Del sentimiento de culpabilidad húngaro
Lun 31 Mar, 2008Y sí, no pongas esa cara extraña, de eso va el tema.
Me he escapado en Semana Santa al corazón de Europa, Praga, una tarde en Bratislava y otro poco en Budapest. Y es sobre el país de ésta última ciudad del que quiero hablaros.
Preparad vuestros discos de Liszt que el ambiente lo requiere, y recordad que todo lo que voy a decir lo expreso desde mi firme posición de capitalista moderado que todos conocéis y que es más que probable que no estéis de acuerdo con varias cosas de las que escriba, pero siempre podré afirmar que yo estuve allí, lo vi, y sé de lo que estoy hablando, aunque las ideas que cada uno tiene no han de ser parejas a las mías.
Nunca había pisado un país que hubiese pertenecido al bloque comunista y las imágenes que mi imaginación generaban eran como las que vemos cada año en televisión sobre la caída del muro de Berlín, edificios feos de arquitectura poco trabajada y estampas de Lenin o Stalin rodeados de una estrella roja con ribete dorado en los gorros de piel de oso.
Pero como en el 89 lo mataron y en el 91 lo enterraron, no tenía muy claro qué me iba a encontrar en las tierras mencionadas, salvo en Praga, que me la conocía de tanto verla en Flickr y en Misión Imposible I. Ésta es sin duda la más avanzada y occidental de todas las que visité.
Pero quiero hablaros de Hungría y de lo que me llamó la atención en Budapest, algo que chocaba con lo leído, comentado y luego visto en Chequia y Eslovaquia. Según me informé y tal y como dijeron los guías, la caída del comunismo en estos países y la entrada de ayudas de la Unión Europea fue una liberación, hubo intentos de derrocar el régimen pero se respondió a fusilazos, algo del tipo Chine-Nepal que lamentablemente vivimos hoy día. Para ellos el comunismo no es una opción, y tienen partidos políticos de centro-izquierda y centro-derecha que van rotándose en poder en las urnas, pero ni barajan la posibilidad de volver a ser un Estado Soviético ni nada que se le parezca.
Imagino que ya os habrá dado tiempo más que de sobra para deducir por dónde van a ir los tiros de mi Jericho 941, nada de chicas checas, que como su cerveza, son mayoritariamente rubias, sabrosas, están buenas, e incluso hay alguna morena que podría meter en el grupo.
El caso húngaro.




