• Claro que el placer de una serie no debe ser la sorpresa sino disfrutar de verla... A...

El absurdo drama de los ‘spoilers’ de los argumentos

El reciente día 14 fina­lizó la sép­tima tem­po­rada de la serie Cómo conocí a vues­tra madre, han pre­pa­rado un doble capí­tulo que lanza al aire nue­vas pre­gun­tas mien­tras con­testa otras. Como putita chi­llona que soy, una vez ter­mi­nada cada una de las dos par­tes lo he pre­go­nado en dife­ren­tes medios y he reci­bido comen­ta­rios de todo tipo y un par de tije­ras vola­do­ras que he tenido que esqui­var. Parece que «No hay dere­cho a que nos des­tro­ces el final».

Dorpsomroeper / Town-crier

Mi res­puesta a este tipo de cosas siem­pre es igual: no tie­nen nin­guna impor­tan­cia. Todos los de mi gene­ra­ción sabía­mos que Darth Vader era el padre de Luke antes de ver Star Wars. Y todos hemos visto la tri­lo­gía (¡las tri­lo­gías!) sin nin­gún pro­blema, incluso varias veces, cono­ciendo de ante­mano el giro argu­men­tal y ese drama fami­liar de una gala­xia muy, muy lejana. Sólo hay que ponerle pers­pec­tiva tem­po­ral, cuando las tele­vi­sio­nes se mar­quen lar­gas sema­nas de repo­si­cio­nes de la serie los que se acer­quen a ella por pri­mera vez ya sabrán que la madre es tal o cual per­so­naje. Es más, cual­quier trái­ler de cual­quier pelí­cula cuenta el argu­mento com­pleto en dos minu­tos y medio y aún así paga­mos dinero en el cine por ver una película.

Si segui­mos una serie no es sólo por el cómo ter­mi­nará, sino por todas las bro­mas rela­cio­na­das con capí­tu­los ante­rio­res (sobre­todo en una serie como ésta) y dis­fru­tar de los per­so­na­jes. ¿Acaso si supié­se­mos desde el prin­ci­pio quién es la madre (el mayor mis­te­rio de la trama, obvia­mente) de los cha­va­les no la vería­mos? Para nada. Aún cono­ciendo todos los deta­lles espe­ra­ría­mos cada semana para guar­dar­nos veinte minu­ti­llos y poder dis­fru­tar de las his­to­rie­tas de estos tíos.

La gente se toma muy mal no des­cu­brir por ellos mismo qué es lo que sucede. Parece que pre­fie­ren ponerse en la cara esos extra­ños obje­tos de cuero que lle­van los caba­llos para que no se asus­ten y cami­nen recto sin miedo, impi­diendo ver los late­ra­les. Recuerdo cuando emi­tie­ron en la BBC la ter­cera y última apa­ri­ción de Sher­lock, tanto Face­book (ami­gos bri­tá­ni­cos cuyas actua­li­za­cio­nes me apa­re­cen impe­pi­na­ble­mente) como Twit­ter u otros medios no deja­ban de sol­tar morra­lla sobre el epi­so­dio, no fue un fas­ti­dio leer lo que ponía (al fin y al cabo, a poco que siguie­ran la his­to­ria ori­gi­nal, el per­so­naje prin­ci­pal falle­cía sólo de manera momen­tá­nea pues Doyle lo resu­citó, cosa que ya sabe­mos desde hace casi un siglo). No me reven­taba el alma el hecho de ente­rarme de cosi­tas, lo que me jodía, sim­ple y lla­na­mente, era no haberlo visto aún, no como estas per­so­nas que escri­bían según iban viendo el epi­so­dio en la televisión.

Otro ejem­plo claro son los pre­mios de los con­cur­sos. Cuando alguien se lleva un buen pellizco en un con­curso de la tele­vi­sión (siem­pre que no se emita en directo) anun­cian con ante­rio­ri­dad que en tal fecha se verá a un con­cur­sante lle­varse cien­tos de miles de euros, por poner un ejem­plo. Apa­rece en perió­di­cos, webs de tele­vi­sión, noti­cie­ros de la cadena etc, todo con inten­ción de ele­var el número de espec­ta­do­res (y subir la tarifa publi­ci­ta­ria de la cadena en esa franja hora­ria). Tarde tras tarde tú viendo el dichoso pro­gra­mita pen­sando si será hoy cuando apa­re­cerá una per­sona que acierte todas las pre­gun­tas y resulta que, cuando esa per­sona apa­rece, te ente­ras de ello por muchas y varia­das fuen­tes antes de por el mismo con­curso. Sin dramones.

Visto en: Bar­ney se casa con Robin, Ted vuelve con Vic­to­ria (el día en el que ella se iba a casar, pero la dejará por­que dije­ron que cono­ció a la madre de sus hijos de otra manera) y el niño se llama Mar­vin Wait-for-it Eriksen.

Miércoles, 16 mayo, 2012
ElGekoNegro

Códigos QR en los boletos de lotería

Voy a con­tar una idea que pro­puse en mi ante­rior ofi­cina a media­dos del verano pasado y que echa­ron por tie­rra por ser dema­siado qui­jo­tesca (que no lo creo). Veréis, siem­pre que voy a casa de mis abue­los ter­mino com­pro­bando a tra­vés de la web espe­cí­fica cosa que desde el telé­fono móvil es bas­tante tediosa. Bueno, le di dos vuel­tas rápi­das al tema y lle­gué a la con­clu­sión de que podría­mos apro­ve­char las cáma­ras de los dis­po­si­ti­vos móvi­les con cone­xión a la red para ver si están pre­mia­dos con un sim­ple esca­neo. Es lo que hacen las admi­nis­tra­cio­nes de lote­ría, sólo que cam­biando el código de barras pro­pio por una de esas feí­si­mas imá­ge­nes (que, incluso per­so­na­li­za­das, siguen siendo feas), pro­blema mucho menos impor­tante si en lugar de un boleto clá­sico, con ima­gen y flo­ri­tu­ras, nos dan el pape­lito de res­guardo (mismo valor mone­ta­rio pero nulo valor esté­tico, de vergüenza).

