Categoría: Pensando en alto

  • Menores frente a internet, ayer y hoy

    El otro día me metí en Tuenti, como cada martes, para ver si había pasado algo interesante en la vida de algún colega y porque me sonaba que próximamente es el cumpleaños de uno, pero no recordaba ni cuándo ni de quién. Ya entonces tenía en mente cerrar mi cuenta, perfil, página o lo que sea en ese «servicio». Se ha convertido en el nuevo Fotolog, no estoy descubriendo América diciendo esto, lo sé, pero con lo bien que estaba Fotolog muerto…

    No me gusta nada mezclar internet y familia, pero cuando empiezas en esas mierdas de redes sociales es difícil mantener una línea divisoria y defenderla ferozmente. En definitivas cuentas, que claudiqué y permití a algunas personas «cercanas» invadir mi intimidad social. Empecé con un primo que va a hacer 18 y a los pocos días se acopló su hermana, va a hacer 13. Primero pensé, «¿Qué cojones hace una cría aquí?» Parece ser que la gente de Tuenti (a los que ya se les está yendo el tema de las manos) hicieron un barrido completo y se cepillaron a todas las personas menores de 14 años. Esto es una tontería, no hay forma de saber a ciencia cierta la edad de nadie con un formulario, si para acceder a Tuenti tienes que haber nacido, como mínimo, a partir de una fecha, con especificar una fecha anterior ya estás dentro (el requisito de las invitaciones es un cachondeo).

    A modo de experiencia personal, cuando yo era más crío y no se había comenzado a expandir la banda ancha en España y alguien intentaba acceder a una página con contenido para adultos sucedían dos cosas, que el index de la web tenía dos enlaces, uno que te llevaba a las fotos tamaño 150 por 100 píxeles de unas tetas, y otro con el texto «Exit» que enlazaba a la página de Google o a la de Disney. Imagino que habréis vivido todo esto igual que yo. Dar al botón de entrar significaba una confrontación entre el deseo y la moralidad de cada uno. No había más filtro que ese. Y por lo que se ve no han evolucionado para nada. Probablemente para un niño estadounidense con unas ideas del bien y del mal más bíblicas sí tenga el resultado esperado, como en las películas donde muestran a un chaval dudando entre hacer algo malo y empieza a sudar y uno piensa «Joder, no es tan difícil, si fuese yo lo habría hecho hace rato». Aquí no tememos tanto el castigo, creo yo. Y en fin, que una vez aprendimos a borrar el historial y la caché de nuestro Internet Explorer 4 ó 5 ya nos creímos dioses. Dioses que jugaban al Pokémon emulado en un Pentium II, pero dioses al fin y al cabo.

    Por aquél entonces las crías no eran como las de ahora, no tenían teléfonos con cámara con los que hacerse fotos en el móvil, con flash rebotado, empezaba a ser normal lo de llevar móvil, se vivió un auténtico boom y decían que Nokia vendía 70 terminales cada minuto. Una locura. Pero bien, siendo sinceros, a las niñas sí que les gustaba exhibirse, había discotecas para menores donde hacerse la borracha con un chupito de cerveza (y ya me parece demasiado), revistas con portadas llenas de fotos de los macizorros de la tele, maquillaje, tacones etc. Nadie sabía maquillarse, nadie sabía andar con tacones y por mucho que se dijera nadie sabía qué hacer con el cuerpo de aquél maromo (todavía con pelos en el pecho, apurando, que quedaba poco para que llegaran los metrosexuales), pero hombre, todos hemos tenido esa edad, y los tíos empezábamos a conocer nuestra fuerza y las tías (que llegaban antes a ese punto) jugaban a ser señoritas. Todo un caos de hormonas.

    Volviendo al presente, esta chica se había hecho una de esas fotos y había etiquetado (esto es, asignar a una parte de la foto un cuadradito donde se supone que hay una cara) a todos sus contactos entre los que me encontraba. Y al verlo, flipé. Puse cara de «Esta juventud se va a la mierda», como la que ponen nuestros abuelos cuando ven por la tele un botellón -y razón que tienen-, y me quité mi cuadradito. Con el panorama se me olvidó mirar la fecha del aniversario, me di cuenta a las dos horas o por ahí así que volví a entrar y, ¡sorpresa!, me habían «etiquetado» de nuevo en esa absurda foto de niña desmadrada al más puro estilo lolita de High School Musical, pero vestida (porque no tiene nada que mostrar). De nuevo me desmarqué y directamente me desligué de toda relación con este proyecto de persona que lo tendría bien jodido para ir pasando de curso en la ESO si no fuera por la basura de leyes que crea el Ministerio de Educación.

