Categoría: Pensando en alto

  • Gente normal con nombre de cani

    Sucede algo raro con esto porque siempre pensamos que los canis tienen nombre de cani (o en su caso un apodo donde José sería «eL pEPito t0h WaP0») y por ende, la gente normal tiene nombres normales (o apodos donde José sería «Pepe»). Ahora bien, resulta que hay gente normal que tienen nombres de cani. Y eso te choca.

    Por ejemplo, te presentan a una persona de aspecto normal, sin anillos ni chicle en la boca llamada Alberto y no se enciende ninguna alarma. Te presentan a un hombre trajeado, bien peinado, sonrisa de anuncio de Signal llamado Kevin y tienes que pedir que te repitan el nombre. Vale, sí, reconozco que es un tinte algo light de xenofobia, pero por mis cojones que es así.

    Ahora vayamos con las tías. Un amigo tuyo quiere presentarte a una chica que dice ser su novia, se llama Noelia, como la canción de Nino Bravo, pues perfecto, la ves y es una chica normal, ni alta ni baja, ni flaca ni gorda, ni muy guapa ni fea y con su punto simpático. Ahora bien, se llama Vanessa (a tu mente viene, por instinto, «La Vane»), te imaginas a una dependienta de supermercado o de alguna cadena de ropa menor de Inditex, crees que llegará rascándose la vagina y escupiendo, gritando «¡Cómeme el coño!» para luego reír a carcajadas. Ya de imaginarlo da repelús. Y al llegar ves a una chica completamente normal, bien vestida y educada que no hace otra cosa que poner ojitos a tu amigo pero con su punto de carácter. Te descoloca por completo.

    Hay padres que son unos cabrones.

    Pensando un poco llegaremos a la situación de ver normal que una abuela llamada «Jessi» saque a pasear a su nieto llamado Marcos, por ejemplo, o que un Jonatan aparezca en la lista de algún partido político para unas elecciones. Qué miedo.

    Visto en: Próximamente, ¿cómo es posible que un cani se llame Rodolfo?

  • La gente que aplaude a Belén Esteban

    Todos conocemos a Belén Esteban, en cambio, hay quien duda cuando le preguntas si Ortega y Gasset era una o dos personas. ¿De quién es la culpa? Del gobierno, de los padres, de la tele o de los jugadores mercenarios que no sienten los colores. Da igual. El problema seguirá estando ahí aunque se cambie de gobierno, puede que mejore si cambian los padres, para que la tele cambie han de cambiar los gobernantes y los padres y los jugadores de fútbol son profesionales que, como tú y como yo, si encuentran una empresa (equipo) que les ofrece unas condiciones mejores (y recordad que no todos son Cristianos ni Messis) pues acuerdan el contrato. ¿O es que si a ti los de Gestenfeiser te ponen en la mesa un sueldo de 5000 al mes, piso con jacuzzi y coche de empresa con conductor por el mismo trabajo que haces ahora por 800, viviendo con tus padres y moviéndote en patinete no aceptas? Pues eso, mercenario de mierda.

    Orgullo poligonero

    Que levante la mano quien quiera ahorcar a Belén Esteban, cortarle la cabeza y colgarla en una pica en la Plaza Mayor para que nosotros, pueblerinos venidos a gente de capital, podamos escupir en su cara siempre que queramos. Hostia, cuánta gente, pues nada, si ya está decidido se acaba el post.

    Pausa.

