Categoría: Pensando en alto

  • Arreglar la conexión de una clavija de auriculares

    Pues resulta que andaba yo el otro día por la calle, o así, cuando de repente me para una chavala impresionantemente atractiva, digo «Esta es la mía, próxima parada, Isla Paradiso». Y nos pusimos a hablar, «A ver qué tal se maneja con la boca» pensaba yo, y de estas que me pilla en un descuido y quiere probar mis cascos, por compartir estas estupideces se comienza, creo yo, pero oh cruel destino, venganza kármica, extraña presencia perturbadora traída a mi vida por el mismo Belcebú, que va el iPod y decide joder (no literalmente pese a todo lo anterior) dejando de lado todo lo que vaya al canal derecho del audio. Después de 4 años no encontró momento mejor, hasta luego Kelly Brook. Ya mamé.

    El caso es que soy un caso. Y sí, por problemas de desgaste la cavidad donde se introduce eso que rima con lo del anuncio de la miss se quedó tal cual, pero no así la del juguetito chino diseñado en California, o las oficinas de Gizmodo, lo que sea. No hay contacto entre la clavija y el orificio en la sección correspondiente al canal derecho. Se hace la ñapa apretando en una posición incómoda. A priori parece sencillo, coger reproductor, salvar canciones, formatear, envolver para regalo, dejarlo en mi puerta, sorprenderme por encontrarme un misterioso disco duro de 30GB. Luego, para compensar, comprar otro.

    Pero no. No porque yo (yo, que para ser feliz quiero un diplodocus hembra, de tamaño de bolsillo, para pasearlo cual perrito) he pensado en arreglarlo, pues no deja de funcionar medianamente -a medias, literal-, sí, la batería ha perdido bastantes puntos desde que lo estrené y la pantalla tiene unos cuántos píxeles en huelga debido a reiteradas caídas y algún pisotón, incluso una vez se me cayó (a un charco) y al ir a recogerlo lo pisé haciendo que se hundiera un poquito más en el barro, y el hecho de que no pueda utilizarlo cómodamente por tamaña tontería me crea un sarpullido que me gustaría erradicar ASAP, para los que no ven Gossip Girl… bueno, que salen mozas, nenes. Para ello acudí con prontitud a iFixit para ver el cómo se hace. Y ya he preguntado por ahí, dicen que muy complicado no es (la parte de Jack, destripar el aparato), el miedo siempre presente en estas operaciones a byte abierto es claro, a ver si voy a gastarme los duros en las piezas, lo intento montar, pierdo una tarde y al final no consigo hacerlo funcionar o lo dejo peor.

    Pide piezas, espera sentado (con media oreja quemada a decibelios incendiarios y otra fresca cual lechuga por la mañana con las gotitas del rocío y un caracol encima), ponte a hacer la ñapa, reza tres padrenuestros, haz fotos de cómo estaba todo antes de empezar a meter el bisturí de punta plana y confía en recibir la inspiración Pielhoff, es broma, me manejo sorprendentemente bien con herramientas. Que no es por tirarme flores, pero en estos casos suelo apañarme bien. La pega real es el tiempo de espera.

    Porque seamos sinceros, puedo dejarme caer por El Corte Inglés, echar un ojo a las nuevas chicas de perfumería, que me droguen, subir a Electrónica, decir que me den uno de esos, que lo pongan para regalo y salir corriendo antes de que den alcance a mi MasterCard, que ya tiene guasa lo de Master, si no pasa de Nivel 1 ni de coña. Pero esto es así, no me parece decente destinar el 76,3% de mi sueldo a nada, se siente, Jobs. Y se siente Amazon.

    Así pues, explicado el problema y las posibles soluciones, ¿alguna experiencia en estos temas?, ¿termino bajándome los pantalones y comprándome el cacharrito?

    Se abren las piernas, digo, las apuestas. Que no sé qué hacer con mi estantería, digo, myself. Coño, ¡otro tripi! ¡Gol de Raúl!

    Visto en: iPod 5G, que ya es gravedad.

  • Ovejas que parece que vienen de follarse a un armadillo

    Sonríen, son ladinas. Calculadoras, frías ahora que han pasado el calentón. Saliendo de un garito cualquiera, en rebaño, te las encuentras después de quedarse a gusto canturreando una balada (como no podría ser de otra forma pues, las ovejas, balan). Así, desmelenadas, con las lanas al viento, comentando la efectiva trampa. No sabes si acaban de saciarse, si buscan su primera presa o planean irse al prado a descansar.