    Siguiendo con ella como ejemplo, sus padres le regalaron un portátil por aprobar su curso (o por hacerlo sin haber suspendido más de dos, no recuerdo bien), algo que a todas luces se ve como malo para alguien de esa edad. Yo no tuve ordenador propio hasta bien llegados los 15. Mis padres siempre me decían que tuviese cuidado con Internet, que no me metiese en chats etc, etc, lo del hombre que regala golosinas con droga a las puertas del colegio, pero a los 2.0. Está la economía como para ir regalando vicios. Se debía principalmente porque internet era algo realmente nuevo y la gente lo desconocía. Ciertamente estaba lleno de trampas que terminaban en peticiones de tarjetas de crédito o programas que se conectaban a la red telefónica para chorizarte, aquellos dial-up famosos que murieron con el ADSL. Y aunque hoy en día navegar de forma segura es mucho más fácil que hace nueve o diez años siempre está el miedo lógico a que tu hija caiga en una red de pedofilia. Bueno, las cosas claras, si le pones en la mano un móvil pepino, un portátil para ella sola y no tienes ningún control sobre sus estudios ni sobre lo que hace con esos aparatos, más te vale ponerte a rezar para que la chavala salga bien.

    La única manera de «proteger» a los menores hasta de sí mismos que me parece factible es recurriendo a la biométrica como ya expliqué, sobrecargando las máquinas de la policía revisando cada acceso (como hace la Universidad de Valladolid, por ejemplo). Pero sobre todo, y esto ya suena a tópico, la culpa es de los padres que les facilitan vestirse como putas, que estén pendientes de dónde se meten sus retoños y que bloqueen las páginas que consideren necesarias, porque tecnológicamente hablando no podemos ayudar a que crezcan mejor. Y que por mucho que se empeñen los políticos, aquí no tienen nada que hacer, como en tantos otros ámbitos donde meten sus corruptibles narices.

    Visto en: Era el día 10, que sí que lo miré.

  • Las camisetas de «I ♥ …»

    Ahora que se empieza a notar muy ligeramente el fresco (al menos de noche) y la gente apura sus últimos días de bronceado quiero hablar de las camisetas que llevan algunas chicas, las que heredan de la conocida consigna «I ♥ NY».
    Estéticamente no son gran cosa, una camiseta blanca con ese mensaje y sus variaciones. Bueno, puede que la original fuese así, las de ahora son unas camisetas muy largas (que hay quien lleva casi a modo de vestido cubriendo con ella su delicado cuerpo) y tipografías que abandonan la Times original y dibujos que se inspiran en la marca neoyorquina, pero poco más.

    Ese corte largo y veraniego es tremendamente sexy. De hecho, hoy mismo en un autobús, me he dejado enamorar un rato por una pelirroja preciosa, con la cantidad justa de pequitas, de esas que tienen la mirada, esa mirada y esa expresión que dice «Soy guapa, estoy buena y lo sé», es una mirada que me pierde. De verdad, era un rostro espectacular, no quería que se bajase nunca del bus, iba diciendo para mi interior «Que no se baje, no, no te bajes, no, Dios, estás tremenda» y se giró, se contoneó como sólo las chicas realmente atractivas saben hacerlo (no se trata sólo de físico, hay una conducta que no se adquiere en ningún centro de cirugía estética ni ninguna peluquería, es una pizca de arrogancia divertida que me atrae sobremanera) y al darse la vuelta, porque por más que yo quisiera se iba a bajar, dejó ver unas letras en el dorso de su camiseta que rezaban: I ♥ me more. A eso me refiero con lo de que está buena y lo sabe. Me levantó una sonrisilla y, aunque me quedé mirando cómo desfilaba demostrando una seguridad en sí misma apabullante, no me levantó nada más, que tampoco soy un mono.