Bueno, ya sabéis por dónde van los tiros, nece­si­ta­mos crear un código QR que enlace con la web de resul­ta­dos y nos veri­fi­que si hemos sido afor­tu­na­dos o no sin tener que intro­du­cir los datos (fecha, número, frac­ción y serie) a mano como en la ima­gen de ejemplo,

Ejemplo de comprobación

Pues venga, manos a la obra, vamos a cual­quier gene­ra­dor de códi­gos QR un chu­rro de texto que luego pueda des­me­nu­zarse de manera que los de las lote­rías nos digan cuánto hemos ganado. Lo ideal sería para­me­tri­zar a las cla­ras la direc­ción así que ten­dría­mos que tener cola­bo­ra­do­res en Hacienda que pudie­sen adap­tar el fun­cio­na­miento del por­tal per­mi­tiendo ata­car el com­pro­ba­dor con algo como http://www.loteriasyapuestas.es/mod.resultados/mem.comprobarBoleto?juego=Loteria_Nacional&fecha=20120512&numero=12345&fraccion=1&serie=12, o, lo que es lo mismo,

Código resultado

Falta el último paso, aña­dir el dibu­jito gene­rado diná­mi­ca­mente en su corres­pon­diente tro­cito de papel,

Décimo final con código

Visto en: Sanildefonsadas.

Sábado, 12 mayo, 2012
ElGekoNegro

Seis años (y algunos días) abuhardillado

El pasado día 28 Un lagarto abuhar­di­llado cum­plió seis años, una buena cifra, sin duda rese­ña­ble. Y no es que se me pasara. Peor: no tuve nin­guna inten­ción de escri­bir. Y no la he tenido hasta hace un rato. El mero hecho de comen­zar a teclear la URL ya me crea nos­tal­gia, temo el día en que empiece a escri­bir y vea que no se auto­com­pleta por toda la can­ti­dad de direc­cio­nes que hay encima. Ha sido una evo­lu­ción triste. Como cuando anun­cian Marry Pop­pins en la tele, al prin­ci­pio te ilu­sio­nas por­que es una de tus pelí­cu­las favo­ri­tas y mar­cas en un calen­da­rio ese día como si fuese un gran­dí­simo evento de tu vida, «¡Qué bien!, la calle del Cerezo y un señor con una pata de palo que se llama Smith», gri­tas por casa espe­rando que algún fami­liar fina­lice el chiste. Te emo­cio­nas. Pero con el paso del tiempo sólo espe­ras que esa fecha no se te pase por seguir haciendo feliz al crío que tanto dis­fru­taba con ello, se lo debes de algún modo, ¿no? Aquél que entraba aquí con ganas de con­tar su vida al mundo y escri­bir un poquito mejor cada noche. Cua­tro afei­ta­dos des­pués y parece que todo aque­llo se ha esfu­mado. No de repente, yo llevo bas­tante tiempo inten­tando escu­rrir el bulto y deján­dole debe­res al pobre ElGe­ko­Ne­gro del futuro y lo único que le con­suela es que parece claro que en este mar ya sólo sobre­vi­ven con fuerza los blogs espe­cí­fi­cos sobre eco­no­mía (y es un tema en el que no me voy a meter por­que no pro­cede pero que no me cabe duda, ElGe­ko­Ne­gro del pasado hubiese sal­tado la barrera y se hubiese colo­cado en la mitad de la plaza a pecho des­cu­bierto por el sim­ple pla­cer de encon­trar bronca y gene­rar algo de ruido).

Supongo que el hecho de no tener pre­ci­sa­mente hoy un buen día es lo que ha ter­mi­nado de enva­len­to­narme para escri­bir esta feli­ci­ta­ción, más o menos ale­gre por este año, pre­ci­sa­mente el año en el que he cono­cido a más per­so­nas de las que os sen­táis de ese lado del lec­tor RSS o que entran para ver qué he publi­cado. En algu­nos casos ha sido un pla­cer. Gra­cias de cora­zón, o lo que tenga den­tro que me con­mueva un pelín, por todas las cosas que ya sabéis.

Ya por cos­tum­bre y por amis­tad y sim­pa­tía, lo de cada año, que el blog de mi casi des­a­pa­re­cido tocayo gallego tam­bién cele­bró el día 28 su aniver­sa­rio. Feli­ci­da­des, zetxek, y suerte en tus pro­yec­tos (y ponte casco).

Visto en: Un lagarto abuhardillado.

Jueves, 3 mayo, 2012
ElGekoNegro

Las flechas de las cajas de mudanza

En mi aún corta vida he sobre­vi­vido a más de media docena de mudan­zas y el encon­trar­nos con cajas emba­la­das del último o el penúl­timo cam­bio es algo habi­tual en nues­tra fami­lia. Cual­quiera que haya pasado por algo simi­lar sabrá la risa (y ver­güenza) que supo­nen esos momen­tos, los fami­lia­res cer­ca­nos ter­mi­nan guar­dando algu­nas de estas caji­tas de las cua­les todas las par­tes se olvi­dan hasta que reapa­re­cen años des­pués. Si os habéis fijado en las típi­cas cajas de mudanza (o en las cajas grande de paque­te­ría, lo mismo me da) sue­len incluir, en el mejor de los casos, una ico­no­gra­fía espe­cí­fica que ayuda a los ope­ra­rios, noso­tros, a saber cómo debe­mos mani­pu­lar la caja para no dañar el con­te­nido; si pode­mos api­lar más de dos o tres cajas, si se puede arras­trar o incli­nar y, final­mente, las flechitas.

