Categoría: Pensando en alto

  • ¿Y tú, ya tienes tu dominio .co?

    Atención esos amigos del phising, nuevas aguas sobre las que navegar y echar nuestras redes. Los dominios .co. Efectivamente yo he ido como un niño pequeño a ver si estaba disponible algo como elge.co, co.co, po.co, lo.co, to.co y demás tonterías, luego pasé a elcorteingles.co, y de ahí, a los niños grandes, cajas de ahorros y bancos. Probé con un puñado de dominios del grupo que más se juegan en estos asuntos.

    El resultado, decepcionante.

    Cajas de ahorros y bancos sin dominio

    De verdad me quedo con ganas de registrar alguno, de hecho he comenzado el proceso de compra. No sabría chantajear después, dándoles mi dirección de Paypal o una cuenta bancaria (no he leído términos y condiciones, ni idea de hasta qué punto es legal), así que, con el rabo entre las piernas, di marcha atrás. Si preguntáis para qué los quería, es fácil, me siento más seguro si son míos que de un hacker chino (y si me los recompran mejor que mejor). Me parece vergonzoso que esta gente que se gasta millones en seguridad estén siendo los últimos en soltar los 23 euros que me pide GoDaddy por cada nombre.

    En fin, otro día más en el que no me hago rico.

    Visto en: Límpiate que tienes un mo.co.

  • El Mikolápiz premiado

    Esta noche estoy solo en casa. Quiero decir, puedo hacer lo que me salga del pito. Correcto, puedo hacer pis. Chistaco. Así que fuera de todo juicio y control me he preparado para «cenar» un suculento sándwich (parece que lleva tilde) de Nocilla. Delicioso a la par que infantil. Esto me recordó una bala en la recámara que guardaba para Nada Nuevo, pero viendo que el parón va para largo, suelto el material aquí mientras se baja el episodio número cuatro de la temporada número cuatro de la serie IT Crowd del canal número cuatro británico. Han cantado bingo.

    Mikolápiz pack de 6, 7 de ellos premiados

    Todos hemos sido críos. Yo más recientemente que vosotros, pero me da igual, el sentido del post se coge de cualquier modo. Digo esto porque sin duda recordaréis uno de los helados más carismáticos de nuestra infancia, para mí el que más junto con el Frigopie, el helado de la extinta Miko (cuya historia curiosa os recomiendo leer por encima) con forma de lápiz al cual bautizaron con el rocambolesco nombre de Mikolápiz. Un helado como cualquier otro de vainilla con chocolate salvo por un simpático detalle que recordamos con cariño en estos tiempos de crisis, este helado salía gratis.

    Imagino que todos o casi todos habréis oído la que se ha liado con Toshiba, que ha decido tirar por la borda su imagen como empresa seria saliendo en los medios de todo el mundo, debido a su reticencia a cumplir lo que parece que prometió, devolver el dinero a los usuarios que compraron unos productos determinados en caso de que España ganara el Mundial 2010. Pues si hablar del precio de un televisor entra dentro de un campeonato del mundo, que te regalen un helado es tercera regional.

    Cuando Nestlé no controlaba la firma (como ahora, tal y como se ve en la imagen) con un Mikolápiz tenías para todo el verano. Era la leche. Comprabas uno cuando empezaba a hacer calor, esa misma pieza tenía premio y automáticamente te daban otro que volvía a estar premiado. El paraíso. Un bucle infinito que no paraba de regalarte un helado en cada iteración. Genial. Sin cupones, sin códigos de barra, sin notarios, nada. Un palito, y a correr a por otro. Así de abril a septiembre. Creo que era una estrategia de ahorro de costes de la empresa. Fabricar los canutos de papel es económico, con excedentes de Colhogar vas que chutas, pero la viga principal del invento, de plastiquete, ya sube unos céntimos. Solución, reutilizar las piezas, ¿cómo las recogen? Haz que los chicos vayan de nuevo a dejarlas. ¿Dónde está la ganancia? Eso, queridos lectores, lo respondéis vosotros en los comentarios.

