Categoría: Pensando en alto

  • Chapas sobre hielo

    Acaban de concluir los Juegos (que no deportes) Olímpicos invernales. Sí, a todos nos la ha soplado y con razón. España «se ha traído» cero medallas, ya veis, estas cosas parece que no se consiguen. A ver, no es de extrañar, nos hacen creer que somos mediterráneos; sol, playa, gorros mejicanos de paja en las fiestas (algo que no he comprendido nunca), cervecitas (en contraposición a las enormes jarras bávaras) y poquito más. Y eso que montañas tenemos unas pocas y esquiadores famosos los ha habido, pero no, somos unos paquetes en estas cosas. Y no es por fastidiar, pero hasta Kazajistán (Gran Nación) se ha llevado una, ¡y de plata!.

    Viendo la clasificación me extraña ver el mal puesto de Canada, terceros. En primer lugar Estados Unidos. Hay una guasa respecto a esto y es lo que me ha hecho ver con cierta sorpresa el resultado (aparte de conocer que Canada siempre ha jugado como local en todo) y es que prácticamente el 70% del hielo de los estadios estadounidenses es canadiense. Lógicamente las regiones limítrofes disponen de agua congelada para aburrir, pero la zona central y el Sur lo compra a Canada y lo lleva en bloques mediante varios camiones frigoríficos. «¿Y cómo lo sabes?», preguntaréis los más avispados. Pues es una historia muy corta, así que ahí va, cuando tenía 15 años conocí a una canadiense estudiante de Literatura Irlandesa, de 16, pasamos un par de tardes juntos (puede que alguna más, pero nada que pueda llamarse «salir») y aparte de sorprenderse de que yo supiese situar Toronto y Ottawa en un mapa me explicó cómo funcionaba la NHL, la cual, como tantas otras ligas, comparten entre ambos países. Se llama Kate, supe que estaba estudiando Ciencias Políticas en Boston y no tuve más noticias suyas hasta Facebook. Cotillas.
    Con esto quería dejar claro que aquí EEUU hace un poco de Jamaica, isla donde el hielo lo conocen por la Coca-Cola, sólo que en esta ocasión con un resultado muy meritorio.

    Si ellos pueden nosotros no vamos a ser menos. Sólo tenemos que encontrar o inventar un juego que atraiga a la gente y animarse a que se federen. Propongo las carreras de chapas sobre hielo. Ya tengo lema para la campaña de lanzamiento: Menos rozamiento, más velocidad, el mismo impacto. ¡Hazte con todas!. Porque obviamente o aquí nos echa una mano la gente de Matutano y The Coca-Cola Company o nos dan por saco. Y ya está, más divertido que el Curling y menos sexista, ¿qué es eso de ir barriendo?
    Además que la superficie puede reutilizarse si tiramos de las mesas de Hockey-Mesa, valga la redundancia, otro de esos juegos que debería profesionalizarse.

    ¿Quién se apunta?

    Visto en: Vancouver 2010.

  • Tiendas de duplicados de llaves

    Marchando una entradita con sabor old-school. A lo stand-up comedy, ¿os habéis fijado aguna vez en esas tiendas que viven de copiar las llaves de otros? ¿No os da miedo? Quiero decir, no es que en el fondo sean desconocidos con acceso a tu casa y derecho a bufé libre, es que directamente son desconocidos a los que les facilitas un acceso a tu casa. Es una profesión de riesgo. Pensad en ello.

    Keys.

    Otro punto interesante, ¿por qué son zapateros? ¿O qué? No me parece ni medio normal. Los zapateros arreglan zapatos: cambian suelas, ponen más tacón, hacen cositas de cuero, artesanía pura en el siglo XXI. ¿Y esta gente? Fíjaos en sus locales, que suelen encontrarse en los Carrefour, placas de matrículas falsas en la pared (yo compré una, por cierto, pero no es el momento de decir para qué), un accesorio que gira con varios llaveros (con llaves de diferentes familias) como si se tratasen de Chupa-Chups en una gasolinera, y placas de WC tan horteras que no se ven ni en una discoteca de menores. ¿Cómo podemos fiarnos de ellos? Ya no sólo por la casa, que al final y al cabo tendría que estar investigando dónde vivimos, pero es que también hacen copias de las llaves de un coche, tanto las que funcionan con radiofrecuencia como las más vintage donde tienes que introducir la propia llave en la ranura de la puerta y luego en el contacto. Estas últimas bueno, pero joder, no se me ocurre manera manera más rápida e higiénica de robar un coche. Estás tú ahí, en tu negocio, viendo pasar gente y ojeando el periódico mientras las máquinas de prensado hacen lo suyo, pim, pim, entretenido, aparece un hombre sonriendo, de esos que fingen que siempre tienen prisa, te pide que hagas una copia de una llave, te deja un llavero de Porsche. Tú le dices que encantado, serán 10 euros, bajas al garage del centro comercial o lo que toque, un coche así salta al ojo y no hay tantos como para que la aventura te haga perder un rato majo. Coche nuevo.