    Estas camisetas son unas prendas que pegan realmente bien con minifaldas y sandalias. No me preguntéis por qué, pero me parece que van así. Y no lo digo porque sea una manera fácil de enseñar cacha, sino porque como la bajada de la camiseta llega hasta hasta tan abajo, la minifalda debe aportar una sensación de seguridad de que si se sube la camiseta no se verá nada, pero desde fuera la ilusión es que «sólo» lleva eso. Como toda la ropa que es aparentemente grande y tiene una forma un poco baggy, de bolsa, pues es aprovechada por las chicas más rellenitas y consiguen un efecto contrario, a través de la camiseta se notan esos kilitos y con la minifalda y las piernas (que en muchos casos están arqueadas) más gordas el resultado no es el mismo que el de mi muy profundamente amada pelirroja, oh, diosa de la tierra prometida de la lujuria.
    Algún día debería escribir más en serio sobre por qué si a una modelo algo le queda bien es probable que a otra chica le sienta como el hojaldre. Pero eso, otro día.

    I love my boy

    Otra cosita referente a las camisetas de amo tal y cual son las camisetas I ♥ my boy. No sé cómo será en otros sitios, pero aquí en Pucela Capital se han puesto muy de moda y se venden de maravilla. Y es que hay que reconocerlo, son las reinas del cotarro de todas las camisetas I love. Son, de largo, a las que más partido se les puede sacar. Son las camisetas de los putones, pero joder, es que el que tuvo la idea es un puto genio. Tienes 14, 15 ó 16 años, los «novios» te duran dos ratos, ¡pero la camiseta no! Da igual que ahora la chica esté con Juanjo 1, cortarán y podrá vestir igual cuando comience a salir con Juanjo 2. El súmmum de la moda. A mí me parecen unas camisetas increíblemente útiles.

    Vamos, hasta soportaría regalarle una a la pelirroja y que luego la lleve mientras está con otro. Pero sé que no lo hará, esa chica, por ser, seguro que es hasta buena persona. Qué extraño concepto tengo de la fidelidad, la leche.

    Visto en: Madre mía, soy una maruja.

  • Dar limosna y la mendicidad artística sufragada

    Va a sonar terriblemente hipócrita que diga que no acostumbro a dar limosna a nadie cuando tengo la manía de mendigar clics en la publi, pero así es uno. No suelto monedillas por costumbre, pero también por convicciones. No tengo problema en mirar para otro lado. Y es que para mí, la gente que profesa una mendicidad profesionalizada debería ir a prisión (o de vuelta a Bulgaria).

    En una ocasión, a las puertas de una iglesia en Roma, de viaje de instituto, nos pusimos a echar un mus, dos grupos, ocho personas. Era de lo poco que había a la sombra, estábamos en un rincón y el templo tenía las puertas cerradas así que supusimos que no estorbaríamos a nadie que quisiera entrar o salir. Cuando ya llevábamos unas manos apareció una mujer de unos 50 años con un cartel mirando a «esos locos extranjeros jugando con cartas y bolitas de papel», se colocó al lado y nos echó poniéndose muy chula, porque durante las siguientes cuatro horas esas escaleras eran suyas y de nadie más (a no ser que saliera el párroco o llegara un carabinieri). Nosotros nos piramos, no teníamos intención de montar bronca y menos aún fuera de nuestro país.

    Esta anécdota que os he metido doblada al más puro estilo abuelo cebolleta es un ejemplo de cómo funcionan estas cosas. Si hace cuatro años y medio eso me parecía mal, triste y pobre; ahora me parece mal, sucio y un negocio redondo. Y como tal, como negocio controlado por mafias, debería perseguirse a pie de calle. ¿Cómo? Fácil, con una ley, decreto-ley, normativa o lo que sea que convierta la mendicidad en delito. ¿Injusto? No si matizamos correctamente.

    Mendicidad

    Como he dicho, en muchos casos la rumana que vemos en la misma esquina todos los días no es la misma rumana, sino que ha venido el relevo y hace el mismo ruido. Ruido muy molesto, por cierto. No es como un cambio de la guardia real del palacio de una gran casa real, no, nada de eso. Simplemente una persona que grita «¡Una ayudita por favor!» recoge su cartón mientras llega otra con otro cartón gritando lo mismo, ambas con un vaso de McDonalds en la mano y unas monedas que juntas no llegan a 40 céntimos. La primera persona cogerá un autobús o subirá a una furgoneta -conducida por un varón- que hace una ronda recogiendo gente así mientras que la recién llegada se arrodillará hasta el siguiente turno. Con precisión. No conozco cómo es por dentro pero es fácil imaginar un sistema jerárquico donde una familia oprime a otras que llevan menos tiempo en el país y la solución más rápida y sencilla es ponerse a pedir. Y yo, que soy un tío elegante, me siento molesto por este panorama en la acera. Así que con esta gente, mano dura. O al menos hacer que se callen y pidan silenciosamente y en unas zonas controladas.

