• Pocas veces había tenido la "oportunidad" de leer un texto tan falto de argumentación...

Me he leído el blog

ElGekoNegro | Domingo, 2 septiembre 2012, 1:47

Niños, el verano de 2012 fue un verano algo raro para vues­tro padre. No lle­vaba mucho tiempo en Madrid y su cabeza seguía inquieta, inten­tando ubi­carse, pre­gun­tán­dose qué es lo que real­mente que­ría. Y a lo largo de ese calu­roso agosto tuvo la idea de releer todo el mate­rial que ya había publi­cado. Tal cual. Yo, que nunca he sido un tío de crear ni man­te­ner borra­do­res, me encon­tré hace mes y algo con media docena de títu­los de post con su corres­pon­diente parra­fito intro­duc­to­rio. Sin nada más. Y me pre­gunté qué me pasaba y qué me había hecho des­pla­zarme a otros méto­dos de comu­ni­ca­ción más directa, rápida (inme­diata, de hecho) y tan esté­ti­ca­mente pobre como puede ser Face­book, Ins­ta­gram o Twit­ter. Ha sido fácil de cal­cu­lar, todo esto viene desde el momento en que empecé a uti­li­zar un telé­fono con tarifa de datos que me per­mite desa­rro­llar cier­tos temas on the fly sin la apa­rente pesa­dez de sen­tarte a pen­sar qué quie­res escri­bir. En resu­men, todo apun­taba a que no escri­bía nada decente desde agosto de 2010 (dos años, hijos).

Es cierto que ha habido un movi­miento simi­lar al que he lle­vado yo acabo por parte de todas las per­so­nas que me ani­ma­ban a seguir escri­biendo al menos tres veces por semana (algo que ahora me parece inal­can­za­ble). Tam­bién las empre­sas, pues desde que Goo­gle se ful­minó su ser­vi­cio de Reader (que per­ma­nece cata­tó­ni­ca­mente enca­mado hasta que el mata­rife dego­lle su cue­llo cual cochino en San Mar­tín) me des­pe­gué de otros blogs que solía leer hasta el extremo de entrar en única­mente dos sitios cada dos o tres días intro­du­ciendo los pri­me­ros carac­te­res de la URL en la barra de nave­ga­ción de Chrome. Y esto hace tiempo que dejó de ser frío para pare­cerme helador.

Ha habido moti­vos per­so­na­les, los reco­nozco, que me han lle­vado a sepa­rarme volun­ta­ria­mente tanto del blog como de cier­tas per­so­nas que conocí a tra­vés de él. A dife­ren­cia de un curso del cole­gio o incluso de la facul­tad, aquí no pasan nueve meses y con la lle­gada del verano no los vuel­ves a ver, sino que siem­pre vas teniendo refe­ren­cias y por pura como­di­dad he evi­tado bas­tan­tes… situa­cio­nes que podrían haberme moles­tado. Han sido unos meses jodi­dos. Varios meses. Y ni siquiera sé por qué hablo en pasado, la ver­dad, me estoy cre­yendo mejor de lo que soy en este aspecto, pero hos­tia, alguien se lo tiene que creer, ¿no?