Siem­pre he tenido un pro­blema con esas fle­chi­tas y, apro­ve­chando el reciente día del libro y que lo que estoy leyendo actual­mente (The Design of Every­day Things, de segunda mano en Ama­zon Reino Unido y que por tanto puede sona­ros haberlo visto en mi pedi­güeña lista que acom­paña la caja de comen­ta­rios) se mete de lleno en el tema de la seña­lé­tica y dis­po­si­ción de los ele­men­tos y las faci­li­da­des o incon­ve­nien­tes que los pro­pios huma­nos nos crea­mos cuando debe­mos inter­ac­tuar con otros objetos.

Si vemos el dibujo tachado de un moni­gote carac­te­rís­tico empu­jando por el suelo un bulto lo iden­ti­fi­ca­mos correc­ta­mente con que no debe­mos arras­trar la caja. Es rápido, sen­ci­llo y efi­caz. Por sí sola una fle­cha no indica nada. Pri­mero, por­que es una fle­cha, sím­bolo que indica direc­cio­nes, no posi­cio­nes. Esto ha lle­vado a que cada fabri­cante de cajas que he visto pasar por casa haya dis­puesto de dife­ren­tes fle­chas deco­ra­das de las más varia­das for­mas para inten­tar hacer enten­der qué era arriba y qué era abajo, la más visual, a mi jui­cio, era algo simi­lar a lo que os pinto aquí debajo:

Icono representando las flechas y ejemplo sobreimpreso cutremente en una caja

Te haces a la idea de que las fle­chas miran hacia el techo por­que, gene­ral­mente, siem­pre hay más espa­cio del techo al objeto que del objeto al suelo. Como vemos, en casi todos los casos, la fle­cha por sí sola dice tan poco que es el entorno el que le da un cierto sen­tido al men­saje, tanto es así que pode­mos encon­trar­nos (como me ha pasado a mí en la última caja que he visto) oca­sio­nes en las que la fle­cha podía des­a­pa­re­cer com­ple­ta­mente de la lista de dibu­jos. Un ejem­plo lo he encon­trado en Fli­ckr y da bas­tante risa.

UP, de musique nonstop

Si dibu­ja­mos una fle­cha y aún así nos vemos obli­ga­dos a poner que la fle­cha mira hacia arriba escri­biendo, «Arriba», algo gordo falla. La fle­chita de los cojo­nes, vamos. Mi duda es, ahora que ya está todo el plan­tea­miento rea­li­zado, ¿por qué segui­mos dibu­jando fle­chas que nadie conoce exac­ta­mente su men­saje correcto? En el ejem­plo de la foto, lo que real­mente da infor­ma­ción sobre cómo debe colo­carse está escrito a mano. Fatal.

Vale, ya está bien de que­jas, aquí pre­sento mi solu­ción que, como ima­gino, ya exis­tirá por ahí pero aún no he tenido el pla­cer de encon­trár­mela. Todos sabe­mos cómo es una silla y qué parte de la silla se apoya en el suelo. Si vemos el dibujo tum­bado al revés sabre­mos iden­ti­fi­car que la caja está colo­cada inco­rrec­ta­mente. Sigo con las mag­ní­fi­cas crea­cio­nes digi­ta­les, que hoy lo he cogido con ganas y me ha dado hasta por hacer la ver­sión mas­cu­lina y femenina:

Silla y persona. Chulo, chulo, oiga.

Pues ya está, creo que sería algo claro y que no deja a nadie pen­sando si la fle­cha indica que debe estar de una u otra manera por­que, obvia­mente, no hay fle­cha. Deja de ser nece­sa­rio incluir pala­bras junto con la sim­bo­lo­gía (adiós a las tra­duc­cio­nes) y hace que la gente se fije por­que, al menos, es dis­tinto. Esta ha sido mi con­tri­bu­ción de hoy por un mundo mejor. Espero la hayan dis­fru­tado y gra­cias por via­jar con noso­tros en una noche de luna como esta.

Visto en: Feli­ces futu­ras mudan­zas a todos. Guiño, guiño.

Martes, 24 abril, 2012
ElGekoNegro

Ajedrez

Es curioso, me he pasado un buen rato bus­cando un post que ya creía haber publi­cado (casi seguro) en el que pen­saba que había hecho una refe­ren­cia al aje­drez, pero nada de nada. En fin, allá voy. Uno de los pri­me­ros recuer­dos que tengo de mi vida es el de mi padre rega­lán­dome un tablero (ple­ga­ble) y pie­zas con las que jugar a aje­drez. Aún tengo ese tablero y de las pie­zas me falta uno de los dimi­nu­tos peo­nes. No sé cuán­tos años ten­dría pero lo recuerdo todo bas­tante bien, cómo me expli­caba el movi­miento de cada una de las figu­ri­tas. Todo muy tierno, ciertamente.

Knight and friends, p_rocket71, Flickr

El aje­drez es el único deporte en el que he estado fede­rado, cosa muy fugaz, ape­nas tres sema­nas. Asistí a dos char­las (de gente abu­rri­dí­sima) y nunca com­petí en nada ofi­cial. Sí que par­ti­cipé en tor­nei­llos esco­la­res (siendo mi mejor marca un ter­cer puesto que no tenía pre­mio alguno). Todo fue muy de seguido, unos meses mien­tras cur­saba Segundo de ESO. Era un rena­cuajo y, la ver­dad, ponía más empeño en mi posi­ción de alero-pivot en el equipo de clase que en el aje­drez. Nunca me lle­gué a tomar nin­guna de las dos cosas en serio, pero el aje­drez me sigue fas­ci­nando. Hace unas sema­nas eché unas par­ti­das con­tra mi padre y me ven­ció en todas. En todas. La ver­dad es que este tema no lo suelo sacar a la luz en la vida real por­que suena a «Chico de audio­vi­sua­les» de ins­ti­tuto ame­ri­cano, como dema­siado nerd. No es cosa de ver­güenza, más bien de falta de popu­la­ri­dad, antes de Fer­nando Alonso ver la Fór­mula 1 era de rari­tos. Supongo que si el aje­drez fuese algo más mediá­tico esto sería dis­tinto, pero no es algo que vaya a cam­biar ni que quiero que cam­bie, es decir, esto por la tele sería un coñazo.

