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De cómo estuve a punto de escribir un post sobre motocicletas y al final no

ElGekoNegro | Domingo, 5 febrero 2012, 1:31

Érase una vez un blog­ger que dijo… Creo que nunca en la vida de este blog me había cos­tado tanto ter­mi­nar una entrada. Me refiero a cómo lo he ido pos­po­niendo por­que siem­pre que venía a escri­bir pasaba algo rela­cio­nado con el tema que me impe­día con­ti­nuar para ver qué iba pasando. Hoy, sim­ple­mente, quiero dejar de marear la pobre per­diz y ponerle un punto final a la his­to­ria inacabada.

Harley Davidson Forty Eight

Y es que todo comenzó a media­dos del mes pasado cuando me dis­po­nía a que­jarme, por­que ape­te­cía, sobre el diseño de las motos. Quiero decir, hablando de vehícu­los, todas las mar­cas de coches sue­len tener una línea simi­lar, con mati­ces idén­ti­cos que hacen que no nece­si­tes con­sul­tar la insig­nia del capó para saber que aque­llo es un Audi “A algo” o aque­llo otro tiene toda la pinta de ser un Peu­geot por­que esos faros son de Peu­geot. Cuento con que cono­céis bas­tan­tes ejem­plos más. Con las motos, gene­ral­mente, no ocu­rre nada de esto (o bien yo, pese a haberlo inten­tado, no con­sigo encon­trar esas dife­ren­cias). Dis­tin­guir una moto de otra, si per­te­ne­cen al mismo grupo en las que se sub­di­vi­den comer­cial­mente, es una tarea muy com­pli­cada. Las motos de com­pe­ti­ción, con pega­ti­nas de carac­te­res asiá­ti­cos y pin­tu­ras chi­llo­nas sue­len ser las peo­res, junto con las scoo­ters. ¿He estado sin ter­mi­nar una his­to­ria que iba sobre esta por­que­ría? Sí. Pero es que luego me hice un ran­king sobre moto­ci­cle­tas que esté­tica y sono­ra­mente no dan ver­güenza o son, diga­mos, dis­tin­gui­bles de las otras 40 que están apar­ca­das sin tener que recu­rrir a un care­nado ama­ri­llo o verde fos­fo­rito. Vespa, Triumph y Harley-Davidson. Por supuesto, no todos los mode­los. Decía lo del sonido por­que aquí sí es impor­tante, así como hay quien se flipa e insiste en que nada suena como el V8 de un BMW M5, por ejem­plo, por­que lo ha leído en una revista “espe­cia­li­zada”, al fin y al cabo cual­quiera que vaya en un coche amor­ti­gua el sonido con la carro­ce­ría y, ade­más, lo camu­fla con el equipo de radio. En una moto lo único que está entre tus oídos y el sonido del motor es el casco, e incluso puede que no te cie­rre las ore­jas, motivo por el cual el sonido que pro­duce el movi­miento de los pis­to­nes y vas a tenerlo que escu­char durante mucho tiempo. No hay horas de You­tube que mues­tren real­mente cómo suena cual­quiera de esos moto­res. ¿Ter­mi­naba ahí la entrada ori­gi­nal? Me temo que no.

Cuando estaba dando por hecho que esa basura sería publi­cada revisé el correo y vi una oferta (Let’sBonus, creo recor­dar) con un des­cuento para la auto­es­cuela, para el car­net A2. Y me apunté. ¿Lo podría haber publi­cado en ese momento? Sí, pero quise ver cómo iba un poco el asunto y dejé pasar unos días. ¿Y luego? Me pre­senté al teó­rico esta semana. Y lo aprobé. ¿Hemos lle­gado al final de la no-publicación? Para nada.

