Categoría: Cine y TV

  • ¿Quién sube las puntuaciones de los partidos de la tele?

    Una duda que siempre he tenido y en 21 años no me he atrevido a satisfacer. ¿Hay una persona que va sumando los puntos de cada marcador? Es que no comprendo muy bien cómo puede automatizarse eso. Es una entrada muy cortita, ya veis que estoy escribiendo esto para parecer que la tengo más larga. No, en serio. Ni idea de cómo funciona. Siempre me he imaginado a una pareja de 50 tacos, viejos amigos que se cuentan el fin de semana con sus parientas, chismorreando mientras están pendientes de las canastas y a los gestos de los árbitros para saber si era de 2 ó 3 puntos, si se da por bueno el tiro libre y cosas así. Es que es jodido porque en el baloncesto, que es un deporte donde una jugada no dura más de 24 segundos (o se le quita la pelota a ese equipo) y hay que sumar puntos al marcador de una manera bastante ágil se termina llegando a tener datos erróneos donde los comentaristas manejan una información y los numeritos rojos de la pantalla dicen otros.

    En fútbol puedes tener un margen de casi un minuto desde que se marca el gol hasta que lo pones en el marcador de la tele (que va después del marcador del estadio, que sí suele ir manual), entre celebraciones y esperando a que los jugadores vuelvan a colocarse para el saque central.

    ¿Existe un sistema formado por varios marcadores de una red (como los de una liga) que se encarga de mandar una orden de actualización a las cadenas de televisión para que, automáticamente, se sumen los puntos a sus marcadores? ¿Realmente hay una persona encargada de eso? ¿Es la misma que cambia de posición la mosca y escribe las marquesinas que circulan por la parte inferior de los monitores? ¿Y el que va pasando los mensajes de texto, se los lee y los filtra o los meten sin supervisión previa?

    Por Dios, que alguien me resuelva estas preguntas, que tengo que dormir.

    Visto en: Que sí, que sí duermo.

  • Apps

    El iPhone ha mejorado. Me sigue pareciendo una putada fácilmente solventable el hecho de que no puedas utilizar el Bluetooth más que con los auriculares estos que no se ven nada en absoluto (pero nada, nada, ¿eh?) impidiendo que dos amigas compartan una foto de una cena, y tiene detalles como colocar la etiquetita de «Fotografía subida desde mi iPhone», «Enviado desde mi iPhone», «Soplando con el fuelle desde mi iPhone» etc por lo que me sigue pareciendo un aparato repelente.

    Un cacharro majo (a la tercera) que no me suscita interés, y menos aún mientras espero que Google se alce en armas en un golpe de estado a nivel mundial y gobierne el mundo de una puta vez. Que para eso es para lo que han sacado Android, hostia.

    El grueso del post y lo que ha hecho que me chirríen los dientes y comience a escribir esto es un anuncio que he visto en televisión, ya sabéis, esa cosa que hay en los salones frente a la que pasabas las noches antes de tener ADSL y tenía un software muy entretenido llamado ¿Qué apostamos? Le quedan dos ratos porque con el Año Nuevo le toca una actualización de firmware morrocotuda y por lo visto si no aceptas vivirás en un plano (sí, tal cual, así de absurdo) y tu vida pasará a estar marcada por un tono azul y unas rayas blancas. Sobre todo rayas, muchas.

    Bueno, fuera coñas, en un anuncio del iPhone de estos que hacen donde se meten en la web de El País y de El Mundo indistintamente para que veas que es realmente para todos (mientras pasa por debajo un mensaje de advertencia: «La velocidad real es menor, se ha acelerado para la ficción» o algo así), aunque siempre termines en Marca, han sacado a relucir la pancarta que lo distinguía de los demás teléfonos hasta que los mencionados nuevos héroes mundiales han querido, su tienda de aplicaciones. Algo conocido por todos, ¿verdad? Bien. Sin duda es lo que hace molón al aparatejo.

    A mí los neologismos me dan arcadas en muchas ocasiones, y si durante 20 segundos escucho a un fulano cualquiera cómo dice «aps» (porque sólo se pronuncia una P) 5 veces para referirse a una aplicación me hierve la sangre de tal manera que si me meto en la bañera y me corto las venas hago un cocido de lagarto.

    Y, en definitiva, que podría ser más visceral, pero hoy no es el día.

    Visto en: «Visto en tu iPhone».

  • Pixar, del cachondeo al llanto

    Hace pocas semanas vi Up, el que se supone es el peliculón de la fábrica de magia comprada por Disney cuyo signo de identidad es una lámpara y puso en marcha John Lasseter (entre otros). Vale, sacad las armas y encañonadme en la sien pero alguien lo tiene que decir, es una buena película, pero una película facilona y demasiado cercana a la vieja escuela de Disney, a la que tanto odio. Lo malo, que se veía venir.
    La alegría me ha durado un año. Dos películas para ser más exacto, dos dramones.