    Visto en: Typical Veranish.

  • CBO de MacDonald’s y la prostitución de lujo

    Madre mía, qué entradas más raras escribe este niño. Sí, pero antes de que la abuela fume os explico un poco el tema. Ha sido una tarde amena, pero rara. En principio sólo tenía que pasarme por El Corte Inglés a recoger tres entradas para un concierto y comida para Mus. Fui con un amigo y terminamos hablando de tías, persiguiendo una moto que nos llevó hasta un Media Markt (cuando pensábamos que nos habíamos perdido), hablando de tías, jugando con un iPad, hablando de tías, viendo el frigo SMEG de mi «yo del futuro», hablando de tías, dando unos toques al Jabulani en una tienda de deportes, hablando de tías, viendo vinilos de The Who para mi «yo de ahora», hablando de tías, cenando en la descubierta y desamparada terraza de un MacDonald’s donde soplaba un viento considerable y hablando de féminas. Por no repetir tanto.

    CBO

    Lo que veis en la imagen, (que he sacado de Flickr y es la típica foto hecha con un móvil, no sabes para qué, pero de rebote te ilustra un post), es una hamburguesa CBO, siglas de Carlos, Bruno y Óscar; Culo, Boobs y Ombligo; Chicas Borrachas Orinando; o, si me apuras, Chicken, Bacon y O… de cebolla, que rima bien con gallinula. Está buena. Pero es carilla. Yo me pedí una. «Perdona, me pones [y podría dejar la frase ahí] una cebeó, gracias». Porque entre «Y así estamos, tío» y «pues no sé, ¿y tú qué tal con esta?» había que comer algo. Pese a lo que digan los publicistas, los hombres podemos hacer varias cosas a la vez, pisar un pedal y mover una palanca mientras damos un intermitente y controlamos el retrovisor con el rabazo del ojo (porque mi ojo tiene rabo y es enorme) o charlar mientras se nos ocurre un post basado en un pieza de comida rápida, ampliamente consumida en Delaware. Cuánta referencia interna hay hoy, sólo falta AdSense.

    Si alguna vez «me voy de putas» -cosa con la que no cuento, la verdad- será con una escort. Como el coche Ford. De las que se duchan, vamos, y en champán nada menos. En todo hay grados, son profesionales del sexo que viven muy bien de ello porque sus precios son realmente caros en comparación con los números que se mueven en los arcenes de nuestras carreteras, o eso tengo entendido. De hecho parece que se cobra por tiempo y no por servicio. Y con esta hamburguesa, que me trae simpatiquísimos y dulces recuerdos, sucede algo similar. Estoy convencido de que, por el precio de una noche con una chica que no se anuncia en un periódico y trabaja para una agencia puedes contratar a varias personas que lamentablemente -es un tema turbio y sobre el que me cuesta frivolizar– tienen que recurrir a este mundo, engañadas o como fuera. Porque joder, sí, es mucho más caro, pero sería educada y agradable. Hasta podrías hablar con ella sin sentirte incómodo. Yo, que para esto soy un calzonazos, paso medio rato con una chica así y ya caigo a sus pies para los restos. Pese a todo. Creo que me explico. En un MacDonald’s puedes coger una hamburguesa de un euro, por el precio de una CBO te da para varias, pero… «meh». No tienen ese sabor, ni esa textura, ni ese pan. Te quitan el hambre, sí. ¿Te dejan satisfecho?, a mí no. De la misma forma que una puta «estándar» no me atraería en absoluto.

    Y este era el post. Diría que la idea ha quedado clara. Sí, es sábado por la noche, debería estar por ahí, disfrutando el fin de semana y hablando con y de tías, pero… meh.