    Artistas y mutilados

    Aquí llega lo difícil, hay gente que pide porque realmente no tiene ningún otro medio de vida (y si ese medio es poner a un niño a mendigar o a levantar carteras, a la hoguera con ellos también) y se ve forzado a vivir en la calle y pedir dinero para comer, literalmente. Y esto es así y en todos los sitios pasa. Suelen ser vagabundos que también se enfrentan entre ellos para obtener un hueco privilegiado en una transitada calle de alguna capital. Si se ilegalizase la mendicidad la policía haría la vista gorda con esta gente, igual que con las drogas, no se intenta eliminar a los camellos de poca monta (o mendigos normales), hay que ir a por el iceberg entero incluyendo capos (o mafias de mendicidad).

    Lamentablemente hay dos «colectivos de pedigüeños» que merecen ser vistos con otro prisma, los mutilados y los artistas callejeros (no me refiero a perroflautas con diábolos). Los primeros me dan muy mal rollo, las cosas como son, ves a alguien que hace años era un humano normal y ahora no tiene cuerpo más abajo de las rodillas o sólo un brazo, marcando el hueso en el codo convertido en muñón, muy desagradable. Por la cara de estas personas saben que o bien han sido adictos a la heroína y de tanto picarse perdieron una extremidad, o bien lo siguen siendo. Para estas cosas soy muy categórico. Como no me salgo de estas casillas me niego a soltar dinero para ayudar a alguien a que pille caballo o alguna mierda, se muera un poco más y encima me dé las gracias con la cabeza torcida y la mandíbula inferior desencajada.

    Veterano trompetista

    Finalmente los que sí me gustan son los «mendigos activos» y es que me da pena llamarlos mendigos, pero «músico callejero» tampoco suena demasiado bien, y menos si no se trata sólo de músicos. Pero ciertamente, lo más corriente es que sea así.
    No todos son buenos y no a todos les echaría una moneda, pero se la merecen y se la ganan de verdad. No entiendo lo cruel que puede ser el destino que prepara Santa Cecilia para estos pobres, que Bisbal, con las mierdas musicales que hace y lo mal que folla (que se oyen cosas por ahí) esté donde está y un pobre negro con rastas y gafas de sol (de noche) que domina el saxo como nadie y que querrías que te acompañara todo el camino hasta tu destino esté malviviendo en un albergue, con su instrumento en mal estado y con unas expectativas de futuro tan desalentadoras. Es muy de hijo de puta comprarse un Mac y no darle al chaval más que una mirada de agradecimiento espiritual, porque con eso no se come, lo sé. Acepto los cargos de cabrón. Pero no tan rápidos, ElGekoNegro tiene un plan.

