Mes: enero 2009

  • Yo no quise ser astronauta

    Para ser sincero, no conozco a nadie que lo haya querido ser. No sé de dónde vendrá esa expresión que intenta decirnos si de pequeños eramos tan idealistas y pensábamos que llegaríamos tan alto (como la Luna, como la Lu-na).

    De hecho es una profesión a la que no veo mucho atractivo. Yo de niño quería ser pastor. Pastor de ovejas. Ese si es un curro bien bonito. Tendría un burro con alforjas, un botijo, tiempo para pensar, no tendría un jefe que me putease, ni horarios que me estresen, a una oveja no le importa que llegues veinte minutos tarde. Me gustaba eso de pequeño.

    Por otro lado la pregunta de ¿qué quieres ser de mayor? es uno de esos inventos de los adultos para traumatizar más a los niños (a los hijos de otros, claro), como la asesina ¿a quién quieres más, a papá o a mamá?

    Es una pregunta a degüello porque fomenta una desilusión del chaval. A parte de pastor quise ser bombero (sólo porque veía divertido el deslizarse por una vara cada vez que pasa algo, ahora lo más cerca que estoy de eso es una barra de striptease), y la gente no veía qué había de divertido en apagar fuegos, rescatar gatos y sacar agua de inundaciones. La verdad es que tenían razón, no es divertido, si lo fuese habría que investigar a un posible pirómano. Pero prepararte durante toda la vida para intentar que un plan espacial te acepte y físicamente puedas subir ahí arriba a hacer algunos experimentos y echar un ojo a lo que nos rodea es una cosa que nunca me ha atraído.

    De hecho me parece aburrido. Seguramente haya niños que desde pequeños sueñen con ser lanzados por la NASA y algún plan Columbia (seguro que hay algunos que hasta sueñan con volver), pero es muy cruel quedarse a mitad de carrera. Pobres astronautas frustrados que se limitan a mirar desde abajo como hacemos los demás pero con responsabilidad suficiente como para hacer explotar miles de millones de euros y un puñado de héroes. No deberían dejar hacer eso a los padres. Al menos no a los que trabajen fuera del Ministerio de Educación.

    Visto en: ¿Algún pastor ovejero más?

  • Estudiar en la cama

    Todos lo hemos visto en alguna película o serie, generalmente americana. El personaje tirado en la cama con los pies en la almohada. Tal vez escribiendo o rodeado de libros que se supone que estudia. Pues no entiendo. Eso es incomodísimo. No puedes escribir con soltura porque el mullido imposibilita que el boli se desplace adecuadamente, vas dando saltitos. No es una en la que uno aguante más de diez minutos, boca abajo, clavando las rodillas y levantando el pescuezo como una jirafa. Una cosa diferente es leer un libro por la noche, recostado en el cabecero, calentito, moviendo los dedos de los pies de vez en cuando porque se enfrían… Incluso estudiar per sé, que levante la mano quien nunca se haya llevado los apuntes a la cama. Y quien tenga un portátil también estará acostumbrado a llevarse el equipo. Pero así, sentadito o recostado. No tumbado. Antes prefiero el suelo.

    ¿Qué sucede, que los de atrezo y producción no conocen los escritorios? ¿Mejora el cutis el empollar así?  ¿La clorhexidina deja mancha?

    Visto en: 0.05% Solución acuosa.

  • Relatos cortos de tintero

    En ocasiones al abrir un documento nuevo de texto y redactar un post tengo la sensación de ser George Peppard escribiendo su novela en Desayuno con Diamantes, sustituyendo el whisky y los cigarros por Coca-Colas. Es más, me siento como un columnista en plantilla en The New Yorker, pendiente de lo que pasa a su alrededor, desayunando en antiguas cafeterías leyendo el Times. Un chasquido de dedos después despierto y veo que mi vecina no es Audrey, que no vivo en un ático de Brooklyn y que ojear Marca.com dos veces por semana no cuenta como leer un periódico.

    Pero me gusta.

    Escribir unas cuántas líneas a diario mejora tu escritura, te obligas a escribir mejor (al menos a intentarlo), te fijas en cómo lo hacen los demás, piensas qué puedes adaptar, qué no te ha gustado o directamente se te ocurren cosas que crees que son innovadoras. Te tiras a la piscina, a veces terminas flotando y en otras el agua no cubre lo suficiente.

    La gente debería escribir por ese simple motivo. No una novela, no un artículo para National Geographic, ni tan siquiera un blog ni un diario personal para esconder en la mesilla. Escribir a secas. Terminas desarrollando la imaginación. Esto no viene bien sólo para los papeles, tinta y pluma, sino para cualquier cosa. Es cierto que intentar hacer lo mismo que otros han hecho puede complicarse si no se sabe cómo, pero es más difícil ser el primero en hacer o decir algo y que los demás se suban al carro. Es lo bonito. Puede aplicarse a muchos ámbitos, ¿rehacer los edificios de Foster o trazar mis propios diseños?, ¿continuar con el experimento según los apuntes del anterior o seguir mis propias ideas y mezclar las otras dos sustancias?, ¿limitarme a programar lo que me piden o intentar analizar y diseñar un sistema novedoso? Hay un factor riesgo casi erótico en todo esto.

    Yo quiero seguir un poco la senda de George y la gente de la revista de la Gran Manzana. Comenzaré a soltar relatos cortos, tal vez sea un fracaso estrepitoso, pero también es cierto que aunque haya hecho mis pinitos soy un novato en esto de escribir lo que mi imaginación me dicta. Menciono todo esto no porque necesite vuestra aprobación, sino porque la reflexión merece la pena, o eso pienso.

    No esperéis que salga un Pultitzer de aquí. Un Premio Planeta, si se da el acaso.

    Visto en: my huckleberry tale.

  • GUA-PA, TÚ E-RES GUA-PA

    No lo comprenderé jamás. De los creadores (o sus primos) de Eres tú mi peluchito, que en alemán gana mucho y los que parieron el encantador Osito Gominola, ahora llega la penúltima mezcla sintetizada de una voz orientada a canis (generalmente chicas o a los chicos para intentar fornicarse) y móviles gama pepinaco, Berni:

    Y aunque salga una chica en bikini que merece ser vista y el vídeo no esté acompañado de la voz en off tan sórdida que alarga las vocales:

    ¿Quieres tener a furciaca21 en tu móvi…il? Pues envía un mensaje con la palabra ‘CERDA…A‘ al siete cuatro…o, siete, siete…e.

    Sólo escribirlo me produce repelús.

    Lo que pregunto es que aunque esté claramente destinado a un special needs target (siempre queda mejor que ‘público gilipollas’, en inglés parece menos brusco), y que éstas canciones no las pongan ni en los autos de choque, ¿alguien, alguna sola persona, él o ella, de los que lee esto ha sentido simpatía alguna vez por estos enviados de Satán? Vale, puede parecer estúpido preguntar esto después de llamar retrasados a los que consumen (y quiero decir pagan) este tipo de productos. Pero de verdad me gustaría saber si mi odio es racional, simple envidia de que los Jonatan mojen a sus Jenis tras casi tres minutos de insufrible tintineo, simplemente, ¿alguna vez os ha parecido mono?

    Visto en: ¡JAMBA!