    Visto en: Parapá-papaaaa…

  • Chicas que enseñan las tetas gratuitamente

    Sí. Sí, sí, sí. Campeones del mundo. Y aún habrá algún grupo de subnormales que con la boca pequeña se pondrá a hablar de las primas y su puta madre. Gilipollas. En tu puta vida has tenido una de estas, disfrútalo. Yo acabo de llegar de celebrar que aún ponemos picas en Flandes, aunque nos siguen recibiendo a hostia limpia (lo de la patada a Xabi Alonso me parece de cadena perpétua, pero ya pasó).

    Chica enseñando las peras en un concierto

    Y nada, al lío, que el título promete. Estábamos por la calle, vuvuzela en mano, cuando una chica, de entre 25 y 30, nos grita «¡¿Quiénes son los campeones?!» a lo que respondimos, por puro instinto al escuchar ‘campeones’, «¡Ueeeeh…!» y nos enseñó las tetas, que eran generosas, por cierto, e hizo que el ‘ehhh’ se desarrollara en un crescendo. Y se tapó con una mano, y se rió, y nos saludó con la otra mano. Heroína.

    Yo creía que estas cosas sólo pasaban en los conciertos. Así que me sentí un rockstar de la vida sólo que con una trompeta de plástico en la mano y no una guitarra de tres mil dólares.

    Así que, mi pregunta va para vosotras, los chicos cuando nos alteramos, nos emocionamos o sufrimos cualquier tipo de éxtasis positivo no nos bajamos los pantalones (bueno, no vamos enseñando los huevos por ahí), en cambio parece que vosotras, mujeres y por tanto seres incomprensibles para nosotros, vais, y cuando nadie lo espera, pum, pitones al viento esperando que un torero se marque unos pases, recortando la figura en media verónica a la luz de la luna.

    Olé.

    Visto en: Plaza Zorrilla (el nombre viene que ni pintado).

  • Chicas, no nos fijamos en vuestras pestañas

    El sábado metí la pata preguntando a la novia de un amigo si realmente le preocupaba tanto el aspecto de sus pestañas, acababan de poner en la tele un anuncio de cosmética, porque yo personalmente no me suelo fijar en el pelo que está ahí para proteger los ojos, de fijarme sería porque falta, como el personaje de Pink en The Wall. Su novio me miró y dijo que tampoco solía darle importancia. Ya tuvimos bronca montada.

    Pestanas de pega

    A mí me parece estúpido. Empezando por el nombre, «El efecto pestañas postizas«, naturalmente antinatural. Pero es cierto que no nos damos cuenta ni del grosor ni del tamaño de las pestañas, con suerte nos damos cuenta del color si lo habéis cambiado. Y se supone que esa es la función del maquillaje, ¿no? Que no se note. En lugar de chinaros y rebotaros con tonterías del tipo «Mira el tiempo que dedico a prepararme y ponerme guapa para ti y no me dices nada», ¿por qué no lo cambiáis a «Qué ilusión que el maquillaje parece mío y no un añadido de revista»? Unos detallitos molan. Algo como lo de la imagen, pese al retoque de post-producción digital, a mí me asustaría. A mí, que para estas historias soy más simple que una madera con un clavo oxidado. Si por norma general me fijo poco, particularmente en las pestañas nada. Y al parecer, ninguno de los chicos que estábamos allí lo hacía. No sé cómo no derivó la conversación a la típica pero certera «todo es de mentira», pechos de plástico con sujetadores que rellenan, melenas de quita y pon, y ahora pestañas de pega. No sé ni para qué os molestáis en bajaros el parche de Photoshop. Vamos, las que valoran la sinceridad por encima de todo, comienzan el día mintiéndose delante del espejo.

    Todos tan contentos, y tal.

    Por muchas vueltas que le dé no deja de parecerme una capa de maquillaje y un gasto muy tonto, que si quieres realzar la mirada, te jodes, haber tenido unos ojazos como Dios manda. Si no es el caso, aprende a sonreír, que nos desviarás la atención con suma facilidad.

    Visto en: Una barbacoa.