    Todas las ciudades tienen una serie de calles peatonales (que suelen estar juntas) con más ajetreo que el resto. Aquí en Valladolid tenemos la calle de Santiago que recorre desde la Plaza Zorrilla a la Plaza Mayor y es en la que se centran muchas tiendas, las calles colindantes son de ese tipo. Calles con comercios, con escaparates bonitos, con mucho trasiego de gente etc. Bien, yo, después de sacar la ley de penalización de la mendicidad, haría audiciones para estos músicos y los colocaría ahí. Por descontado que no puedes meter a todos, señores gordos tocando la guitarra hay a patadas, sudamericanos disfrados de indios americanos con una flauta de pan también hay para parar un tren. Habría que escoger a los mejores, al saxofonista de antes, a esa chica de Europa del Este que tanto dominio tiene con el violín. Se escogen varios y se colocan estratégicamente, donde su música pegue bien con las tiendas cercanas; si su repertorio es clásico, pausado y calmado, los de la relojería de lujo no tendrían problemas en tenerlos cerca, si es algo más animado puede encajar con la entrada de un Pull & Bear, ambientes que encajan.
    Además de eso no estaría mal acercar más cultura a esos lugares, un caricaturista o un espectáculo de guiñoles que sea suficientemente bueno, tal vez una pareja de acróbatas o bailarines (de los de Fama no, yo quiero gente con nombres de verdad). Y aquí viene lo importante, ponerles el sueldo mínimo interprofesional a esta peña. ¿De dónde lo sacas? Pues está claro que no puedes subir impuestos a toda una ciudad por algo así, aunque ni se notaría en el bolsillo porque es poco dinero a pagar entre cientos de miles de personas, pero siempre habrá algún gilipollas (que será la oposición política en ese ayuntamiento) dispuesto a decir que no es un sistema justo para los aspirantes a los puestos y que aunque no se haya dicho cuánto van a cobrar seguro, seguro, seguro que es abusivo y soltar semejante idea es una desfachatez. Así que no queda otra, inflar ligeramente la factura a los establecimientos de esa zona. Así, por la cara. Y aseguro que funcionaría. Si bien ahora mismo, con la economía por los suelos, añadir 15€ al mes al pobre anciano que regenta la cuchillería desde que era aprendiz puede suponerle un golpe muy fuerte en la cuenta, pero hay que ser dudo, si no lo puede pagar que lo deje, que seguro que encuentra locales más baratos en otra zona y seguro que hay empresas dispuestas a pagar ese plus por establecerse en una calle así. O eso quiero pensar.

    Visto en: Y de los que se quedan mirando y aplaudiendo el espectáculo y se piran cuando pasan la gorra también debería hablar.

  • De la semana en la que me convenció mi PS3

    Parece que hay bastante gente dudando entre consolas y la verdad es que internet es un hervidero de seguidores de varios bandos. Yo ya comenté varios puntos donde fallaba la Play y hace poco dije que habría segunda parte, bueno, pues aquí está. A ver si sirve de ayuda. Actualmente hay puntos que ya han mejorado, el tema de la vibración del mando, por ejemplo. Ahora os comento.

    Hace unos fines de semana quedé con un amigo para comer (en su casa), preparamos algo como pudimos y pasamos la tarde viendo un partido en el recién estrenado Gol TV y luego nos pusimos a viciarnos tanto a la Wii como a la Xbox 360. La segunda la había probado anteriormente pero nunca había jugado a la Wii, y claro que tenía ganas.

    Comprendo a la gente que rechaza esta opción de primeras porque lo que ofrece es lo mismo que lo que ofrece la DS pero te quita algunas cosas, y es que jugar sólo a la Wii debe ser un coñazo like a house of big. En cambio tanto Sony (que ya intentó lo de los movimientos con EyeToy) y Microsoft apostaron por los jugadores de la vieja escuela, mucha máquina, potencia y todo eso con lo que babean los hardore-gamers. A mi me parece una puta estupidez, uno de mis juegos favoritos de la Play es el Little Big Planet y los gráficos que se gasta no son nada del otro mundo pese a entrar por los ojos. Y es que, bueno, las cosas claras, la calidad gráfica (que no visual) no intenta ser el punto fuerte del juego. Es algo parecido a lo que pasa con World of Goo (recomendadísimo juego para ordenador que deberíais bajaros a la voz de ya, lo hay tanto para ventanas, pingüinos y manzanas).

    El problema que le veo a la Wii es que si vives en un piso compartido y tus compañeros disfrutan jugando, será un triunfo; si no tienes problema para llevarla a una fiesta o a un botellón casero, será un triunfo; si juegas de pascuas a ramos y nadie juega contigo, te la comes con patatas. Patatas Resort ahora.

    En fin, dejamos eso aparcado (en segunda fila al menos) y vamos al tema. Xbox 360 y PlayStation 3.

    Economía

    «La 360 es más barata y puedes piratear los juegos», sobre el papel, sí. Cuando estuve mirando yo consolas las cosas estaban parecidas, pero había trampas. Y es que el modelo decente de la Xbox me costaba casi tanto como la Play, porque yo desterré de pleno la Xbox básica. Y curiosamente a mí la primera Xbox me gustaba más que la PlayStation 2, pero aquí, por características, ganaba la japonesa.
    Y aún hoy, como comenté en el primer post, las conexiones de la Play es lo que realmente le dan vida, porque no me jodas, no se puede vender una consola de «alta definición» y que lo más decente que te metan sea una salida por componentes. Además, la antena Wi-Fi de la de Sony es una delicia y no se cae (a no ser que se caiga el router). Xbox 360, directamente, no se puede conectar por Wi-Fi, y no, pillar un adaptador y andar de ñapas con la máquina estando pendiente de más dispositivos no me parece una opción saludable ni para una economía normal ni para alguien que busca meter un juego y a rular.

