«Fuera. ¡LÃRGATE!». Pero Ed permaneció impasible, «No, no me voy a ir». «Sabes que voy a matarte, ¿no? No serás más que un falso héroe al que no se le reconocerá ningún logro, como el entusiasta de tu pad-». ¡BANG!
La vena que recorrÃa su frente palpitaba al unÃsono de su corazón, sus ojos eran sinónimo de odio y desaprobación. HabÃa matado a un hombre. La mujer gritaba en el suelo y la hija continuaba llorando, pero él sólo escuchaba el eco del disparo en un incómodo silencio durante unos segundos eternos.
El cuerpo del padre yacÃa en el suelo boca abajo liberando sangre sin reparo, la joven se levantó y le dio la vuelta, colocó sus dedos sobre su cuello con espanto y concluyó con cierto alivio «Se ha acabado». La madre se calmó y miró a su hija, quien también habÃa dejado de llorar. La mujer levantó la vista y al ver que Ed continuaba quieto le dijo «Gracias, llevaba unos dÃas abusando de mi hija. Se habÃa vuelto loco y no nos dejaba salir de casa. Lo intentamos impedir, esta noche le dije que parase de una vez por todas, pero habÃa traÃdo una pistola y me disparó, la primera vez falló pero la segunda, cuando vine a la cocina a por un cuchillo me alcanzó la pierna y no pude hacer nada. Quiso volver a tocar a mi hija hasta que viniste tú. No soportó que se echase novio y le amenazó con matarla si no dejaba de visitarla.  Gracias».
Ed habÃa llegado a hacer aquello que tantas veces habÃa criticado, no parecÃa importarle en absoluto la tragedia familiar, pero estaba enfurecido por haber llegado a ese lÃmite. Ha hecho el bien pero actuando mal, tal vez fuese la única forma de actuar. No podÃa soportar ser un asesino del mismo modo que no pudo soportar que mencionase a su familia de esa forma. Ed miró a la mujer «¿Estaréis bien?» y ella respondió «SÃ, llamaremos al Sheriff y aclararemos lo que ha pasado». La joven estaba callada y no decÃa nada, Ed le preguntó «¿Y tú? ¿Necesitas algo? ¿Estás bien?», «SÃ, sÃ… Estoy bien, gracias. Hablaré con mi novio y le contaré qué ha pasado, él puede mantenernos». Ed asintió con la cabeza sin mostrar mucho interés, «Será mejor que me vaya, si queréis algo, estaré en mi granja». Se dio la vuelta y salió de la casa.
No le gustaba lo que habÃa pasado. No podÃa quitarse de la cabeza la imagen de ese bandido cayendo al suelo, ni la sensación en la mano de apretar el gatillo. No se habÃa preparado en toda su vida para algo asà sino para aborrecerlo.
Llegó al granero y cogió una cuerda, tenÃa claro que para vivir asà era mejor no vivir. Ni querÃa dar explicaciones a las autoridades ni, sobre todo, odiarse a sà mismo por haber estado en contra de lo que al final se convirtió. No tenÃa a nadie, no tenÃa nada. Miró las estrellas una última vez, el cielo ahora nublado no le permitÃa distinguir mucho. Se colocó el nudo al rededor del cuello y pensó que, tal vez, sean del bando que sean, los héroes deban morir.
Visto en: Rel. #1.
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