Me gusta el aje­drez, sigo dán­dole vuel­tas al tema. De hecho, en soft­ware de ter­ce­ros, lo único que tie­nen en común mis tres últi­mos móvi­les (y he tenido cua­tro en mi vida, que han fun­cio­nado hasta rom­perse) ha sido el típico video­juego de aje­drez, tanto en 2D como en 3D. Aún tengo los dis­ket­tes ori­gi­na­les para IBM PC OS/2 del mítico Battle Chess, una risa de juego, la ver­dad. Y, como extraña nota al mar­gen, soy de esos que prac­ti­can inglés jugando al aje­drez con­tra el orde­na­dor, la apli­ca­ción de Apple tiene licen­cia GPL, por si os da por tras­tear. Es real­mente entre­te­nido y me asom­bra toda su his­to­ria reciente, las his­to­rias que mi padre me con­taba sobre un joven ame­ri­cano genial que ter­minó tarado y todo el con­tra­punto sovié­tico. Y es que es así, creo que una de las pri­me­ras cosas que no vie­nen a la cabeza cuando pen­sa­mos en la Gue­rra Fría es un telé­fono rojo, gente con cor­ba­tas y dos con­trin­can­tes frente a un tablero. Me refiero a lo fas­ci­nante que es por su sim­pleza ini­cial y toda su puta intrin­cada difi­cul­tad. Tan­tí­si­mas opcio­nes con­ti­nua­mente, a no ser que meta­mos la pata. Vale que casi todos empe­za­mos con un intento de mate pas­tor y si no va bien ya impro­vi­sa­mos, sí, casi por sis­tema, pero esa gente capaz de cal­cu­lar dece­nas de movi­mien­tos con­se­cu­ti­vos para cada una de las opcio­nes posi­bles me pro­du­cen admiración.

No sé muy bien a dónde quiero lle­gar con este post, ojo, era una sim­ple refle­xión que ya creía haber hecho. No sé, me sigue emo­cio­nando que entre par­tida a la Play, la Wii, la Nin­tendo DS o lo que surja den­tro de unos años seguirá habiendo sen­ci­llos y bara­tos table­ros que pro­pon­drán infi­ni­tud de dolo­res de cabeza y ale­grias de manera asom­brosa. Como deta­lle quis­qui­lloso, en mi aún reciente viaje a Nueva York me per­mití el lujo de decirle a un encar­gado del Met que tenían un tablero con las pie­zas mal colo­ca­das (las blan­cas han de tener la reina en su color y, ade­más, la casi­lla blanca a la dere­cha del todo en el tablero, cosa que no era así) y me agra­de­ció uno de los encar­ga­dos. Mola un pegote.

Supongo que cuando tenga sobri­nos, que espero que sea den­tro de mucho, les rega­laré un tablero y unas pie­zas como hizo mi padre con­migo para ver si se pican con el tema. No hace mal a nadie y siem­pre estaré a tiempo de poner­les delante de una Game Boy. Aparte, creo que serían dema­siado peque­ños como para ini­ciar­los en el poker, que, ahora que lo pienso, de ahí me puede venir esa afi­ción. Cás­pita, lo que des­cu­bre uno a las dos menos algo de la madru­gada. Vaya entrada más inco­nexa, sosa y hasta tris­tona me ha que­dado. Lo único, ya que estoy con esto abierto, he hecho un par de cam­bios en el tema espe­rando que se lea un poco mejor, sólo para recordarlo.

Visto en: La Quinta con la 82.

Jueves, 12 abril, 2012
ElGekoNegro

La relación entre civismo y economía

Apro­ve­chando mi reciente viaje a Nueva York quiero dejar por escrito unas situa­cio­nes (curio­si­da­des que no lle­gan a anéc­do­tas) que tie­nen lugar en el Man­hat­tan. Vie­nen al pelo por el tema de los dis­tur­bios gene­ra­dos por la huelga gene­ral que hemos vivido (sopor­tado) durante el día de hoy.

Es tu ciu­dad, respétala

Si hay algo que llama la aten­ción del Mid­town Man­hat­tan, la zona que más me pateé, es lo sor­pren­den­te­mente lim­pio que está todo teniendo en cuenta el poquí­simo número de pape­le­ras que hay por las calles. Con­ta­mos con millo­nes de per­so­nas por las calles, millo­nes, y la gente tiene la decen­cia sufi­ciente como para inten­tar dejar las ace­ras y los par­ques rela­ti­va­mente lim­pios. Un par­que, con cien­tos de per­so­nas, a reven­tar, y lo cui­dan. Todos ima­gi­na­mos el resul­tado de meter a un grupo de siete ami­gos con unos zumos en una pla­zuela desierta. Y es sen­ci­llo ver por­qué, si no ves a nadie tirar la basura al suelo, te da más palo hacerlo si es que tie­nes inten­ción. Si, ade­más, al hacerlo la gente te mira mal o incluso te llama la aten­ción con un cabreo claro, dejas de hacerlo. Es la mayo­ría, no un abuelo que llama la aten­ción a nadie y puede ganarse un susto por atre­verse a hacer lo que cree que debe. Supongo que esto viene de la can­ti­dad de gente forá­nea que se ins­tala en la ciu­dad y pre­tende man­te­ner lo que se encon­tra­ron con la mayor cali­dad posi­ble. Los turis­tas vamos allí a dejar nues­tro dinero, tanto el tío que vende perri­tos calien­tes en la calle como el museo de turno quie­ren que su zona esté lo más lim­pia posi­ble. Y la gente lo sabe.