    Sobre el precio de los juegos, pues sí, la puedes piratear (súmale otros 50 napos del ala) y puedes bajar los juegos. Aquí no me meteré en el tema de si es rentable o no, pero para mí, que compro dos o tres al año con mucha suerte, no me lo parece. Soy de los que prefieren tener su caja con su manual. Además de que si ya tardo en descargar una película de varios gigas, ni me planteo ponerme a bajar juegos a mansalva sólo por probarlos pudiendo decir a Amazon que me los envíe, por favor, y que no cuesten mucho. Pero eso, que aquí cada uno verá.

    Espacio sobre la mesa

    «La Play es un monstruo». Pues sí, mi consola es un puto mueble, la nueva no, por eso se llama Slim. Pero la mía tiene una ventaja, el transformador va incorporado, y en la Slim también. ¿Qué quiere decir esto? Que tengo un cable del enchufe a la máquina y otro de la máquina a la tele. Se acabó, no hay más cacharros entorpeciendo el camino ni desprendiendo calor. Si te la llevas por ahí no tienes que estar pendiente de si se te olvida algo o no.

    Internet, un mundo por explorar

    No he probado el modo on-line de la consola de Microsoft, pero sé que tienes que pagar y que si está pirateada no puedes.
    Yo no juego demasiado con la Play, su conexión a internet la utilizo para ver algún episodio desde Seriesyonkis y cosas así. Pero cuando he jugado ha ido bien. Sin cortes ni ralentizaciones ni nada.
    Además, hay una cosa que Xbox no tiene y me parece muy interesante, la plataforma Home. ¿Para qué sirve? Pues yo «ligué» con una rusa una noche y al día siguiente me habló un tío:

    James: r u alone?
    Geko: aint gay.
    James: ok bye.

    En efecto, la Play 3 tiene un sex-appeal que ya quisieran otros. O eso, o mi avatar de fucker tiene a todos locos.

    Y sinceramente, yo eso lo probé porque es gratis, que si me dicen que para meterme en ese mundillo tengo que pagar, adiós, aunque fueran 15€ al año. Iban a pagarlo dos personas, el jefe de Sony y su puta madhrtfjildvlchrcjvkbehjfdv n.

    Luces de colores, lo pasaré bien

    Allí me planté y en su fiesta me colé, Coca-Cola para tooooodos y aaaaalgo de beber. Pero no, si hay luces de colores rojas, mal. Si es en la Play es que está enchufada pero apagada. Si es en la Xbox es que está enchufada pero cascada. Y mira, me importa tres cojones que tarden dos semanas en repararlo, todas las cosas de más de cien euros deberían estar tan, tan, tan bien revisadas que cualquier error de este tipo debería terminar con un juicio contra la división de juegos de Microsoft. Es que me parece vergonzoso que tras tanto tiempo que llevan vendiendo las consolas (años) y tantas pruebas y cambios que han hecho en ella puedas llegar a tu casa un día, querer viciarte a algo y ver que de a noche a la mañana se te ha jodido todo. Que eso suceda con las primeras unidades, que todavía la máquina no había hecho el rodaje, pues se entiende. Pero ahora mismo me parece incomprensible.

    Experiencia de cine

    Aquí la Wii no tiene nada que decir. Llegas con un lápiz de memoria, un iPod, un disco duro o lo que quieras, lo enchufas por la entrada USB, lo enganchas desde el menú, lo exploras y a disfrutar la vida en alta definición. Que para eso has pagado una pasta por un maldito cable con pizcas de oro.

    Conclusiones

    En el post original dije que la Play tenía que mejorar en varios puntos y creo que con la Play 3 Slim lo ha hecho. Estéticamente no me parece tan llamativa como la mía, pero tiene más disco duro, menos tamaño y, lo más importante, menos precio. Vamos, que si estuviese pensando en comprarme ahora mismo una consola, lo tendría bien claro.

