La fidelización en los tiempos del coolera

Lunes, 22 Febrero, 2010

Eso de fidelización es una palabra con un significado muy sencillo: hacer que los clientes vuelvan, que sean fieles a un producto. Que repitan con la elección del cine o que compren siempre la misma marca de salchichas. No hay más concepto. Centrando esta idea en el negocio de internet substituyamos clientes por lectores (es decir, personas que leen, consumen información, no dejan de ser clientes) y producto por, por ejemplo, un blog, un portal, una web en definitiva. Hay gente que escribe, relativamente bien, sobre lo importante que es mantener un grupo de seguidores fieles, que en el fondo es lo más importante para una página. Yo digo que mienten y, además, nadan en piscinas de hipocresía.

Un buscador se balanceaba sobre la tela de una araña

La entrada podría haberla escrito el mismo Capt’n Obvius en persona, pero es que, de verdad, me toca los cojones con tanta ira que me desgasta el escroto. No os dejéis engatusar , no os quieren, no sois especiales para ellos. Alejaos de estos falsos profetas que prometen kilos de amor por cada byte. Si os follan no es por tener un contacto más directo con cada uno de vosotros, es porque es fácil, rápido y, sobretodo, cool. Si no te contestan no es que esté muy ocupado con su protoempresa o conociendo a su futura ex-novia, es que no le importas como individuo, vaquero. Les importa Google. A tomar por culo el rollo social, ¿verdad? Eres una prescindible unidad dentro de sus miles de números que cada colaboran engrosando su AdSense y su Analytics, y quieren que vuelvas para que mantengas esos números. Si te envían un correo con caritas sonrientes no es que les caiga bien, es que si fuese una carta del club de Carrefour parecería demasiado formal a la par que barriobajero, qué tétrico, pero es la misma esencia.

Aquí dejo mi aportación, aprovechando que ahora todos pueden dar de palos al malogrado (sí, una forma televisiva de decir kaput) Nino Bravo en base a un aniversario, yo me uno con ternura, con miedo y con locura. Perdonad que no llegue a los agudos.

Visto en: Abril del 73.


I’m Feeling Lucky… Luke!

Domingo, 21 Febrero, 2010

I'm Feeling Lucky... Luke!

Visto en: Larry, Sergey, Morris y Goscinny.


Viajes en el tiempo

Sábado, 20 Febrero, 2010

Quiero regalaros unas palabras acerca de los viajes en el tiempo. Nunca hay que ir hacia atrás. Esto lo aprendimos todos viendo Gárgolas, la serie aquella de unos monstruos que despiertan en Nueva York siglos después. «La pregunta no es dónde estamos, sino cuándo». Desde los albores de la ciencia ficción se ha pensado que el hecho de poder viajar en el tiempo implica cambiarte de posición a la par. No he llegado a comprender por qué. Hay gente, estúpidos buenistas, que afirman que utilizarían una máquina del tiempo (ya sea una cápsula unipersonal, una nave espacial o un asiento como en la obra de Wells y la película dirigida por su nieto, yo os recomiendo las dos cosas, que no me cuesta nada y si sólo os animo a leer un libro así me lo tiráis a la cara porque no salen los Jonas Brothers para colorear), para evitar la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Lincoln, la Guerra Civil, la desaparición del Imperio Autro-Húngaro, poder chocar esos cinco con Jesucristo o cualquier otra soplapollez (aunque lo de Jesús molaría cantidad). Me hacen especial gracia las de los héroes, no sé si piensan presentarse en Berlín en los años 30 e intentar que Hitler no gane las elecciones, como he dicho al comienzo, no sé cómo pretenden llegar a Berlín, supongo que en tren. Si fuese a tierras bíblicas y se encontrasen en el mismo sitio que ahora mismo ya sería más complicado. A lo mejor prefieren ir al día del nacimiento de Stalin y, a lo Herodes, cargarse al crío para que no desarrolle la carrera política-armada que todos conocemos. Hay que tener cojones para tener un bebé entre las manos y cepillárselo, sea quien sea. Además, yo, personalmente y le joda a quien le joda, tengo claro que la guerra constituye un medio imprescindible para hacer avanzar la cultura, si esa frase no te parece mía o no la compartes echa la culpa a otro, que a mí me la trae floja, matizaría lo de cultura y lo corregiría sustituyéndolo por tecnología, y ahora sí que no me lo discute nadie. En definitiva, una única persona, por mucha buena fe que gaste, no habría sido capaz de evitar derramamientos de sangre equivalentes a millones de litros. Es así. Ya existieron buenas personas entonces y no lo consiguieron. Y aún evitando un único hecho no tendrás la certeza de que esa explosión violenta surja, como la muerte de la mujer del viajante en la película, spoiler y tal. A esto habría que sumar la conocida consecuencia de cuidado con lo que tocas que lo mismo luego ni naces, cenutrio McFly.