Oiga, esta per­sona está molestando

Esto me llamó mucho la aten­ción y estoy con­ven­cido de que por aquí sería muy difí­cil de ver. Pri­mer caso, Madi­son Square Gar­den, NY Kni­cks con­tra Indiana Pacers. Un hom­bre (no un crío) rocía con cer­veza a los espec­ta­do­res cer­ca­nos por­que le pare­cía algo gra­cioso. Los agen­tes de con­trol avi­san a los de segu­ri­dad y el público aplaude a éstos cuando apa­re­cen y, sobre­todo, cuando se lo lle­van. En cual­quier esta­dio de aquí se hubiese unido otro anor­mal a la fiesta espu­mosa para hacer más ruido, más ton­te­rías, y, al final, con­se­guir que los de alre­de­dor lo pasen mal. ¿El punto de vista eco­nó­mico? Pues que si cobras 200$ por entrada y pre­ten­des que la gente vuelva (crear afi­ción), tie­nes que con­se­guir que se lo pasen lo mejor posi­ble, si un des­gra­ciado te va a arrui­nar la noche, se corta de raíz, ni avi­sos ni amo­nes­ta­cio­nes, fuera del esta­dio.
Un caso más radi­cal pero igual­mente efec­tivo lo viví en una mani­fes­ta­ción de Occupy Wall Street. Aquí dicen que es el 15M de allí, pero nada que ver, pin­tan flo­res en el suelo con tizas de colo­res y la gente está con los niños sin que rulen porros ni levan­ten la voz. Para empe­zar, allí a las mani­fes­ta­cio­nes se va con un tam­bor y una vela, sin megá­fono, fli­padlo por­que yo me quedé de pie­dra. La poli­cía estaba al tanto y escol­taba la mar­cha, ¿pasaba algo? No, nin­guna con­fron­ta­ción, al con­tra­rio, los inte­gran­tes de la mani­fes­ta­ción soli­ci­ta­ron a los agen­tes que se lle­va­sen a un indi­vi­duo que estaba levan­tando la voz más de lo desea­ble y tenía inten­ción de abron­carse con cual­quiera. Sin pata­das a las pape­le­ras, sin pedra­das a los edi­fi­cios, sin lla­mas ni escom­bros. Y, ojo, que los perio­dis­tas iban detrás haciendo fotos igual­mente. Que ten­gan moti­vos como la eco­no­mía para que­jarse no quiere decir que sus pro­tes­tas sean, para nada, violentas.

La poli­cía no aco­jona (por­que no quiere)

La mayor curio­si­dad de todas. La poli­cía y los bom­be­ros (que en algu­nos casos son cuer­pos crea­dos sólo por volun­ta­rios). Yo no sabía qué espe­rarme de la poli­cía de Nueva York, pero los agen­tes de calle con los que me encon­tré no tenían nada que ver con lo que me ima­gi­naba. Para empe­zar, no vi a nin­guno devo­rando donuts. Allí no se hacen res­pe­tar por­que la gente ya los res­peta. No tie­nen que impo­ner nada por­que los ciu­da­da­nos dan por hecho que los van a ayu­dar. Y vale, es como se supone que fun­ciona, pero joder, te llama la aten­ción el hecho de que fun­cione. Si aquí, en cual­quier parte, tie­nes miedo de bus­carte cual­quier multa por cual­quier cho­rrada por­que sabes que te la colo­ca­rán a la mínima, son odio­sos, yo he tenido muy malas expe­rien­cias con los poli­cías espa­ño­les. Nunca he sen­tido que esta gente esté para pro­te­germe, los he visto siem­pre engreí­dos, un per­do­na­vi­das con car­nét. Allí son, lite­ral­mente, héroes. Los pri­me­ros que vie­nen a pre­gun­tarte si te has per­dido cuando te ven con un mapa, los pri­me­ros que se echan unas risas con un niño que está saliendo de un cole­gio, si es que les falta ayu­dar con la com­pra a una anciana cru­zando una calle, joder, que pare­cen poli­cías de Fis­her Price. Y todo es fácil de enten­der: ten la mejor expe­rien­cia posi­ble (y vuelve con más dinero de tu país a gas­tarlo en el mío).

Nunca había encon­trado algo así. No hablo de España, hablo de todos los luga­res que he visi­tado. Incluso aquí no hablo de Nueva York (que es inmenso) sino de una parte de Man­hat­tan (apli­ca­ble tam­bién a Lower Man­hat­tan, que es donde se encuen­tra Wall Street). Es todo una fan­ta­sía, todo una idea­li­za­ción, pero les fun­ciona. Se por­tan bien para que tú te por­tes bien y así todos somos feli­ces. Me dio mucha envi­dia. Com­pren­den que nece­si­tan tra­ba­jar para vivir, y se ponen todas las faci­li­da­des que pue­den para que todos pue­dan tra­ba­jar, entre ellos, esa es la puta clave que aquí no que­re­mos ver. Nunca he sido par­ti­da­rios de las huel­gas (ade­más, en mis años de estu­diante serio, como coin­ci­dió con el gobierno del PSOE, no se for­za­ron las huel­gas estu­dian­ti­les que yo veía en la tele durante el gobierno de Aznar, que caía una cada tri­mes­tre). Nunca he creído que para­li­zar una parte del país, redu­cir drás­ti­ca­mente su eco­no­mía de manera pun­tual (y la vio­len­cia que se deriva de la masi­fi­ca­ción de cafres con un día libre y, apa­ren­te­mente, el visto bueno de la socie­dad para des­truir todo tipo de ense­res urba­nos públi­cos o pri­va­dos) sirva para reflo­tar esta misma eco­no­mía mien­tras nos auto­en­ga­ña­mos con una estú­pida gue­rra de cla­ses. Pero bueno, esto es sub­je­tivo y no vengo a incul­car nada. Vengo a dejar por escrito esos deta­lles de mi viaje. Unos pocos momen­tos que, al vivir­los, no me los podía ni creer. Si cui­dá­se­mos mejor todo lo que tene­mos por aquí y pone­mos una pega­tina de «Cuida y res­peta tu ciu­dad» junto a cada graf­fiti cho­rrón creado con pin­tura de mala cali­dad, junto a cada sím­bolo polí­tico mal pin­tado ya sea de fle­chas y yugo o de a mayús­cula en un círculo, si recor­dá­se­mos que las calles son nues­tras, sí, y por tanto tene­mos que man­te­ner­las bien boni­tas, a lo mejor podría­mos enten­der qué quiere decir ese manido I Love NY. Ellos están orgu­llo­sos de su ciu­dad por­que la entien­den como suya y todos par­ti­ci­pan en man­te­nerla y ayu­dar a que crezca, sobre­todo teniendo tan pre­sente el ata­que a las Geme­las. Noso­tros tene­mos que dar­nos moti­vos para estar orgu­llo­sos de nues­tras ciu­da­des, y copiar­les ese civismo con el que actúan cuando vie­nen mal dadas. Por­que está muy claro que el sis­tema (que se han inven­tado, cosa que de rebote deja sin argu­men­tos a los anti­sis­tema más puris­tas) les fun­ciona. Y es para qui­tarse el som­brero, al menos en esa parte de la isla.