    Para cuando te quieran empezar a buscar ya estarás en México disfrutando de unos margarita, o, en su defecto, traspasando Irún y comenzando tu vida clandestina. Montarás un negocio similar en otro país hasta que la Interpol te ponga el mote de «El Duplicador», Marvel sacará una serie dedicada a ti, «El Duplicante», que alcanzará la gloria en «Spiderman contra El Duplicante». A los tres años la película protagonizada por Di Caprio.

    En serio, estos negocios son muy chungos, quiero pensar que se mantienen en pie gracias a una red de contrabando de droga oculta tras tanta parafernalia, porque de lo contrario está claro que hay mucho Duplicante por ahí suelto. Sólo hay que decir que, de pequeños, ninguno de nosotros tuvo un amiguito cuyo padre se dedicara a esto, ¿verdad?

    Antes de despedirme, una última cosa, por si se alinean los astros y encontráis novia y vais a vivir juntos, necesitaréis hacer una copia de la llave (aunque sea de la casa de tus padres -este chiste es muy de monólogo-) y para ello terminaréis recurriendo a uno de estos negocios, ¿cómo encontrarlo? Muy fácil, olvida las páginas amarillas, olvida internet y olvida los once-ocho. Lo más eficaz. Ponte en cualquier punto de cualquier localidad de España y para a cualquier persona, pregunta, «Perdone, ¿una tienda para hacer fotocopias por aquí cerca?». Y la respuesta tipo siempre, siempre fue, es y será, «Pues allí en la esquina copian llaves, pero no sé yo si fotocopias…». Y es que tienen razón, joder, si hacen copias de llaves que es, a priori, jodido de cojones, ¿cómo no van a hacer copias de folios? ¡Si está tirado!

    Habéis sido un público excepcional. Muchas gracias, espero que hayáis disfrutado. Gracias. ¡Hasta la próxima!

    Visto en: Micro y taburete.

  • La fidelización en los tiempos del coolera

    Eso de fidelización es una palabra con un significado muy sencillo: hacer que los clientes vuelvan, que sean fieles a un producto. Que repitan con la elección del cine o que compren siempre la misma marca de salchichas. No hay más concepto. Centrando esta idea en el negocio de internet substituyamos clientes por lectores (es decir, personas que leen, consumen información, no dejan de ser clientes) y producto por, por ejemplo, un blog, un portal, una web en definitiva. Hay gente que escribe, relativamente bien, sobre lo importante que es mantener un grupo de seguidores fieles, que en el fondo es lo más importante para una página. Yo digo que mienten y, además, nadan en piscinas de hipocresía.

    Un buscador se balanceaba sobre la tela de una araña

    La entrada podría haberla escrito el mismo Capt’n Obvius en persona, pero es que, de verdad, me toca los cojones con tanta ira que me desgasta el escroto. No os dejéis engatusar , no os quieren, no sois especiales para ellos. Alejaos de estos falsos profetas que prometen kilos de amor por cada byte. Si os follan no es por tener un contacto más directo con cada uno de vosotros, es porque es fácil, rápido y, sobretodo, cool. Si no te contestan no es que esté muy ocupado con su protoempresa o conociendo a su futura ex-novia, es que no le importas como individuo, vaquero. Les importa Google. A tomar por culo el rollo social, ¿verdad? Eres una prescindible unidad dentro de sus miles de números que cada colaboran engrosando su AdSense y su Analytics, y quieren que vuelvas para que mantengas esos números. Si te envían un correo con caritas sonrientes no es que les caiga bien, es que si fuese una carta del club de Carrefour parecería demasiado formal a la par que barriobajero, qué tétrico, pero es la misma esencia.

    Aquí dejo mi aportación, aprovechando que ahora todos pueden dar de palos al malogrado (sí, una forma televisiva de decir kaput) Nino Bravo en base a un aniversario, yo me uno con ternura, con miedo y con locura. Perdonad que no llegue a los agudos.