    Que no… Sinceramente yo nunca he aguantado ni sus formas ni sus maneras ni su estúpido orgullo barriobajero (TeleCinco style), ni mucho menos esa infumable coletilla navajera que es «¿Me entiendes?». Lo peor, bajo mi punto de vista, es que hay gente (tanto gente con pene como gente con vagina y hasta Amor) que asegura que bajo esas ojeras se esconde una mujer que en su día fue guapa. La verdad es que me suena que llegó a portada de Interviú, pero ni lo he buscado porque con eso se me cuelga el Ubuntu fijo. Sinceramente, por muy insufrible que sea (y digo insufrible, no particular ni carismática ni simpática ni pollas en vinagre) esta arrugada, amiga de los gritos y con un amplio espectro de conversaciones que van desde los padres de Jesulín hasta los churumbeles de este (y puesto que ella misma asegura que no habla de nada más y que le pagan por ello, no criticaré -pero que sepáis que me jode seriamente y me irrita) no tiene ninguna solución. Es decir, su hija seguirá creciendo hasta que sea mayor de edad y puedan ahorrarse el pixelado en la cara para hacerle fotos junto con sus colegotas y su novio en un botellón. Belén hablaría, bueno, chillaría, que por favor («Y por favor he dicho, ¿eh?») no fotografíen a su Andreita saliendo de un Kebab, Durum en mano, con su Jonatan. No hay solución, bueno, podría coger a Jeri y liarme a descargar plomo, pero ya aprendí gracias al Actor Secundario Bob que aunque realmente hagas justicia y des al pueblo lo que en lo más profundo de su corazón desea, yo sería castigado por el propio pueblo. No desenfundaré.

    Lo que sí tiene solución es intentar sacarla de la televisión, ¿cómo? No viendo los programas donde la sacan a que diga alguna tontería para luego reírse de ella. Pobre, y tal. Y eso es extremadamente difícil debido a las personas, porque pese a sus pecados son seres de Dios y hay que cuidarlos, que aplauden y apoyan a Belén Esteban. Angelitos.

    Esta enorme panda de soplagaitas, ineptos y estúpidos donde encontramos desde quinceañeras hasta jubilados (varones), apoltronados en su sofá cual aficionado gritando «Árbitro cabrón, teviá matá cuandu ti vea» independientemente de cómo vaya el partido y cómo jueguen, pues la diversión está en esa salsa visceral, en la zona alta (de pobres) de un estadio.

    Estos personajes, ataviados con su chándal, sus zapatillas de felpa con escudo medieval bordado y una mancha circular de grasa en el pecho o estas madres enjoyadas que por la tarde vuelven de aparcar el Volvo todoterreno tras recoger a sus hijos del Liceo y llevarlos a hípica confluyen en un mismo punto cuando al encender el televisor presionan el 5, con rima. Y dicen, dicen… «Di que sí, ¡Arriba la Esteban!» ¿Cómo voy a ir yo, que tengo una paciencia limitada y un gusto exquisito, y reprimirme? No, señor. Yo soy un hombre de bien, con fundamento, rico, rico, un caballerete con las suficientes agallas de encontrarse en esa situación y, ¿coger la pipa? No, pedir, «Mamá, ¿puedes hacer el favor de bajar el volumen de la tele?».

    Eso es todo. Muchas gracias y buenas noches.

    Visto en: Sálvame, qué irónico, que nos salven a nosotros.

  • Darte cuenta de que tienes que cortarte las uñas

    Los cuidados personales opcionales están siempre aceptados y bien vistos, las necesidades no. Es decir, puedes llamar a casa de alguien y que no esté disponible en ese momento porque se esté afeitando, depilando o lo que sea, y te lo dirán con naturalidad. En cambio si esa persona se ha ido al baño a replantar el Amazonas dependerá de la cercanía que haya entre quienes conversan, que lo dirán bajito o darán un rodeo ridículo en lugar de soltar un carismático «le pillas jiñando, luego le digo que te dé un toque». Cortarse las uñas está a medio camino. No estamos obligados a cortárnoslas como tampoco estamos obligados a cortarnos el pelo o, como decía, depilarse o afeitarse, pero sí es algo que solamos hacer porque nos lo pide la naturaleza como el ir a mear o descomer.

    Coño, qué uñas, ya toca

    No sé cómo funcionáis vosotros, pero yo me olvido de mis uñas. Una noche me meto en la cama y noto cómo las de los pies tocan las sábana, o voy a coger algo y me veo la mano con unas uñas ya crecidas. Se produce el momento, «Anda, pues me tengo que cortar las uñas». Y ya está, a la mañana siguiente sales de la ducha y coges el cortauñas, ese instrumento magnífico que lleva toda la puta vida con nosotros y que no es algo que te salga al decir cosas que llevar a una isla desierta, pero que echarías de menos en muy poco tiempo. Por eso los venden en los aeropuertos, junto con los cascos Sony de colores.