    Gotas de sangre, escurridas de sus mandíbulas, en el suelo dan testimonio del camino escogido.

    Ellas, las cabronas y sucias que jugaron con el pobre, aunque protegido por su coraza, armadillo.

    Desaparecen entre risotadas, relajadas y apenas con aire. Hijas de puta. Abandonan al placentario a su suerte, despojado de placer.

    Visto en: Por ahí, qué se yo.

  • Gente que parece que viene de follarse a una oveja

    Sonríen, te los encuentras por la calle y sonríen. Ahí, en medio de la acera, nadie sabe de dónde han salido, colocándose la camisa por dentro del pantalón, con media sonrisa tonta. Felices, esquizofrénicos, drogados, lo que sea. Sin bombas de humo de mago de medio pelo, miras una vez, nada, vuelves a mirar y aparecen, con sus cuarenta y pico años y cara de pícaro, la bragueta abierta y una mano en el bolsillo.

    Qué puta guarrada.

    Doblas una esquina y de una bocacalle oscura sale otro hombrecillo con raya a un lado y transistor Sanyo en la mano, medio descojonándose, no sabes si todavía le gotea la puntita. Una auténtica cerdada. Te miran y se ríen.

    Hijos de puta.

    Visto en: Por ahí, qué se yo.

  • De la tontería de la envidiable vida estudiantil

    Pisamos los talones a junio y en dos patadas lo alcanzamos. Una de las ventajas de pertenecer a la clase social YY (aparte de no protagonizar realities) es que te encuentras por el camino a gente en la misma posición que tú, otros que acaban de salir de ella y que ahora solamente «Y trabajan» y otros que llevan años así. Soy el menor de la plantilla y muchos miran raro que con 21 años ande de becario con otros de entre 25 y 28, y se ponen a comparar y recordar. Ahora que aprietan los exámenes se escucha mucho menos, pero la gente sigue pensando que la mejor vida es la de estudiante. No es así… generalmente.

    Day 23 - Exam hall

    Para empezar, el concepto de «vida de estudiante» es confuso y nunca estará claro porque depende, necesaria y lógicamente, de qué se estudie. Un error bastante común es gritar a los cuatro vientos que es la mejor vida porque tus recuerdos no pasan de la ESO (o el equivalente) y llevas 25 años trabajando en un puesto de mierda. Tu memoria, quejica mamón hijo de perra, se queda con lo que viviste, que básicamente eran los recreos, las excursiones y pocas horas de clase de verdad. Que el peor recuerdo que mantengas sea el de haberte intentado aprender la lista de reyes godos lo deja claro. Por supuesto que, en tu caso, la vida de estudiante causa envidia, eran unos juegos. Si hiciste algo más y con más edad peor todavía, porque ya salías «de fiesta» y alternabas las clases, de forma que los recuerdos son aún más felices al identificar tus años de estudiante con guateques de esos de Cuéntame.

    Si por el contrario comenzaste una carrera probablemente tus recuerdos se tornen algo menos alegres, en el primer curso intentas mantener el ritmo de salir casi cada fin de semana como en Bachillerato (o semejante), pronto te das cuenta de que hace meses que no vas al cine y que a este amigo con el que tantas risas te echabas lo ves de Pascuas a Ramos, te dejas caer por algún cumpleaños para que la gente crea de verdad que sigues vivo y no has cambiado nada (y tal). Cuando te paras a fijarte ves que llevas eones encerrado en un camino que va de casa a la universidad, y vuelta. La siguiente vez que sales, desacostumbrado, es en una cena de empresa donde vuelven a recordarte lo bien que se vive siendo estudiante.

    Sigamos. Una cosa está clara, y es que los peores momentos de este tipo de vida son los de la época de exámenes, todavía hay quien piensa que esto es una semana mala y el resto Jauja. No. No por los exámenes en sí, sino porque se alarga descomunalmente el horario de cada uno, de estar un buen puñado de horas en clase y luego lo mismo en casa para intentar aclararte de qué cojones has copiado, se avanza a un estado similar, con menos horas de sueño y más de comprensión. Cuando uno trabaja, 8 horas, 10 incluso, llega a su puesto de trabajo, se aburre, se cansa, pero sale de allí y ya está hasta el día siguiente. Aquí no. No veo la ventaja. Es cierto que en ocasiones tocará llevarse el trabajo a casa y hacer el esfuerzo de quedarse hasta la madrugada (como un estudiante), pero serán casos puntuales que de realizarse en el lugar adecuado nos pagarán a precio de oro. No es comparable.