Perdonad que me pierda, pero es que esta es una de esas entradas que siempre he querido escribir y tengo bastantes cosas que contar. Siempre me ha gustado creer que realmente existe una diminuta, liliputiense como los de Guliiver (otro libro de viajes, estoy que me salgo), del tamaño infinitesimal de un electrón posibilidad de que, juntando unos determinados elementos, girando unas determinadas tuercas y golpenado unos determinados componentes cual televisión de tubo de rayos catódicos podamos vernos a nosotros mismos dentro de un tiempo especificado. «Tal cosa es imposible», ¡jamás! Y pese a todo nunca he visto nada de Dr Who. De momento la única solución viable es viajar hacia el Oeste, ganando horas al reloj, pero no cuenta.

Cuando digo eso de ir al futuro no me refiero a dentro de unos siglos, no pretendo realizar saltos seculares, eso lo hacía Hari Seldon con suma elegancia, conociendo de antemano qué pasaría en cada momento tras largos cálculos psicohistóricos. No, en absoluto, nada que ver. Soy mucho más egoísta. De crío me imaginaba mi vida con 14 años. Cuando llegué a los 14 empecé a pensar cómo sería yo con 21. Ahora tengo 21 y está claro que mi cuerpo me pide saber qué me depara el futuro y nunca he tenido en cuenta lo de las cartas, y la línea de la palma de la mano pese a que vaya por la vida disfrazado de Corto Maltés.

A veces es una situación excesivamente frustrante. Desearía poder utilizar una de estas máquinas y correr hasta dentro de un pequeño puñado de años, regresar aquí y no acordarme. Sí, carece de sentido, pero sería injusto tener nociones sobre el futuro que voy a vivir, no sólo por poder acertar el Gordo de Navidad, sino que, joder, me quita emoción a mi propia vida. Esto quiere decir que a lo mejor lo he hecho ya y no soy consciente (ciertamente esto es más de Descartes, lo del mus no, el francés que no soportaba madrugar), ¿estoy viviendo mi vida o lo estoy soñando todo? Bien, creo que me seguís. Es insoportable, quiero saber. Quiero saber hasta dónde habré llevado mi vida de Rolling Stone, ¿podré por fin instalar una batería en mi casa?, para qué empresa pequeña, mediana, grande, Google trabajaré… dónde viviré (y no me refiero a “en qué casa” sino en qué lugar del mundo, que es lo que más me atormenta), con quién si es que viviré con alguien, cómo la conocí, de qué color son sus ojos verdes y cómo es posible que sea tan guapa. Quiero saberlo ya.

Visto en: Febreo de 2010, a expensas de lo que venga.


Una mañana por la mañana

Viernes, 19 Febrero, 2010

Generalmente mi horario suele asustar a las personas que se hacen llamar normales. Me acuesto tarde y me despierto relativamente tarde, a las diez o incluso un pelín más si puedo arañar minutos al despertador. Desayuno. Me cepillo los dientes en una ventana que tengo colocada en el techo (cosas de la buhardilla) mientras veo pasar uno o dos coches, ahora que he aprendido a cepillarme sin babear es un lujo, el siguiente paso es alcanzar a la gurú del cepillado, una amiga que puede contarte por teléfono cualquier cotilleo mientras se lava los dientes y entiendes perfectamente lo que está diciendo. Hago la cama. Preparo las cosas del gimnasio e intento estar allí para las once. A la una y pico ya estoy en casa agotado y duchado. Por la tarde tengo clase y por la noche “hago vida”.