    [dewplayer:http://www.nadanuevo.com/audio/ninobravo.mp3]

    Visto en: Abril del 73.

  • Viajes en el tiempo

    Quiero regalaros unas palabras acerca de los viajes en el tiempo. Nunca hay que ir hacia atrás. Esto lo aprendimos todos viendo Gárgolas, la serie aquella de unos monstruos que despiertan en Nueva York siglos después. «La pregunta no es dónde estamos, sino cuándo». Desde los albores de la ciencia ficción se ha pensado que el hecho de poder viajar en el tiempo implica cambiarte de posición a la par. No he llegado a comprender por qué. Hay gente, estúpidos buenistas, que afirman que utilizarían una máquina del tiempo (ya sea una cápsula unipersonal, una nave espacial o un asiento como en la obra de Wells y la película dirigida por su nieto, yo os recomiendo las dos cosas, que no me cuesta nada y si sólo os animo a leer un libro así me lo tiráis a la cara porque no salen los Jonas Brothers para colorear), para evitar la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Lincoln, la Guerra Civil, la desaparición del Imperio Autro-Húngaro, poder chocar esos cinco con Jesucristo o cualquier otra soplapollez (aunque lo de Jesús molaría cantidad). Me hacen especial gracia las de los héroes, no sé si piensan presentarse en Berlín en los años 30 e intentar que Hitler no gane las elecciones, como he dicho al comienzo, no sé cómo pretenden llegar a Berlín, supongo que en tren. Si fuese a tierras bíblicas y se encontrasen en el mismo sitio que ahora mismo ya sería más complicado. A lo mejor prefieren ir al día del nacimiento de Stalin y, a lo Herodes, cargarse al crío para que no desarrolle la carrera política-armada que todos conocemos. Hay que tener cojones para tener un bebé entre las manos y cepillárselo, sea quien sea. Además, yo, personalmente y le joda a quien le joda, tengo claro que la guerra constituye un medio imprescindible para hacer avanzar la cultura, si esa frase no te parece mía o no la compartes echa la culpa a otro, que a mí me la trae floja, matizaría lo de cultura y lo corregiría sustituyéndolo por tecnología, y ahora sí que no me lo discute nadie. En definitiva, una única persona, por mucha buena fe que gaste, no habría sido capaz de evitar derramamientos de sangre equivalentes a millones de litros. Es así. Ya existieron buenas personas entonces y no lo consiguieron. Y aún evitando un único hecho no tendrás la certeza de que esa explosión violenta surja, como la muerte de la mujer del viajante en la película, spoiler y tal. A esto habría que sumar la conocida consecuencia de cuidado con lo que tocas que lo mismo luego ni naces, cenutrio McFly.

    Perdonad que me pierda, pero es que esta es una de esas entradas que siempre he querido escribir y tengo bastantes cosas que contar. Siempre me ha gustado creer que realmente existe una diminuta, liliputiense como los de Guliiver (otro libro de viajes, estoy que me salgo), del tamaño infinitesimal de un electrón posibilidad de que, juntando unos determinados elementos, girando unas determinadas tuercas y golpenado unos determinados componentes cual televisión de tubo de rayos catódicos podamos vernos a nosotros mismos dentro de un tiempo especificado. «Tal cosa es imposible», ¡jamás! Y pese a todo nunca he visto nada de Dr Who. De momento la única solución viable es viajar hacia el Oeste, ganando horas al reloj, pero no cuenta.

    Cuando digo eso de ir al futuro no me refiero a dentro de unos siglos, no pretendo realizar saltos seculares, eso lo hacía Hari Seldon con suma elegancia, conociendo de antemano qué pasaría en cada momento tras largos cálculos psicohistóricos. No, en absoluto, nada que ver. Soy mucho más egoísta. De crío me imaginaba mi vida con 14 años. Cuando llegué a los 14 empecé a pensar cómo sería yo con 21. Ahora tengo 21 y está claro que mi cuerpo me pide saber qué me depara el futuro y nunca he tenido en cuenta lo de las cartas, y la línea de la palma de la mano pese a que vaya por la vida disfrazado de Corto Maltés.