    De dónde viene el mito no lo sé, se asocia una vida de rutina y cobros con gastos (y éstos con responsabilidad), además de desarrollarse a una edad mayor donde las juergas son menores generalmente -pero cuando se dan se mean en cualquier botellón improvisado-, esto habría que compararlo con una etapa de la vida pasada donde el nivel de preocupaciones era menor salvo contadas excepciones y la frecuencia de diversiones podría ser mayor, que habría que verlo.

    De forma que no, los estudiantes no vivimos mejor por mucho que aquél tipo que lleva tres horas sentado y que levanta la vista de su As de antes de ayer para ver si mueve alguna carta de su solitario, la misma pauta que cada mañana, y que con arrogancia y superioridad de haber pasado sin pena ni gloria por un módulo de calientasientismo y mantenerse en su puesto a las duras y a las maduras se sonría al recordar lo feliz que era con sus cuatro amigotes robando vino de vete a saber qué bodega con quince años, cuando se suponía que estaban aprendiendo las razones trigonométricas, cosa que dejaron abandonada al descubrir que aquello de los senos no es lo que esperaban. Ocurre lo mismo que con una relación terminada: todos nos intentamos quedar con lo bueno, los paseos, los guiños, los senos…

    No os engañéis, porque lo intentarán, ser estudiante es duro (o esta es mi experiencia), la mayoría de las profesiones que llevan a cabo quienes lo recriminan y cuya labor se basa en iteraciones y conocimientos básicos de una materia, no. No me jodáis, que de eso tengo ganas.

    Visto en: Otro episodio más de mi propia The Office.

  • Tarificación por carácter en los SMS

    Lo que propongo no sé si existe, no sé si llego tarde, no sé si llego adelantado y ni siquiera sé si soy el único interesado. Por de pronto soy el primero que lo escribe en este blog, y ya con eso contento. Veréis, soy una persona que suele olvidarse bastante del teléfono, que tarda en responder llamadas y mucho más los mensajes. De hecho me da pereza escribirlos (también puede que se deba a que debo ser el último mono con un terminal que incluye teclado y que nunca aprendió a utilizar el T9 por falta de paciencia) y termino llamando, ya diré por voz lo que pensaba escribir. Realmente no es que pase del tema, es que no tengo la necesidad de mirarlo de forma continua ni la gente me mete mucha caña, si a esto le sumamos que mi teléfono siempre está silenciado ya se comprende que no sea el tipo más puntual en este aspecto (y varias regañinas ya me he llevado por esto).

    El caso es que el tema de los 140 caracteres siempre me ha sentado mal. Generalmente porque se me quedan cortos, esto me obliga a intentar escribir todo del tirón, letra a letra, e ir reduciendo espacios o vocales hasta que el contador de caracteres excedidos baja a cero. Y termino dejando un mensaje de lo más cani, sólo que habiéndolo escrito bien de primeras para luego joderlo. Tardando bastante más que intentando acortarlo desde el comienzo.

    Pero ahora también me jode lo contrario, que me sobren huecos en blanco. Un ejemplo, tienes que responder a algo sí o no, que has quedado, que si te pasas a buscar a alguien, lo que sea. Lo que se solventaría con dos letras (o un código concretado de llamadas perdidas que os aseguro no suele acabar bien) termina siendo un «Bueno, vale, me acerco ahora» o «No, tío, me pilla a desmano». Para rellenar el espacio. ¡Qué derroche!

    Mi solución, como dice el título y repito, sin saber si ya existe (yo no la conozco), pagar por cada caracter utilizado. Por ejemplo, excluyendo IVA, si un SMS actual cuesta 15 céntimos y permite enviar hasta 140 letritas, se calcula el precio de cada caracter (aproximadamente 0.00107€/caracter). De forma que si necesitas escribir, por ejemplo, «Hey, como estas? Me han dicho que te ingresaron por lo del herpes aquel y tal, que puto mal rollo, al final cortaste con esta? Luego me paso por geriatria y te veo, mamon. Taluee» que así, a ojo, son 178 caracteres te costaría 0.19€ (un pelín más, pero aquí redondeo). Sí, más caro que un SMS, sí, ese texto lo puedes acortar para que quepa en un mensajito, sí, con un plan de datos mandas un mail sin preocuparte del tamaño del texto. Pero yo mando esto, aunque pague más, y me quedo a gusto. Porque quería poner eso y lo puse. No hay más. Tal vez sea esta una de las razones por las que Twitter sigue sin engancharme.

    Ya dejo de intentar aportar granitos de arena, que se han ido de la playa, creo.

    Visto en: Bzzzp, bzzzp.