Los viernes no. Por tanto hoy no. Anoche estaba realmente cansado y algo quemado con la vida, cosas que pasan, y me he despertado de malas porque los viernes por la mañana sí tengo clase. Y por la tarde hasta las ocho. Un lujo. Se me ha hecho tarde. Me he duchado con agua fría porque no había otra cosa. He comido dos tonterías y me he montado en el autobús siguiente al que suelo coger los otros días. Llego. Llego tarde, pero llego. Dispuesto a tragarme tres horas de una aburrida asignatura. Pero no había nadie. Pasillo arriba, pasillo abajo. Nadie que esté conmigo en esa asignatura. Me encuentro con una de estas leyendas vivas de las ingenierías, que lleva siete años en una carrera de tres cursos, «No, es que no hay clase, lo han cancelado porque la profesora está enferma y no sé qué. Los de tu clase se acaban de ir». Guay.

Me voy. Sigue lloviendo. Intento cogerme otra línea de autobús para que el viaje me salga gratis y por cuestión de tiempo me montó en la que tiene más tráfico de toda a esta gris capital provinciana. Monto yo y otra legión de descuidadas señoras dispuestas a sacarme un ojo con el paraguas (que, como no podía ser de otra manera, lo mantienen abierto debajo de la marquesina, son un amor). Delante de mí sube una chica, de esas que se nota que han saltado de bachiller al mercado laboral pasando por la casilla de un FP y disfruta sabiendo que, si la crisis quiere, a primeros del mes que viene podrá comprarse más ropa. Una chica normalita, la verdad. Pero no le funcionaba el bonobús, tarjeta del diablo. Tres, cuatro, cinco intentos. «Pues tiene que tener dinero, que acabo de recargarla…». Dios, parecía que iba a ponerse a llorar. Yo, haciendo gala de mi mala y poca fe me apresuro a picar y largarme ASAP. Un caballero desconocido, se ve que necesitado de amor, con gafitas y seguramente empalmado, se ofreció a pagarle el viaje. La chica, como mujer ladina que es, se lo agradeció. Un pagafantas a tiempo es maná. Ya estamos todos en el reconfortante, cálido y seco vehículo que causaría claustrofobia a una sardina enlatada. La chica le vuelve a agradecer el gesto a nuestro Técnico en Rescates de Princesas en Apuros. Él, valiente, sonríe y pregunta cómo se llama. Ella, sabia, responde que tiene novio y no quiere nada. Sí, me encanta, así son las arpías, te dejan acercarte hasta que cuando estés a su alcance puedan arrearte un sartenazo, dejarte KO y devorarte lentamente frente a su público. Él, humillado, se excusa con frases tipo, de esas que todo hombre tiene memorizadas, «No, no, si yo no quería nada». Y probablemente fuese verdad (y tal), ya hay que ser altiva y creída para, sin estar excepcionalmente buena ni llegar a bella creer que cualquier hacedor de buenas obras que se deja 37 céntimos por ti pretende llevarte a la cama esperar que le entregues tu flor, igual que hiciste con el musculitos dos cursos mayor que tú a finales de la ESO en aquella discoteca que ya cerró. No, mujer, menos lobos.

Tres señoras después, de esas que rozan los culos, piden perdón y se ríen intento hacer creíble su disculpa, «Uy, es que me caía», (no, señora, se tiraba, compre Viagra a su difunto marido, ups) se hace un interesante cambio de personal, por supuesto yo aún cabreado por haber perdido la mañana. Se baja el aspirante a héroe y la gorrona, por supuesto, ni se despide. Ahora era él quien parecía que fuese a llorar. Me arrincono, de pie, en un hueco y una mujer, ya metida en edad, empieza a gritar. Aseguraban que le habían robado en monedero (esta gente lleva billetes de 50 en el monedero, así que lo comprendí), y la momia hija de puta se me queda mirando. Si gritas y miras a una persona al mismo tiempo todo el mundo mira a esa persona pensando «Puerco ladrón, te parecerá bonito mangonear a una pobre anciana». Así, de repente, yo era el señalado, el apestado. ¡Qué genial! Antes de que yo pudiese si quiera defenderme la vieja saca del fondo de su grotescamente grande bolso una carterita, la levanta como el pescador que se hace con un atún de 70Kg y sonríe, «No, ¡aquí está!». Lástima, por unos segundos yo fui el centro de atención. No me jodas, ¿en qué piensa la gente?