    Wall·E y Up o la tendencia hacia Dumbo

    Así es, amigos míos, en Pixar están girando lentamente el timón de sus navíos hacia la facilidad del drama. Cualquiera que sepa algo de cine sabe que es más fácil hacer llorar que hacer reír, por eso la singular y prestigiosa gala de entrega de los Oscar no se moja galardonando comedias muy a menudo.
    Películas que en determinados momentos son una juerga comienzan a dar paso a otras donde el mensaje es continuamente triste. Yo, a mis hipotéticos hijos, no les pondría Up. ¿Cuál es el mensaje Disney de Up? Que vives en medio de una jungla de hormigón, rodeado de tecnología, no conoces a tus padres, ellos delegan en terceras personas tu educación y tu tiempo, las avestruces de colores se cotizan que no veas, los perros con collares con moduladores de voz pueden ser graciosos si los pones en modo Loquendo… vale, no, en serio, basta ya. Eso no se hace. Yo quiero pasar un buen rato, como con Los increíbles, Ratatouille o Cars. Películas entretenidas, divertidas, inofensivas… complicadas. Tanto es así que ahora la parte divertida te viene en un cortometraje separado del film en cuestión.

    Quiero decir, bien, vale, de puta madre, ecología, calentamiento global, tal, cual… pero lo que recordamos todos no es nada de eso. Recordamos a un pobre y solitario robot al que adoptaríamos sin pensar que nos hizo llorar al ver que la chica no le hacía caso y no podían estar juntos. Ya está, otra historia de amor compleja y truculenta firmada por la empresa del ratón de orejas perfectamente circulares y tirantes.

    No sé qué narices será lo siguiente, la idea de un elefante al que separan de su madre y que consigue volar ya está cogida.

    De verdad, ahora la única diferencia que veo entre esas películas y las recientes es que en las de antes había más piezas musicales y todo iba en papel y ahora se utiliza una tableta digitalizadora. Los guiones tienden a converger.

    Mal, muy mal.

    Yo reconozco que no tengo corazón, no llegué a llorar en ningún momento, pero si hubiese tenido cinco años maldeciría el día en que me pusieron esa película. No quiero ver una cinta que me haga temblar, que me haga sentir vulnerable, no quiero un drama. No os confundáis, no pretendo que se obcequen en una película de Martin Lawrence (cuyo doblaje hace que me dé aún más asco) porque eso ni es comedia ni es nada, pero sí un ligero retorno a esa chispa divertida que reinaba en el ambiente de los proyectos anteriores.

    Me diréis (alguno casi dos metros) pese a todo que son cosas mías y que realmente no han cambiado nada desde que lanzasen la espléndida Toy Story hace casi quince años dirigida por el propio John, yo creo que se nota el nuevo rumbo. Me he explicado ¿no? Pues venga, a ver esas hostias.

    Visto en: BD-Rip (que me hace gracia el nombre, RIP).

  • ¿Han evolucionado los detergentes?

    Los anuncios de productos de limpieza llevan con nosotros décadas. ¿Qué os voy a decir a vosotros, si sois una panda de abueletes? Las manchas no evolucionan. El barro sigue siendo barro, el tomate no ha cambiado gran cosa, la grasa de motor es más o menos biodegradable pero se mantiene… y nos quieren hacer creer que el Ariel de ahora es mejor que cualquier otro producto. No sólo el detergente Hacendado, mejor que el Ariel de antes. No puede ser, si alguien habla de diferencias entre el Ariel de antes y el de ahora sólo puede referirse a Tequila o una reunión de Los Rodríguez.

    Los detergentes no evolucionan. O al menos no tienen por qué.

    La Coca-Cola no varía, no intenta refrescar más que la de hace unos años, tampoco se molestan en anunciar que lo hará igual. Los detergentes sí. Los detergentes llevan años prometiendo los mismos resultados, que las manchas se quitarán a la primera, que el blanco será más blanco que nunca, que los tejidos mantendrán su resistencia y tacto… Y yo no noto diferencia.

    Unos son más suaves y otros huelen mejor. Pero antes era igual, depende del suavizante y de los condimentos que traigan todos los productos.

    Sinceramente creo que la única evolución se ha dado en la publicidad, antes existía un hombre que, de un salto, se metía en los tejidos de cada sábana y trataba a las manchas de tú a tú. Ahora viene una mujer de pelo azul, dice que del futuro, yo creo que es puta, vamos, fijo.

    Visto en: Puta futura, pero puta.

  • iCrap

    -¿Estás subscrito a la Rolling Stone?
    -No, no me convenció, me compré 4 ó 5 cuando salió.
    -No, me refiero por RSS.
    -Ah, es que soy de otra época, de los de leer en el cagadero, que es para lo que Apple sacará un tablet.

    Malkav, profeta de baño.

    VIsto en: ¡Ordenadores que te cagas!