Visto en: Midtown.

Viernes, 30 marzo, 2012
ElGekoNegro

La tierra (y el momento) de las oportunidades

No recor­daba que un mes se me hiciese tan largo como lo está haciendo este marzo. Y es que han pasado muchas cosas en ape­nas tres sema­nas. Para empe­zar, hace unos vier­nes estuve a punto de entrar en Tele­fó­nica para un pro­yecto de un año. Tuve que deci­dirme en cosa de horas, ape­nas una noche, y cuando ya tenía loca­li­zado hasta un bonito pisito cerca de las ofi­ci­nas de la empresa en Madrid echa­ron atrás toda la ope­ra­ción. Dos días des­pués cogí un avión a Nueva York y os ase­guro que ha sido el viaje más alu­ci­nante que jamás haya hecho. Me ha cos­tado un pas­ti­zal, pero joder, merece la pena gas­tarlo en cosas así. Es, sim­ple­mente, impre­sio­nante. Al ate­rri­zar (y ven­cer al jet-lag, cosa que yo rela­cio­naba con el famo­seo y gente que se las da de impor­tante) ape­nas tuve tiempo para repar­tir cua­tro ton­te­rías entre com­pa­ñe­ros de la ofi­cina por­que este mismo lunes nos comu­ni­ca­ron que el cliente (que es el Ayun­ta­miento de Valla­do­lid) no tiene inten­ción de per­pe­tuar el con­trato (que ter­mina en abril) por lo que no somos nece­sa­rios, y bueno, hoy he fir­mado la carta de des­pido y es cosa de días que reciba un SMS de la Segu­ri­dad Social anun­cián­dome que me han dado de baja. Nada que repro­char, ojo, he apren­dido muchí­simo en esa empresa y siem­pre agra­de­cerá la opor­tu­ni­dad y con­fianza que me dieron.

Es una sen­sa­ción extraña, de todos los que reci­bi­mos la noti­cia era el único que se sen­tía ali­viado (segu­ra­mente el único con moti­vos) y es que ya me habían metido el gusa­ni­llo con el tema de Tele­fó­nica: no más bron­cas con los emplea­dos de la admi­nis­tra­ción (deses­pe­ran­tes fun­cio­na­rios), no más ata­du­ras a JDe­ve­lo­per o Eclipse, no más con­sul­tas al Java­doc… en defi­ni­tiva, no más entrar en una ofi­cina a des­gana. Creo que ya lo he comen­tado por aquí en alguna oca­sión pero mi labor prin­ci­pal era la de maque­ta­dor (y diseño en cosas pun­tua­les), si bien, como todos, ter­mi­naba arre­man­gán­dome y metién­dome en faena J2EE (o como se llame ahora) o rea­li­zando tareas menos dolo­ro­sas como tirar líneas en un SSH. Supongo que cuando el jefe de pro­yecto, tus com­pa­ñe­ros y hasta el jefe de la ofi­cina te dicen que es una pena estar así (comién­do­nos los marro­nes de los que ya habían ter­mi­nado) y no cen­trán­do­nos cada uno de noso­tros en nues­tras labo­res estric­tas, es momento de des­ple­gar alas. Nunca supe cómo plan­tearlo así que este des­pido me ha sabido a glo­ria. Es fácil cuando no tie­nes hipo­teca ni críos, sólo tengo que bajar (radi­cal­mente) las exi­gen­cias de mis capri­chos y des­ti­nar lo poco que me queda aho­rrado des­pués del viaje para sufra­gar los gas­tos con los que ya cuento como fijos: uni­ver­si­dad, tarifa de telé­fono, gaso­lina y seguro. Y es que está claro que algo no fun­ciona en una empresa si, al comu­ni­car a uno de los emplea­dos que está des­pe­dido, éste sale del des­pa­cho con una son­risa de oreja a oreja. El ambiente lle­vaba tiempo enrarecido.