    Pero no pienso en eso, pienso en que los hijos de perra de Activision metieron una mierda de tracklist en el Guitar Hero World Tour y que ahora veo las canciones de los de Metallica, Greates Hits y, sobre todo, el Guitar Hero 5 (con un tema de King Crimson, por el amor de Dios, se han puesto las pilas de una maldita vez). Y me pongo a llorar, porque el mío es peor y van a sacarme más dinero. Cabrones.

    Que al fin y al cabo esto es para pasárselo bien. Pero cuanto más tiempo pasé jugando en aquél fin de semana, más me gustaba mi mueblecito negro brillante con la tipografía de Spider Man. Creo que acerté.

    Visto en: ¡Flame! I’m gonna live forever.

  • Buy Tamiflu

    Últimamente me llaman la atención dos cosas de la publicidad. La primera, que te ofrezcan insistentemente productos a los que no puedes acceder. No me refiero a que me pare por la calle un comercial de Porsche intentando convencerme de la calidad de sus deportivos o de por qué debería tener uno, además de que daría una pésima imagen corporativa. Me refiero a que varias compañías telefónicas llaman al teléfono fijo de mi casa ofertando sus rapidísimas y baratísimas líneas ADSL o por cable cuando a mi calle no llega nadie más que Telefónica. Con esto pasan tres cosas, que o bien les explicas que están mal informados porque no podría contratar eso debido a la falta de infraestructura, les cantas un villancico, o bien les sigues el rollo siendo amable y cortés hasta que ellos mismos se ponen colorados intentando explicar que «debido a un error de nuestro departamento de ventas hemos de informarle de que no podemos ofrecerle el servicio acordado en la zona donde reside». Todo muy cómico y que suele terminar con un «¿Y para qué diantres me llamas, carapito?».

    Y la segunda cosa es el SPAM (que a mi me gusta escribir en mayúsculas) que llevo recibiendo tanto en las cuentas de correo como el que detiene Akismet.

    El SPAM del miedo y la necesidad

    Hasta ahora cuando abría esos buzones me solía encontrar con el SPAM típico, el que llegas a echar de menos cuando no está, ese correo que insiste en regalarte una fortuna de un premio de lotería africano, una herencia, relojes falsos baratos, software tirado de precio, palés de Viagra, preciosas parejas de origen ruso o los más que conocidos sistemas de alargamiento de mástil. No sé, esa clase de SPAM a la que uno le coge cariño. Y es que no hay nada más triste que abrir Gmail y ver que no tienes ni correo basura para limpiar, que ni las garrapatas de internet se han acordado de ti.

    Ahora ese entrañable mensaje ha mutado, de ofrecerte servicios prescindibles (todos podemos vivir con nuestros penes de 23 centímetros, ¿verdad?) ahora atacan por la vía del miedo y la confusión. Malo, SPAM, malo.

    Esta captura muestra unos mensajes de mierda internetera que no pasaron de Akismet;

    Compra Tamiflu

    «Compra Tamiflu», ¿por qué? Por que de lo contrario morirás. Van a saco. No son tan explícitos pero se pilla la idea. La famosa gripe de los gochos parece no tener un fin próximo y aunque no me parece algo tan alarmante (yo pasaré de vacunarme, lo tengo claro) es una fuente de ingresos, porque nadie necesita estar palote mas tiempo o con más firmeza para vivir, es un extra, pero todos necesitamos vivir. Y estos perros viejos lo saben. ¿Quieres hacer tu polla más larga o quieres hacer tu vida más larga? La prioridad está clara (para casi todos).

    No me he molestado ni en hacer ni en buscar un estudio que indique la efectividad de este nuevo tipo de SPAM, imagino que los que estamos acostumbrados a pasar por sistema del de los Rolex de palo pasaremos también del de los medicamentos. Pero sí estoy al tanto de que cada vez hay más hipocondríacos y que, sobre todo en Estados Unidos, la gente se medica sin el control que ello precisa, es decir, que sí es fácil encontrar un público dispuesto a comprar el conocido Tamiflu, y que no me extraña, si hay personas que se gastan el dinero en un Colt de imitación comprado destrangis porque creen que puede salvarles la vida, ¿cómo no van a pillarse las pastillas a bajo precio si tienen la misma función y pesan menos en el bolso?

    Visto en: Si no enlazo al vídeo de los Python me disparo yo mismo.