Ya estaba casi llegando a casa cuando se suben dos chicas, la que se sabe guapa y su amiga fea, liderando a un escuadrón de jóvenes deficientes. Iban de excursión. 10 personas más dentro del autobús. Uno de ellos, el que más acné tenía, por cierto, su cara parecía un circuito de cross, vomitó encima de la guapa y la compañera, al ir a ver qué pasaba, recibió su ración de desayuno. Obra social, me parto. Todo el puto autobús oliendo aquella mierda. Venga, por favor.

Me bajé una parada antes de la correspondiente, y conmigo creo que casi todos, y caminé hasta casa, sudando, oliendo a lo que había potado aquí el amigo, mojado por la lluvia, acusado de ladrón y sin haber hecho nada en toda la puta mañana. Esperando que empiecen las cuatro horas de clase por la tarde. Olé.

Feliz fin de semana. Seguro que lo disfrutáis.

Visto en: Horario matutinos, mis cojones.


Gora España

Jueves, 18 Febrero, 2010

Etarras

Visto en: Marca.


Crío ucraniano, dientes largos

Miércoles, 17 Febrero, 2010

Compré por menos de dos duros un mando a distancia para el portátil y llegó hace una semana escasamente. Antes lo regalaban, un accesorio inútil (Front Row deja mucho que desear), ahora o pasas por el aro de 20€ o un desconocido estadounidense te vende uno nuevo por dólar y medio. Con su plastiquito y todo. Un chollo. Busqué cómo darle vida mediante un adaptador a HDMI (que cuando cambien el DisplayPort por esta conexión y se acuerden de incluir eSATA junto al FireWire 800 lo vamos a flipar) y Google insistió en que viese un vídeo donde se mostraba una explicación a cargo de un rubito de metro y medio con acento extranjero. Max. Bastante útil.

Profesión: Student & Youtube Reviewer

Mi primera impresión fue similar a la que tuvimos todos con el niño molón. ¿Cómo es que semejante mocoso acumula, utiliza, comprende, vacila y, en definitiva, da envidia con semejante inversión en tecnología? Busqué análisis sobre un sistema de altavoces, de esos vistosos que sólo ves en internet, y él fue el encargado de ofrecer la versión audiovisual. Ya me mosqueé. Que en Ucrania veas a gente con ordenadores de más de mil euros, televisiones de alta definición, un iPhone suena extraño, pero que lo tenga un crío ya me parece insultante, por mucho que ahora sea un ciudadano de donde las 500 millas.

Él tiene, a falta de una batería y un Rickenbacker 4001 de los sesenta o setenta enchufado a un Marshall, lo que yo considero la parte entretenida de una Room 404. Un fenómeno. Me comparo y me doy pena. A su edad yo gritaba aquello de «He was a punk, she did ballet. What more can I say?», devoraba libros de Harry Potter y dedicaba mi tiempo al hedonismo. Ahora no, ahora sólo canto las canciones de la canadiense bajita cuando salen en KISS FM.

Cuando sea pequeño quiero ser como él. Soy un herido grave, de esos 2.0. Llamad a una ambulancia.

Visto en: Youtube.


Parecidos de otro planeta

Martes, 16 Febrero, 2010

Ya no recuerdo muy bien a consta de empezamos Aloisius (cuyo blog está muerto y ya no se merece el enlace) y yo con coñas acerca de Star Trek, cuánto nos gusta la USS Enterprise y que donde se ponga una terrícola que se quite cualquier raza alienígena. Una de las cositas curiosas que más recuerdo de la única película de la enorme y amplia saga que he visto es esto.

Motos-Nero

Los romulanos también se suicidan. O no.

Visto en: Telecinco y Narada.