Ape­nas llevo dos días en casa, de parado por la vida, y joder, es inso­por­ta­ble, no sé a qué se dedi­can los cinco millo­nes de per­so­nas que no curran (si no están en huelga). En serio, es real­mente tedioso. No hay series en el mundo para ver ni ojos que las aguan­ten como para tra­garte sesio­nes de tan­tas horas, no hay pelí­cu­las en la his­to­ria del cine que tenga tan­tas ganas de ver como para que­rer que­darme en casa tirado. Por eso mismo, reto­mando todos los cabos suel­tos que había ido dejando y aga­rrando mi ahora inse­pa­ra­ble agenda de papel (tam­poco era cons­ciente del poder de esta herra­mienta, pero es que uno de esos cur­sos de coaching que tanto se lle­van ahora nos abrió los ojos a muchos de los del curro) he ideado un hora­rio. Un hora­rio sim­ple, que para eso estoy “de vaca­cio­nes”. La idea es obli­garme a salir de la cama todas las putas maña­nas y meterme en una rutina. Estoy muy ilu­sio­nado. Espero cum­plirlo, queda así:

  • 8:30h: Des­per­ta­dor, fle­xio­nes y ducha
  • 10h: Prác­tica de moto (A2) y desayuno
  • 11h-19h: PFC
  • 19h-19:40: Correr y ducha
  • 19:40h-ZZZzzz…: Bus­car curro, pape­leos simi­la­res, gati­tos, jam ses­sion, cañas

Fácil, ¿no? Lo de las fle­xio­nes tiene una única fun­ción, poder con­tro­lar la moto des­pués. De veras, pesa mucho (mucho). Si me ducho dos veces es por el pelo (ver­dad ver­da­dera), podría hacer las fle­xio­nes por la tarde ya que esta­ría sudado y “caliente”, pero no, o me ducho por las maña­nas o parezco cual­quier tipo de mons­truo de fic­ción, y tam­poco ape­tece. El hora­rio está ela­bo­rado teniendo en cuenta los bio­rrit­mos de las alon­dras y de los búhos (los que se dedi­can a esto lo lla­man así), y siem­pre he sabido que era búho, es decir, que mi hora­rio natu­ral es el de tarde/noche más que el de mañana, por eso el mayor gasto de ener­gía, tanto física como men­tal se pro­duce des­pués del medio­día (en otras pala­bras, en el curro con­cen­traba las tareas que reque­rían menos esfuerzo por las maña­nas por­que hasta las once y pico no ren­día como debía y luego por las tar­des ace­le­raba). Dar paseos en moto por un cir­cuito requiere pre­ci­sión y con­cen­tra­ción, pero la pista está en otra loca­li­dad y es impe­rante que salga de casa (o me aco­mo­da­ría como un mar­su­pial en la bolsa de su madre). Des­ti­nar la mayor parte del tiempo al pro­yecto creo que tiene bas­tante sen­tido, sobre­todo ahora que la parte diver­tida, inves­ti­ga­ción, está con­cluida y queda lo que requiere esfuerzo. La carre­rita de media hora y la ducha me ayu­dará a des­pe­jarme y poder cam­biar de ambiente pudién­dome cen­trar en acti­vi­da­des más rela­ja­das, desde mirar ofer­tas (en dife­ren­tes pun­tos del globo) hasta salir un rato a inter­ac­tuar con otros EXTERMINATE! huma­nos. Borra eso, niño.

¿Cómo lo veis? No res­pon­dáis, estoy emo­cio­nado por ver cómo se desa­rro­lla todo esto. Ya digo que es extraño, todo el mundo me llama diciendo que es una putada y tardo unos segun­dos en ver que hablan del des­pido. No sé, será que ya le tenía ganas a un cam­bio de rumbo, pero creo que cual­quier per­sona más o menos curiosa que­rría inten­tar salir del estan­ca­miento que pro­duce casi cual­quier puesto de tra­bajo, que no es que yo sea el chico más movido del mundo, pero creo que me tocaba mover ficha y, vamos, si direc­ta­mente me hacen mate y comienzo una par­tida nueva, no puedo hacer otra cosa que alegrarme.

New Victory, Instagram. Yo también pensaba que la calidad de las fotografías del iPhone 4 sería más pordiosera, pero no, mantiene el tipo

La ver­dad es que la gente ense­guida se ofrece a inten­tar faci­li­tarte todo (cosa que ya os he agra­de­cido per­so­nal­mente a alguno de voso­tros y apro­ve­cho para hacerlo de nuevo desde aquí), con­tac­tos, con­se­jos, «pues yo haría», «mira a ver si en esa web», «a mí me pasó pare­cido y…». Incluso una per­sona, al ente­rarse, me ha pro­puesto incor­po­rarme a un equipo bri­tá­nico pro­fe­sio­nal de poker (y yo la opción la he dejado abierta, sería una aven­tura diferente).En fin, cuando que­réis, sois unos cie­los. Sor­pren­dido me habéis dejado. La ver­dad es que ahora mismo creo que sólo (¡ja!) me falta echarme novia para ser feliz (¡jajaja!) pues creo que el aba­nico de opor­tu­ni­da­des es tan grande, tan vasto, que me siento como un niño pequeño delante de un mos­tra­dor de una tienda de pelu­ches, inten­tando fijarse en uno en con­creto pero sin sepa­rar la vista de los demás osi­tos, no sea que se vayan. Feliz. No sé si habrá sido Man­hat­tan, si el nivel de cocaína en el aire de España, a lo mejor los de Ibe­ria meten LSD en las cenas cutres y frías de los avio­nes y aún man­tengo los efec­tos, no sé si la barra de Ime­dio estaba cadu­cada cuando la esnifé, no lo sé, pero estoy feliz en este deli­ca­dí­simo e impor­tan­tí­simo punto de mi vida (más a nivel pro­fe­sio­nal que per­so­nal, pero, obvia­mente, un cam­bio en el pri­mero con­lleva un cam­bio en el segundo). Y que­ría com­par­tirlo, y pone­ros al día, que sois unas maru­jas tele­cin­que­ras. Coño.

Visto en: W37th — Fifth Ave.

Jueves, 29 marzo, 2012
ElGekoNegro

Libros (de verdad) de segunda mano

Caba­lle­ros, bue­nas noches. Os podéis sen­tar por ahí. Sí, apar­tad eso y… sí. Veréis, tengo un pro­blema. Me gusta tener libros. Como objeto físico, como una colec­ción de pági­nas nume­ra­das, como unos cuan­tos cien­tos de gra­mos de papel. Y es caro. ¿Cuál es el pre­cio de una novela en España? No sé, una burrada. Ade­más, com­prar un libro no tiene encanto. Cuando los com­pro aquí suele ser en El Corte Inglés, ¿el motivo? Uno de ellos me pilla cerca de casa y el otro cerca de la ofi­cina, ade­más, sue­len tener una basta colec­ción. Como sue­len ser rega­los, me los envuel­ven con un mínimo de maes­tría y un mínimo de inte­rés, aún así el resul­tado mejora por mucho cual­quiera de mis mejo­res inten­tos por envol­ver cual­quier cosa.