Retro­ce­de­mos un poco en el tiempo. El vier­nes de la semana pasada, día 27, me pasé por Maki­nos­tra, con­ce­sio­na­rio de Harley-Davidson de Madrid apro­ve­chando que por la noche asis­ti­ría al con­cierto de Arctic Mon­keys. Y muy bien, el con­cierto el con­ce­sio­na­rio. Como estaba más que infor­mado sobre la firma y sus mode­los (desde crío) sabía más o menos qué me iban a expli­car, con lo que no conté fue con un dato que Goo­gle me intentó reve­lar hace unas sema­nas y al que no quise dar impor­tan­cia: soy dema­siado alto para el modelo de Har­ley que me gusta, que es uno de los de ini­cia­ción. No podría pagar nin­guno de ellos, pero bueno, no cos­taba nada pasarse por allí. El depen­diente me lo explicó muy bien y no tuvo pro­ble­mas para decirme que podría estar incó­modo en esos mode­los. Volví del con­cierto y pensé en escri­bir sobre ello ya que no era la pri­mera vez que medir algo más de lo nor­mal me cau­saba incon­ve­nien­tes. Con estas mar­cas da gusto. Me refiero a las que han creado una ima­gen y son emblema de gene­ra­cio­nes y de situa­cio­nes, igual que la gente que mira orde­na­do­res se pasa una tarde en Media Markt, quien quiere una moto se pasa las mañana con catá­lo­gos en las manos, quien quiere un Mac se conoce al dedi­llo las gamas y las dife­ren­cias entre ellos y no va al Corte Inglés a espe­rar a que le deta­llen tal o cual cosa aun­que finja pres­tarle aten­ción y asiente con su cabeza, aquí igual, bus­cas un icono (la Har­ley) y si has ido hasta allí no es por­que, ya que miras motos te acer­cas a coti­llear. No, no fun­ciona así, todos sabe­mos que ese reflejo pre­mium queda patente en el pre­cio y, si que­re­mos ir de A a B, cual­quier otra cosa nos sirve. ¿Lo hubiese publi­cado des­pués de mover una Har­ley de 300 kilo­gra­mos que, si bien era de mi talla y cómoda como ella sola, se lle­vaba con un dedo y que sólo acep­tan con­du­cir los cin­cuen­to­nes capri­cho­sos? No, falta por tra­tar un punto que se ha ido suce­diendo en paralelo.

La gente cam­bia de moto como de cal­zon­ci­llos. Y esto es así. Aún no conozco a nadie cuya pri­mera moto­ci­cleta haya sido nueva. EL mer­cado de segunda mano con estos vehícu­los es bes­tial. Muy ágil. De hecho encuen­tras muchí­si­mas gan­gas que, lle­gado un punto, dejan de sor­pren­derte. Con­fieso que me llama la aten­ción por­que siem­pre he sido poco amigo del mundo de segunda mano en lo que a vehícu­los se refiere. Me explico, yo no ven­de­ría el Fiat Punto que uti­lizo casi a dia­rio por 9.000€ y, con mucha suerte, un des­guace podría darme 1.500 por él. De igual modo no entiendo que un coche nuevo valga 15.000 y el mismo modelo de segunda mano 13.000. No lo veo una dife­ren­cia deci­siva, ni aun­que fuese de 20.000 a 15.000. Soy el menos indi­cado para meterme en el fango que genera este mer­cado. Enton­ces, ver una moto­ci­cleta con pocos años que cuesta menos de una cuarta parte de su valor ori­gi­nal, como com­pra­dor me motiva, pero, si la tuviera que ven­der, me parece una pér­dida de dinero y, por tanto, me la que­da­ría aun­que no la uti­li­zase y sim­ple­mente saber que lo tie­nes, salvo caso de nece­si­dad inme­diata del dinero. Y este punto iba a haberse tra­tado de una entrada com­pleta e inde­pen­diente con rela­ción a este tema, nada más, pero sus cami­nos se han cru­zado por lo que veis.

Y, colo­rín colo­rado, este post ha ter­mi­nado. Esta es la his­to­ria donde se ve cómo estuve muy, muy cerca de escri­bir una entrada sobre motos, una entrada, por cierto, que se la va a soplar a todos y que nadie recor­dará con espe­cial cariño. Un parto com­pli­cado, pero tenía que nacer.

Visto en: Nunca he cogido una moto, va a ser divertido.

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