Fotógrafas

Domingo, 14 Febrero, 2010

Corazones, chocolates, películas románticas… San Valentín. Con todo lo que ello conlleva. Yo lo he celebrado en el fúrbol, viendo un empatito en ese frío estadio que echa por tierra cualquier posible duda sobre la falacia del calentamiento global. Colofón final a las festividades de fin de exámenes. Como en todos los partidos (aunque esta era la primera vez que subía al José Zorrilla) se ha podido ver a la gente de prensa, con su chalequito, a pie de campo los cámaras de televisión y fotógrafos. He de reconocerlo, una chica con una cámara de fotos me puede. Matizo, hoy en día ser y creerse fotógrafo te lleva una tarde, cualquiera puede agenciarse una réflex por cuatro duros y buscar objetivos de segunda mano en eBay. Pero me puede. Una chica cualquiera con una Samsung compacta con más ruido que nueces no, por eso es una chica cualquiera, pero si a una chavala que ya sea un poquito mona y tenga algo de clase le dejas una cámara “que abulte” y un objetivo manual, sea del calibre que sea, lleva infinitos pasos de diafragma de ventaja frente a la más bella modelo (cuando modelo tiende a ángel de Victoria’s Secret, nunca cuando modelo tiende a pasarela). Suma un gorrito de lana, algo de melenita por debajo y añade cantidades de normalidad de la de antes, quiero decir, sin excentricidades modernillas. ¿No resulta sexy? Es tremendo. Una muestra.

Click!

A ver quién dice lo contrario.

Feliz San Valentín.

Visto en: Y encima Olympus, “de la casa”.


Patada en los huevos vs Dolores menstruales

Jueves, 11 Febrero, 2010

Polemicemos. Una patada en los huevos duele más. Obviamente no puedo compararlo tan a la ligera, no puedo basarme en experiencias propias pues, para la sorpresa de algunos lectores, no tengo ovarios. Aún así, creo que dar una respuesta lógica, pese a todo, es fácil. Sí, hasta las más feministas con banderitas rosadas van a terminar dándome la razón, y si insisto, hasta dándome la patita.

  • Una patada en nuestras gónadas nos duele siempre. Y esto ya debería ser suficiente. Nos duele tanto a los 4 años como a los 78. Los dolores menstruales “sólo” existen desde la primera regla (pongamos que a los 12 años) y finalizan aproximadamente a los 55 (también más o menos) con la menopausia. Esto es, 43 años de sufrimiento femenino frente a toda una vida de dolor masculino, si tenemos en cuenta que la longevidad del español medio es de 80.9 años, casi el doble de retorcimientos en el suelo para los tíos.
  • Una patada en los huevos nos duele a todos los tíos por igual (muchísimo). La menstruación de cada mujer varía, algunas más, algunas menos y hay quien asegura que para ella son apenas unas molestias. Esto nos indica algo, los humano tenemos una resistencia al dolor dispar, si a todo un colectivo algo les duele en el mismo grado (y repito que duele una barbaridad) y a otro colectivo una misma acción sufre variaciones en la intensidad del dolor, o bien no es un dolor tan intenso o bien todos los hombres somos más quejicas y blanditos que las chicas (que podría ser porque no soportamos quitarnos los pelos de las piernas con pinzas, pero lo dudo).
  • Una patada en los testículos es siempre inesperada (o debería ser). Y este es un punto importante. Si una persona sabe que dentro de pocos días su cuerpo va a sufrir, el cerebro se encargará de hacerlo notar y sea como sea el dolor, éste parecerá mayor.
  • Una patada en los huevos es un dolor intenso pero razonablemente corto. Los dolores menstruales no. ¿Qué quiere decir esto que parece una ventaja? Pues al hilo del punto anterior, nosotros podríamos sufrir una patada de estas características con mayor frecuencia que una vez cada 28 teóricos días. Así pues, también sumándolo a lo dicho justo aquí arriba, nosotros no tenemos dolores prepatada y dolores postpada que añadir a la patada en sí. Estos dolores físicos de las chicas, añadiendo el cambio de humor con el que casi siempre os volvéis tremendamente insoportables, suelen ser dolores menores que la propia menstruación en sí. Duran más tiempo que las horas que pueda alargarse un golpe en la entrepierna, pero se suceden con menor intensidad (al menos podéis sentaros, y esto no es una broma). En caso de encontrarnos nosotros con dolores antes y después de la patada, os aseguro que ninguno caminaría por la calle durante una semana.