Reto­me­mos. Agosto del 2010. Un Lagarto Abuhar­di­llado ya con­taba con unos lus­tro­sos cua­tro años a sus espal­das y un trá­fico que, si bien nunca ha des­pun­tado (y me con­si­dero afor­tu­nado por ello, cada vez más), resul­taba intere­sante. Aquí comenzó todo eso de que­dar con ami­gos y que cada uno, en cada uno de los cua­tro lados de la mesa, nos encon­trá­se­mos mirando nues­tros telé­fo­nos mien­tras las cañas y el ser­vi­lle­tero se pre­gun­ta­sen qué había­mos ido a hacer. Todo este pro­blema de la sobre­in­for­ma­ción, de que pode­mos ente­rar­nos en segun­dos de cual­quier cosa que suceda en Suma­tra o en La Rioja, con imá­ge­nes y vídeos en alta defi­ni­ción, pero una infor­ma­ción pésima, volá­til, extre­ma­da­mente caduca y meri­to­ria­mente olvi­da­ble. Con­suelo de ton­tos, pero no soy el único en esta situa­ción. Me tuve que encon­trar para saber cómo era yo antes de aque­llo. Y empecé por el prin­ci­pio. Mes a mes, post a post. Natu­ral­mente muchos me los he sal­tado del tirón. La mayo­ría de las entra­das del comienzo me han sacado más de una son­risa, «Tío, hay que ver lo equi­vo­cado que esta­bas» o, al con­tra­rio, «Tío, ojalá hubiese leído esto antes». Ha habido momen­tos com­pli­ca­dos, posts den­sos que ni siquiera recor­daba haber escrito y que me han sor­pren­dido muy gra­ta­mente. Ni siquiera sé cómo dian­tres fui capaz de escri­bir alguna de esas cosas, no por falta de valen­tía, sino por puro valor lite­ra­rio. Quiero decir, me ha tocado estu­diar poe­mas peo­res. Poe­mas de artis­tas que, supongo, en algún momento serían la hos­tia, pero poe­mas de mierda al fin y al cabo.

Con­tent is king

El con­te­nido es el rey. El rey. Y, en la mayo­ría de casos (excep­tuando citas, vídeos u otras cosas y cho­rra­das) el con­te­nido lo gene­raba yo. Pero de nada sirve esfor­zarte en crear el mejor perió­dico del mundo, con la tipo­gra­fía más legi­ble que pue­das impri­mir en ese papel que tiene el gro­sor per­fecto para ser mane­ja­ble pero no rom­perse ni ple­garse como los demás, con unas foto­gra­fías que ilus­tran las noti­cias real­mente impac­tan­tes sin lle­gar al morbo y unos cuer­pos de texto tan mági­ca­mente maque­ta­dos que en nin­gún momento te per­de­rás al cam­biar de una columna a la siguiente, unos artícu­los de opi­nión que des­pier­tan curio­si­dad e inte­rés en cual­quiera que ojee sus pági­nas y unas noti­cias con­tras­ta­das y vera­ces expre­sa­das en un len­guaje com­pren­si­ble a la par que pre­cio­sista y directo cuando ha de serlo (pero ante todo res­pe­tuoso) con una selec­ción de publi­ci­dad exqui­sita donde no encon­tra­rás ni ofer­tas de cru­ce­ros ni sór­di­dos bai­la­ri­nes… si nadie lee perió­di­cos ya. Si nadie va más allá del titu­lar y, en su ver­sión web, los comen­ta­rios gene­ra­dos que sir­ven como resu­men iró­nico y lacó­nico de lo que el arti­cu­lista que­ría expresar.

Y aquí entra­mos en el debate cen­te­na­rio de que no se lee por­que no se escribe o no se escribe por­que no se lee. Creo que, en mi caso, se jun­ta­ron ambas. Natu­ral­mente si yo no escribo nadie lee, por des­con­tado, pero ese salto hacia otras pla­ta­for­mas hizo que todos dejá­se­mos bas­tante de lado esto (me incluyo, de nuevo) por tanto el reto­marlo siem­pre pro­du­cía pereza, y aun­que se escri­biese (menos y alar­man­te­mente peor, ahora ya com­pro­bado) la gente ya se encon­traba dis­traída con otras cosas, y por tanto, no se leía, no se comen­taba, y yo no escri­bía. Nada repro­cha­ble y todo com­ple­ta­mente lógico pues, al final de cuen­tas, que esto es lo que cuenta, no éramos más que los mis­mos tíos hablando entre noso­tros sobre las mis­mas cosas, pero en otros medios. En otros sopor­tes. Del telé­grafo al telé­fono y de ahí a Skype, si que­réis. Curio­sa­mente, cuanto menos he escrito ha sido cuanto más con­tacto real he tenido con voso­tros. Se ha pro­du­cido un acer­ca­miento que, antes, hubiera sido impen­sa­ble o, al menos, alta­mente dudoso (por mi pro­pia men­ta­li­dad). Con algu­nos he cenado, con algu­nos he comido, con otros me he ido de cañas. Con otros… Ahora no importa, mien­tras sea feliz. No es que la culpa sea de Whats’App, pero casi, si hace un tiempo éste blog era prác­ti­ca­mente el único nexo entre varias per­so­nas y el tipo que escribe, poco a poco esa dis­tan­cia vir­tual ter­minó en apre­to­nes de manos y hasta en espe­ras en aero­puer­tos. Todo aque­llo que nece­si­taba escri­bir lo con­taba a las per­so­nas que sabía que iban a darme una solu­ción al pro­blema o sim­ple­mente a quie­nes pudiera intere­sar­les. Rapidez.

