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La tienda de ultracongelados que estaba al otro lado del Leizarán

ElGekoNegro | Martes, 19 junio 2012, 21:27

Era yo un crío y ni idea de si aún existe, pero me fas­ci­naba. Más que un Toys “Я” Us, con la erre vol­teada y todo. Cali­dad, oiga. Ima­gi­nad un esta­ble­ci­miento con una puerta trans­pa­rente enorme, de esas que se abren cuando te apro­xi­mas, eso que sólo tenían algu­nos Eros­kis. Fan­ta­sía de tec­no­lo­gía. Ima­gi­nad la de luz que entraba más la que pro­du­cían aque­llos enor­mes fluo­res­cen­tes de luz blan­quí­sima, de impo­lu­tos foto­nes ves­ti­dos de gala, con cha­qué, som­brero de copa, bas­tón y monóculo. Una pro­yec­ción de luz sólo com­pa­ra­ble a lo que Holly­wood nos intenta hacer creer que es la pul­cri­tud del cielo, la tran­qui­li­dad que supone la paz eterna por encima de las pose­sio­nes físi­cas. El blanco. Luz y cla­ri­dad en una tienda que, como no podía ser de otra manera, siem­pre estaba fría. Un frío que te inmo­vi­li­zaba al prin­ci­pio, al entrar, y que ense­guida con­ver­tías en cali­dez cuando veías la ingente can­ti­dad de pro­duc­tos ofer­ta­dos. Siem­pre. Con llu­via, sol, nieve, true­nos o nie­bla. Siem­pre tenías todo. Eso era lo que cap­taba mi aten­ción en cada oca­sión que entraba allí. Nunca fal­taba nada. Desde ver­du­ras con­ge­la­das, crois­sants o chu­rros con­ge­la­dos, empa­na­di­llas con­ge­la­das, pes­ca­dos con­ge­la­dos, pan con­ge­lado… Tenía todo lo que una per­sona pudiera nece­si­tar de lle­varse a la boca, sea cual sea la esta­ción. No enten­día para qué ir a otras tien­das si ahí mismo se podía com­prar lo nece­sa­rio y luego, en casa, des­con­ge­larlo. La pana­cea ali­men­ta­ria, ni pas­ti­llas de astro­nauta ni zumos en polvo. Todo allí, sem­pi­terno local a los pies del pri­mer edi­fi­cio que te encon­tra­bas cuando cru­za­bas el río saliendo de las vías.

No me pre­gun­téis por­qué absurdo motivo me ha venido pre­ci­sa­mente hoy a la cabeza esta entra­ña­ble tien­de­cita que, vién­dolo con pers­pec­tiva, ven­día pro­duc­tos para coci­ne­ros (como yo) que pre­fie­ren tirar de con­ge­la­dor lleno antes de ir dia­ria­mente al mer­cado a por cosi­tas fres­cas que coci­nar. Será cosa de mimo. No lo sé. Han lla­mado al tim­bre de la memo­ria y he abierto sin mirar quién era. En cierto modo me ha pare­cido, de repente, que esa tienda es una farsa a la altura de la ONU, pero sin pre­si­den­tes saca­dos de gigan­to­gra­fía de Benet­ton. Todo apa­rien­cia. ¿Quién va a pre­fe­rir un crois­sant des­con­ge­lado antes que uno recién hecho de ver­dad? Supongo que sólo un niño pecoso y del­gado (por aquél enton­ces) esco­ge­ría la pro­puesta de cien­cia fic­ción embol­sada. Carece de encanto, como un gato atro­pe­llado en mitad de carre­tera, sí, es un gato, pero hey… No requiere nin­gún esfuerzo, si la tienda era tan resul­tona era pre­ci­sa­mente por­que la mer­can­cía ape­nas reque­ría man­te­ni­miento, vigi­lar el ter­mos­tato. Nada de poner las man­za­nas ver­des y bri­llan­tes, las más vis­to­sas, en el hue­quito que ilu­mina el sol todas las maña­nas hacién­do­las bri­llar con natu­ra­li­dad. Todo eran fue­gos de arti­fi­cio, bara­tos, ven­di­dos al vatio. Menos mis­te­rio que comen­zar una absurda gue­rra ver­bal sobre los delan­te­ros de la selec­ción espa­ñola, tan candente.

Visto en: Guipúzcoa.

≠ Error | Lagarto
  • ♣1 Bea
    19 jun 2012, 22:39;

    Me pirran las tien­das de ultra­con­ge­la­dos. Espe­cial­mente la zona donde tie­nen las ver­du­ras ahí suel­tas y te las pones en bol­sas como si fuera una tienda de gominolas.

    No me gus­tan las tien­das de gomi­no­las, por cierto.

  • 26 jun 2012, 23:13;

    Yo tam­poco soy muy fan de las gomi­no­las. Pero las pata­tas esas “light” que ven­den en bol­si­tas me gus­tan mucho. No hay mucha gente que dis­frute con eso.

  • 2 respuestas, tu venganza