    A parte de eso, ¿para qué sirven las uñas ahora mismo? Supongo que para lo que todos sabemos de almacenar células muertas y tal, pero con todos los años de evolución… ¿qué utilidad tiene? Si eres tío sólo sirven para atornillar algo cuando no tienes las herramientas a mano, y cuando pretendes hacer eso es cuando te las has cortado. De crío cogí la costumbre de cortármelas siempre todo lo posible (para que durase más) de forma que en alguna ocasión hasta me ha sangrado un poco, pero para tocar el violín era más cómodo. Si eres chicas sirve para pintarlas (o no) y mostrarlas. Nada más. No nos engañemos, aunque ya no haya rascas (de los de rasca y gana) todos preferíamos hacerlo con una moneda porque nos ensuciamos menos.

    Y este es el pensamiento de hoy. Supongo que los que tengan la mala (aunque no sé por qué) costumbre de morderse las uñas no lo habrán disfrutado tanto como los demás. Que se jodan.

    Visto en: Manos y pies.

  • Regalar regalos

    Llevo un rato dando vueltas a todo el tema de los regalos. Quiero decir, siempre tenemos la idea de que un buen regalo ha de ser caro. Creo que hay que partir de que si un regalo se está esperando, mal plan. Eso de «¿Quieres algo en concreto?», de ir avasallando a la persona a la que se regala debería estar penalizado con una multa, y yo soy el primero que lo hace.

    Quiero decir que se debería buscar ese puntito de magia, de ilusión, de nervios al ver el papel envolviendo el paquete y de nervios ya al decirte que hay un regalo para ti. No esa rutina de abrir sobres como cuando recibes pijadas de DealExtreme o de algún fulano de eBay. Creo que me explico. No esperar nada y de repente, blop, «Mira, para ti».

    Bueno, eso me ha pasado eso hoy. Una persona que no tiene ningún tipo de «deber» o de obligación como quien planea un ramo de rosas para el día de la madre me ha sorprendido muy gratamente y de verdad que ahora mismo no sé qué decirle más que muchas gracias.

    Todo el proceso me parece un regalo, no es ir a Amazon a gastarse 35€ en un videojuego previa pregunta de si lo tiene el otro ya o no. El pensar qué meter en el sobre, cómo colocarlo, enviarlo, molestarte en que el contenido le guste a esa persona demuestra más interés y cariño. Todo es un regalo.

    Y como veo que me está quedando ñoño prodeceré a soltar una ristra de insultos: hijo de puta, cabronazo, puta escoria social, anormal de mierda, puto borrego, cenutrio de mil pares, malparido, no hay adjetivo que describa lo gilipollas que puedes llegar a ser, de no conocerte pensaría que eres listo, aborto de Falete.

    Gracias. Eso es todo.

    Visto en: Buzón.

  • Windows y Mac no son empresas

    Vosotros, que sois una panda de adorables lectores tremendamente freaks lo tenéis claro (o eso quiero pensar), pero hay gente que no pasa 25 horas al día frente al ordenador. De verdad, hay gente así y sí, son normales, más que vosotros. Pero esta gente, que navega dos ratos al día y uno es para mirar el correo, no está tan al día en asuntos empresariales de los últimos 25 años (ironía lo de «al día») y para ellos el Word es ese programa de escribir que todos tenemos pirata y que han hecho los de Windows.

    No «los de Windows» como «los que hicieron y hacen Windows», si no «los de la empresa llamada Windows». Y desde hace un tiempo los iPod y el iPhone son los cacharros «de los de Mac», cuando todos nosotros (que somos muy listos) sabemos que Windows es un producto de los muchos que comercializa Microsoft (un sistema operativo) y Mac es un ordenador (y un sistema también) que viene del Macintosh diseñado a escondidas por un empleado de Apple (que terminó con su culo en la calle para más gloria de Tito Jobs, quien se agenció la idea) hace un huevo de tiempo y que ha estado evolucionando hasta ahora.

    Pero eso, los de Windows son los de Microsoft y los de Mac son los de Apple.

    Visto en: Cómo me gusta meter puyitas manzanoicas.