Tras estas suposiciones creo que puedo afirmar que un chico aguantaría peor una patada semanal que las chicas aguantáis la menstruación. Ojo, no saltéis, duele mucho, correcto, no lo pongo en duda así que no desenfundéis ni os rebajéis a «Esto demuestra que no tienes ni idea», porque me sorprendería que vosotras sí tuvieseis ”de lo nuestro”. Pero así como no me veo capaz de parir (sólo pensar en las dilataciones ya me hace vomitar, nunca he tenido mucho cuerpo para estas cosas), me parece que esta comparación entre testículos y ovarios la ganamos nosotros. Se siente. Las quejas a Aído.

Visto en: ¡Mis cojones!


Señoras que fingen cansancio al volver del Corte Inglés

Miércoles, 10 Febrero, 2010

Podría ser perfectamente una página de las que hacerse fan en Facebook, y hasta una camiseta, en este caso. No, son las señoras hijas de momias putas que realizan maratones entre las secciones con ofertas y se apresuran a coger los mejores sitios de la cafetería, aquellos donde te sirven el chocolate con churros con mayor rapidez. Arpías arrugadas.

Una de estas viejas descarriadas, siempre de compras pero nunca gastadora, si acaso para aparentar que puede por la jubilación del marido (que en paz descanse), se subió en la parada del Corte Inglés hace un par de días. No sé cómo será en otras ciudades, pero aquí la parada “del Corte” es el centro neurálgico de las líneas de autobuses, (centro neurálgico, para los periodistas que sueltan esta bonita construcción sin saber de dónde viene, digamos que es un puñado de células nerviosas que trabajan juntas en un punto concreto de la actividad corporal, de nada, titulados), de forma que aquí se sube y se baja mucha gente.

Más o menos todos los de la línea nos conocemos de vista; el putero, la que se cree divina de la muerte, la tímida, “el Humberto”, los que viven de las subvenciones del campo… supongo que ellos pensarán «Sí, y el gilipollas de rizos». Bien, pues ahora hay un jovenzuelo, de unos 12 ó 13 añitos, que se le ve pardillo (lo siento) que tiene el brazo derecho en cabestrillo (muy bien puesto en un pañuelo de seda que todo el que lo ve adivina que pertenece a su madre o a su abuela) y como es normal prefiere ir sentado que no mal sujeto a alguna de las barras del vehículo.

De estas que terminamos de llegar a la mencionada parada cuando se ve a una señora sentada en la marquesina, cuchicheando con alguna compañera y con una bolsa del centro comercial al que no pienso hacer más publicidad, al llegar el autobús se levanta y tras varios empujones y malas miradas consigue colocarse la primera de la fila de subida. Y por sus secos ovarios que se subió antes que nadie. “Picó” con su tarjeta de jubilada y se transformó cual actriz del método. Vieja meretriz, ahora disfrazada de anciana sonriente, débil y necesitada. Yo, que casi siempre voy de pie para ahorrarme marrones y por comodidad (si tengo que coge algo de la bandolera, contestar al teléfono o simplemente poder estirar las rodillas, sentado es imposible), me empecé a oler la situación y sonreí por fuera y me descojoné por dentro. A falta de asientos, la víctima, descaradamente, sería el chico con el brazo inane y desmañanado (gracias, WordReference).

El show es tal que así; primero, acercamiento lento pero directo al atrevido okupa, segundo, esperar que el avistado con posaderas pegadas al asiento se dé por aludido y se ofrezca para cederlo y, tercero, sonreír, afirmar que no es necesario mientras se va sentando, una vez sentados y ante la incredulidad de todos frente a la inesperada hipocresía soltar un “Gracias” y mirar por la ventana porque aquí no pasa nada.

Y, como no iba a ser de otro modo, es lo que sucedió.

En el momento en que el zagal con problemas para sujetarse se encontró de pie un hombre (oh, salvador) que estaba sentado justo delante se levantó asegurando que bajaba ahora mismo y él estaba mejor así. Y, en efecto, así fue, a la siguiente parada se bajó, junto con “La Señora”.

Mi pregunta, ¿por qué este señor no se levantó para ofrecerle el asiento a la vieja cabrona? Igual no sabía que el mozo tenía el codo fastidiado. Mi segunda pregunta, ¿qué tengo que hacer para sacar un decreto-ley que impida a estas ancianas ladinas, falsas y apolilladas utilizar un servicio público de estas características? Por favor y gracias.

Visto en: Línea 5