    A veces es una situación excesivamente frustrante. Desearía poder utilizar una de estas máquinas y correr hasta dentro de un pequeño puñado de años, regresar aquí y no acordarme. Sí, carece de sentido, pero sería injusto tener nociones sobre el futuro que voy a vivir, no sólo por poder acertar el Gordo de Navidad, sino que, joder, me quita emoción a mi propia vida. Esto quiere decir que a lo mejor lo he hecho ya y no soy consciente (ciertamente esto es más de Descartes, lo del mus no, el francés que no soportaba madrugar), ¿estoy viviendo mi vida o lo estoy soñando todo? Bien, creo que me seguís. Es insoportable, quiero saber. Quiero saber hasta dónde habré llevado mi vida de Rolling Stone, ¿podré por fin instalar una batería en mi casa?, para qué empresa pequeña, mediana, grande, Google trabajaré… dónde viviré (y no me refiero a «en qué casa» sino en qué lugar del mundo, que es lo que más me atormenta), con quién si es que viviré con alguien, cómo la conocí, de qué color son sus ojos verdes y cómo es posible que sea tan guapa. Quiero saberlo ya.

    Visto en: Febreo de 2010, a expensas de lo que venga.

  • Patada en los huevos vs Dolores menstruales

    Polemicemos. Una patada en los huevos duele más. Obviamente no puedo compararlo tan a la ligera, no puedo basarme en experiencias propias pues, para la sorpresa de algunos lectores, no tengo ovarios. Aún así, creo que dar una respuesta lógica, pese a todo, es fácil. Sí, hasta las más feministas con banderitas rosadas van a terminar dándome la razón, y si insisto, hasta dándome la patita.

    • Una patada en nuestras gónadas nos duele siempre. Y esto ya debería ser suficiente. Nos duele tanto a los 4 años como a los 78. Los dolores menstruales «sólo» existen desde la primera regla (pongamos que a los 12 años) y finalizan aproximadamente a los 55 (también más o menos) con la menopausia. Esto es, 43 años de sufrimiento femenino frente a toda una vida de dolor masculino, si tenemos en cuenta que la longevidad del español medio es de 80.9 años, casi el doble de retorcimientos en el suelo para los tíos.
    • Una patada en los huevos nos duele a todos los tíos por igual (muchísimo). La menstruación de cada mujer varía, algunas más, algunas menos y hay quien asegura que para ella son apenas unas molestias. Esto nos indica algo, los humano tenemos una resistencia al dolor dispar, si a todo un colectivo algo les duele en el mismo grado (y repito que duele una barbaridad) y a otro colectivo una misma acción sufre variaciones en la intensidad del dolor, o bien no es un dolor tan intenso o bien todos los hombres somos más quejicas y blanditos que las chicas (que podría ser porque no soportamos quitarnos los pelos de las piernas con pinzas, pero lo dudo).
    • Una patada en los testículos es siempre inesperada (o debería ser). Y este es un punto importante. Si una persona sabe que dentro de pocos días su cuerpo va a sufrir, el cerebro se encargará de hacerlo notar y sea como sea el dolor, éste parecerá mayor.
    • Una patada en los huevos es un dolor intenso pero razonablemente corto. Los dolores menstruales no. ¿Qué quiere decir esto que parece una ventaja? Pues al hilo del punto anterior, nosotros podríamos sufrir una patada de estas características con mayor frecuencia que una vez cada 28 teóricos días. Así pues, también sumándolo a lo dicho justo aquí arriba, nosotros no tenemos dolores prepatada y dolores postpada que añadir a la patada en sí. Estos dolores físicos de las chicas, añadiendo el cambio de humor con el que casi siempre os volvéis tremendamente insoportables, suelen ser dolores menores que la propia menstruación en sí. Duran más tiempo que las horas que pueda alargarse un golpe en la entrepierna, pero se suceden con menor intensidad (al menos podéis sentaros, y esto no es una broma). En caso de encontrarnos nosotros con dolores antes y después de la patada, os aseguro que ninguno caminaría por la calle durante una semana.

    Tras estas suposiciones creo que puedo afirmar que un chico aguantaría peor una patada semanal que las chicas aguantáis la menstruación. Ojo, no saltéis, duele mucho, correcto, no lo pongo en duda así que no desenfundéis ni os rebajéis a «Esto demuestra que no tienes ni idea», porque me sorprendería que vosotras sí tuvieseis «de lo nuestro». Pero así como no me veo capaz de parir (sólo pensar en las dilataciones ya me hace vomitar, nunca he tenido mucho cuerpo para estas cosas), me parece que esta comparación entre testículos y ovarios la ganamos nosotros. Se siente. Las quejas a Aído.

    Visto en: ¡Mis cojones!