Categoría: Curiosidades

  • El comentario 5000, de Enrique Dans

    Hoy el blog ha superado una barrera numérica más, la de los 5000 comentarios, ha sido esta tarde y ha sido de una forma curiosa (y pactada). Comienzo a relatarla.

    Estoy hablando con Malkav:

    -«Ey, 4999 comentarios, ¿quieres hacer los honores?».
    -«Va, ¿hay huevos a pedírselo a eDans?».

    ¡Fabulosa idea! Inmediatamente escribo una petición a Enrique para que, por favor, siguiese la broma y comentase. Le adjunto una captura del panel de WordPress para que viese que, efectivamente, iba por el número 4999.

    A los siete minutos responde muy amablemente. En ese momento no podía, estaba conduciendo y a su BlackBerry le quedaba poca batería, pero que gracias por ofrecerlo y que al llegar a casa cumplirá. Momento «Dios mío a ver si ve nos va a matar escribiendo mientras conduce».

    Me pareció fenomenal, de hecho me pareció demasiado que contestase, más aún si estaba en el coche.

    Esta misma noche:

    Visto en: No, en serio, cinco mil gracias a todos vosotros. ¡Y a Dans, claro! Que no contaba con su sentido del humor (ni su conocimiento sobre Alejo).

  • MEME: Una historia de No-Muertos

    Cuantísimo tiempo que no respondía un meme, he escogido este divertido reto enviado por Rethse para intentar capear el temporal de mi falta de relaciones en este mundo. Y hablando de capeas, al toro.Trata de mencionar qué arma utilizarías, con quién te gustaría estar acompañado y qué canción sonaría si pudieses elegir en un ataque de zombies. Sí, quién lo haya inventado se había pasado con el chute de Resident Evil, Umbrella powa, y tal.

    Copiando con descaro a Rethse yo también voy a añadir al post una historieta para poder poner en situación todos los elementos que pide el propio meme.

    El arma: Por definición el arma que se utiliza en las invasiones de este tipo es una escopeta recortada (recordad la recreativa de House of the Death 3), ya que son ataques que se realizan de cerca y un arma así los destroza a pares. Pero yo, fiel a mis costumbres descarto semejante peso que llevar encima y dudo entre un Colt con munición .44 Magnum al más puro estilo Harry el Sucio, y la otra pistola es la que menciono de vez en cuando por estos lares, Jericho 941. Me quedaría con la segunda por su simpleza frente al revólver, semi-automática, cargadores en la empuñadora (el Colt me obligaría a recargar a mano las 6 balas de su tambor cada vez que quiera más munición).

    La compañía: Como me temo que debe ser una persona de verdad (no puedo decir Bruce Banner y esperar a que se transforme) me quedaría con una chica que me guste, total, el héroe de la historia seré yo. Con muchas dudas me quedo con la guapísima Natalie Portman, que la Jericho es israelí y ella también, ya tendríamos algo de lo que hablar, que no, no sé hebreo, pero ella farfulla español y a mí me sirve, que vamos a matar zombies, no a discutir sobre la obra de Wagner.

    La música: Ya que he dejado caer a Wagner (iba con intención) barajo la posibilidad de que sea La Cabalgata de las Valquirias, como en Apocalipse Now. Y hablando de esa película… ¿por qué no The End, the The Doors?, que aquí se nos pueden poner las cosas mal como en Vietnam, ya sabes, Father, Yes, son?, I want to kill you. Y ahora que menciono lo de matar… One of these days I’m gonna cut you into little pieces, de Pink Floyd y cuya letra no es más que esa frase. Ésto de las letras cortas me recuerda al grtio de Roger Waters en la histérica Careful with that axe, Eugene, del mismo grupo. Y sin darme cuenta he escrito algo de «histeria», que es hasta donde quería llegar, Muse con Hysteria y seguida de Stockholm Syndrome. Me ha quedado redondo.

    La historia: (más…)

  • All-in

    El sudor ya se escurre por mi frente, llevo cuatro horas jugando y me encuentro en el River de la que puede ser la última jugada, la mano que decidirá si ésta ha sido la noche ganadora. Sólo queda descubrir las cartas.

