagamos y nos limitamos a subir las que consideramos mejores esperando que alguien llegue y nos la marque como favorito. Después ocurre lo mismo pero sin subir exclusivamente las bonitas – o al menos así lo creo yo-.
    Una muestra de que no comparto este método es que mis fotos están bajo licencia CC -que no estoy seguro de lo que me cubre- y cualquier mindungui que vea alguna y le guste se la podrá llevar en máxima calidad sin decirme ni medio «hola». Por contra podemos encontrar casos de gente que las muestra en un tamaño pequeño y sin opción de guardarlas, aunque haya trucos.

    El canto es utilizar ambas opciones, o comprenderlas por igual.

    Ahora con la posibilidad de almacenar vídeos la cosa podría cambiar, no mucho si tomamos imagen y vídeo como el mismo objeto, pero sí me resulta extraño que alguien utilice Flickr como biblioteca personal de vídeos, cuando estos están delimitados a minuto y medio de duración. Falta lo más importante, las reacciones de la gente y los vídeos que se suban, si pueden identificarse como artísticos, anecdóticos o por el contrario, ha sido una patada en los huevos de los usuarios la idea de que sean como fotos, pero se mueven. Lo que está claro es que, hasta la fecha, es lo mejor que he encontrado para guardar y mostrar mis fotos.

    Visto en: Flickr Blog.

  • La gran mentira del motociclismo actual

    Conducir una réplica de 50cc de la moto de Rossi no te convierte en él por mucha cara de velocidad que pongas y ruiditos con la boca hagas.

    Visto en: Paseo de Zorrilla.