Des­pués de leer las mil qui­nien­tas entra­das (1501, con esta), se me hace recon­for­tante ver que, aun­que escriba peor, aun­que eche de menos a muchas per­so­nas (no sim­ples comen­ta­ris­tas) que solían leerme, reírse, cri­ti­carme, cues­tio­narme o hasta emo­cio­narse con mis tex­tos: la autén­tica recom­pensa de un blog que en su momento no supe apre­ciarlo pues siem­pre pare­cía que esta­ría ahí, des­pués de todo, lo que más añoro es escri­bir rela­ti­tos. Cuen­tos de algu­nas hojas. Más que eso, la capa­ci­dad para hacerlo. Recuerdo que varios de ellos, la mayo­ría, los escri­bía del tirón. Algo que me asom­bra. No me veo, ni me reco­nozco, capaz de hacer algo así ahora. Un cuento como el de San Valen­tín, que en aquél momento pare­cía una buena idea, lo escribí en cosa de dos o tres horas entre las doce de la madru­gada y las cua­tro. Recuerdo esa noche con cierta claridad.

Nunca antes había tenido tanta razón aque­llo de «Tú antes mola­bas». Pero, como en una serie de tele­vi­sión, la pri­mera tem­po­rada resultó lla­ma­tiva pero tam­poco extra­or­di­na­ria, las dos o tres siguien­tes man­tu­vie­ron un inte­rés nota­ble alcan­zando el sobre­sa­liente en epi­so­dios (posts) con­cre­tos y todo lo que vino des­pués lo ves (lees) por iner­cia y rutina, sin nin­gún inte­rés real, mirando el reloj cada poco tiempo, sin saber cuándo deja­rás de seguir el hilo de la trama, si ya sabéis que vues­tra madre es la her­mana del tío Barney.

Visto en: Un Lagarto Abuhar­di­llado (by CBS).

≠ Error | Blogs, Buhardilla, Lagarto, Pensando en alto
  • 03 sep 2012, 0:50;

    Pues sí, hemos con­ver­tido Inter­net en una puta mierda.

  • ♣2 Batman
    03 sep 2012, 9:28;

    Te pon­dría algo más largo pero escri­bir desde el móvil es una puta mirra. Y un bien punto para esta entrada…

  • ♣3 Batman
    03 sep 2012, 9:30;

    Mirra… Puta mierda y tal.

  • 03 sep 2012, 17:06;

    Y no te falta razón. De hecho, creo que desde el momento en que Grea­der des­a­pa­re­ció, mi forma de ver, leer y comen­tar en blogs cam­bió para casi desaparecer.

    Twit­ter per­mite decir en el momento lo que quie­res ¿Es eso bueno? Pues vaya usted a saber. En mi caso, escribo aún en algún blog y, de vez en cuando (muy de vez en cuando) vuelvo a La Taberna.

    Dicho esto, señor, siga escri­biendo. Aun­que sea en una libreta. Aun­que no lo publi­que y sean peque­ños borra­do­res inservibles.

    Dicho esto, circule.

  • ♣5 Rebeca
    11 sep 2012, 15:12;

    Escribe, muchos no comen­ta­mos pero dis­fru­ta­mos con el sor­presa de teclear auto­má­ti­ca­mente tu url y que haya entrada nueva :)

  • 5 respuestas, tu venganza