    Comenzamos la aventura a las diez de la noche entre risas, nervios y martinis. 10.000 por jugador y las ciegas no superaban los 100 dólares. De los cinco que empezamos sólo quedamos dos.
    A la izquierda de la crupier, una mujer negra a la que la pajarita no le queda especialmente bien llamada Mary Louis y vestida de rojo y verde (los colores del emblema de gala del Caesars Palace) está un hombre ya anciano con coleta, botas altas y una camiseta de Jimmy Hendrix que pudo haber comprado en el propio Woodstock, sus patas de gallo delataban los posibles 70 años del figura; a su verita, una rubiaza al más puro estilo americano, apostaría a que recién llegada de Florida, pero las apuestas las dejo para la mesa, con su bronceado natural a base de playa y sol, su pelo rubio artificial y sus pechos que también atienden a ese adjetivo, se adorna el cuerpo con una blusa azul lisa anudadita al ombligo y escotada también hasta ahí con un lazo en el pelo y una minifalda vaquera de un palmo de alto que le obliga a tener siempre cruzadas las piernas. Lo sé bien porque quien se encontraba a su lado, enfrente justo de la crupier, era yo. Me describiré para ustedes esta noche, una camiseta negra de The Who y vaqueros, mis Nike marrones apoyadas en la barra del taburete, justo en el asiento cuelga una cazadora de cuero oscura donde guardo escondida mi fiel 941, la mirada caída centrada en las fichas, jugueteo con ellas. De refilón giro mi cabeza a la izquierda, ahí esta un hombre que viste como Bill Gates, mira como Bill Gates, sonríe como Bill Gates y juraría que huele como Bill Gates. Lástima que tenga 30 años menos que Bill, me pareció oír que le llamaban Fred. Junto a él, el último de nosotros, luce un tatuaje de un As de Picas en la parte interior de la muñeca, con cuatro llamas rodeando el As. Se podría pensar que es bonito, pero si lo vieses, ja, si lo vieses descubrirías lo cutre que es, un tatuaje cutre, cutre como él. Con una camisa a cuadros abierta hasta la mitad, una barriga que compite con la de Homer y una calva que también, si no fuese porque en el bolsillo de la camisa está escrito «Big Mike» me hubiese parecido un camionero llamado Manolo. (más…)

  • James D. Hough

    Estaba paseando por Pucela, dirección a cualquier parada de autobús que me permitiese bajar en un conocido centro comercial cuyas rebajas las anuncia un bellezón que atiende al nombre de Martina Klein, sin hacer mucho, tarareando la melodía de El Golpe y preguntándome si hacer un curso de Armador de barcos me garantizaría tener una novia en cada puerto. Ya subido en la Línea 1 mis ojos deciden escudriñar a un hombre que, de espaldas, parecía grande, de aspecto británico, mantecoso y pelo cano.

    A la mínima oportunidad que tuve, movido por una furiosa curiosidad, me senté en frente suyo.

    Parecía un hombre tranquilo, llevaba gafas, una chaqueta larga marrón claro y una barba blanca maravillosamente recortada. Las gafas tenían tantos años como yo, podría asegurarlo, cuando se escurrían se las colocaba con dos dedos: el pulgar de la mano en la base de la gafa izquierda, el índice en la parte superior, y para arriba, dos pestañeos y a seguir con su lectura.

    Entre manos llevaba un cuaderno, con hojas que en algún año fueron de color lechoso pero que el tiempo decidió teñirlas con un ligero oscurecimiento y unas finas arrugas que lo hacían un novelesco objeto de deseo. Las líneas que marcaban dónde escribir, perfectas paralelas, mantenían su tono rojizo mientras se sucedían una detrás de otra con una separación milimétrica, como si de una marcha marcial se tratase.

    El cuaderno, de tapas de cartón, con un cebreado en la portada y una etiqueta que rezaba «Name: James D. Hough», estaba escrito casi hasta el final. En lugar de sujetar sus hojas con anillas o grapas, el cartapacio se mantenía unido entre sí mediante algún pegamento, había sido termoencolado.

    Su caligrafía era exquisita. El caballero me miraba preocupado al descubrirme girando estúpidamente la cabeza con claras intenciones de descifrar qué ponía en aquellos párrafos.

    Fui incapaz de comprender algo, no distinguía las palabras, pero insisto, su letra me fascinaba. Utilizaba una excesiva inclinación que facilitaba el alargamiento de letras como la L, J, el rabito de la P, Y, etc.

    Sujetaba con su mano derecha una pluma estilográfica, ésta estaba coronada por un copo blanco que nos decía de qué tipo de pluma se trataba, también ella parecía haber vivido mucho.

    El hombre, que gozaba de una gran circunferencia, movía con soltura los bajos de su pantalón de loneta mientras marcaba una sonrisa en su gran cara de pan al ver que me había dado cuenta de su cazada. Voló hacia la última hoja escrita y escribió algo a la vez que mantenía su sonrisa, no puedo si quiera imaginar la cara de intriga descarada que llevaba puesta en ese instante, me miró, le miré y se animó a balbucear con lentitud y un claro esfuerzo al pronunciar: «Es sobre mis viajes». Sobra decir el marcado acento BBC con que acompañó su castellano.

    Continuaba sonriéndome cuando un rayo de luz me despistó y pude ver la simpática cara de la modelo argentina, vestida de marinerita, con su casaca azul y pantalones cortos blancos que indicaba el fin de mi trayecto. Se despidió con un gesto de la mano que le devolví mientras me marchaba. Vuelvo a cuestionarme, ¿Armador de barcos?

    Visto en: Valladolid.

  • Olé España

    Hoy es un día para sentirse orgullosos de ser español. Aunque Ponzonha lo colgó en su blog me pidió que lo pusieses para intentar convertir esta canción en himno y no se lo voy a negar. Puede darte igual el fútbol, pensar que la selección es lo puto peor y que el pueblo está contento con esta mierda y así no se centra en lo realmente importante, pero por eso mismo, cojones, porque entre tanta mierda, época de cirisis, políticos que no dejan de marear la perdiz, el petróleo por las nubes… por eso mismo, una alegría así es para todos.

    ¡Campeones de la Eurocopa!

    Por la selección alemana, Olé España.

    Visto en: Youtube.