Ya empie­zan a que­dar lejos los rega­los navi­de­ños, pero oye, feliz año a los del fondo. Creo que uno de los éxitos de estos Reyes, Papa Nöe­les, Olen­tze­ros, lo que cele­bréis, ha sido el Kindle. Se siguen diciendo muchas y muy bue­nas cosas de él. Una cosa está clara, la gente, ahora, lee más. Y todos lo ter­mi­nan reco­men­dando. Yo he tenido uno en mis manos y la ver­dad es que es una pieza de hard­ware rela­ti­va­mente maja, no es la hos­tia, pero, es una cosita bas­tante lla­ma­tiva. Pero no me sirve, la ver­dad. Leo bien en él, y me parece cómodo tener una colec­ción de libros tan a mano, o que pueda ser­virte para hacer otras cua­tro pija­di­tas con­cre­tas, pero no me ter­mina de lla­mar. Creo que, para un caso tan con­creto como el mío, mi sis­tema es mejor. Por­que se adapta a mí, obvio, que es a quien me interesa que le funcione.

Si he escrito esta entrada es, sim­ple­mente, por­que la semana pasada dejé a medias un libro y no tengo nin­gún remor­di­miento. ¿Cuál? Este, Where wizards stay up late. Y, ojo, que es un libro intere­sante en cuanto a con­te­nido, pero que está narrado de una manera abu­rrida desde mi punto de vista, lle­gué a algo más de la mitad y, joder, sólo les falta indi­car cuándo iban a cagar o qué marca de café desa­yu­na­ban cada mañana. Me di cuenta de que lle­vaba un par de sema­nas paseando el librito de acá para allá pero nunca me paraba a leer como antes. Lo dejé, cogí otro de los tan­tos que tengo pen­dien­tes, Tough guys don’t dance, y en una semana y media me he ven­ti­lado una quinta parte leyendo sólo en los 20 minu­tos de tra­yecto de bus de cada mañana. Para mí, es felicidad.

Books ...

Com­pro los libros en la tienda bri­tá­nica de Ama­zon. Com­pro los libros usa­dos, cogí uno para pro­bar y ahora rara es la vez que me intereso por los nue­vos. Un libro usado tiene, es mi opi­nión, unas cuan­tas ven­ta­jas frente a un libro nuevo.

  • Pre­cio. Cada libro me suele salir por dos libras con envío, vamos, que ni me lo pienso si estoy seguro de que que­dará bien en la estan­te­ría y parece míni­ma­mente intere­sante. Si resulta un coñazo, joder, no ha sido nin­guna inver­sión desproporcionada.
  • Sigue oliendo a libro. Y tiene las pági­nas oscu­re­ci­das y pro­ba­ble­mente una hoja doblada (cosa que encuen­tras en uno nuevo con cierta fre­cuen­cia) pero lo coges y… ¡huele a libro!
  • Usado, no des­tro­zado. Una vez dejé un libro a un com­pa­ñero de clase, en segundo de la ESO. Me lo devol­vió lleno de post-it con pre­gun­tas acerca de la trama, me pare­ció curioso. En otra oca­sión presté un libro (El Qui­jote) a una amiga de mi her­mana, dis­cu­tie­ron y nunca volví a saber de ella ni, obvio, de mi libro. No he vuelto a pres­tar un libro. Creo que la gente no los cuida, no les da impor­tan­cia. Ahora, cuando esta gente pone que el estado es casi nuevo hazte a la idea de que pare­cerá que lo acaba de sacar de la tienda, ni un rasguño
  • El catá­logo es más amplio. Si el libro ha lle­gado a edi­tarse, lo ten­drás dis­po­ni­ble. Fin. Si ya no se dis­tri­buye en libre­rías, en el mer­cado de segunda mano sí. Y, gene­ral­mente, por cua­tro perras.
  • Haces ami­gos. Esto es un puto caso par­ti­cu­lar así que no le hagáis mucho caso, pero me parece entra­ña­ble. Com­pré un librito, la bio­gra­fía de Tony Hawk. No me llegó ni a una libra con envío. Se lee muy fácil, trae fotos, nada más comen­zar ya te habla del 900. En la pri­mera hojita el libro tenía el nom­bre de un cha­val, bus­qué en las pági­nas ama­ri­llas actua­les y di con el tío. Le comenté que tenía su libro. Es un chico esta­dou­ni­dense que ven­dió su libro a un par­ti­cu­lar y no sabe cómo ter­minó en una libre­ría de Bris­tol que opera a tra­vés de Ama­zon (donde lo com­pré yo).

No vengo a evan­ge­li­zar a nadie, pero creo que, ahora que hay tan­tas dis­cu­sio­nes cho­rras sobre libro elec­tró­nico sí o libro elec­tró­nico no, poniendo como dato más rele­vante el pre­cio o la faci­li­dad para adqui­rir libros, se nos debe­ría escu­char a los que hemos tomado la vía del medio, que no nos preo­cu­pa­mos de man­char las hojas o apo­yar el libro en cual­quier sitio, de que si lo deja­mos olvi­dado en un remoto lugar que no recor­da­mos no habre­mos per­dido más de 3 euros. Aparte de que cual­quier apa­rato elec­tró­nico es muy goloso para los rate­ri­llos de palo y nadie roba libros, o, si lo hacen, es sim­ple­mente por putear. Está claro que el mayor incon­ve­niente que tiene mi sis­tema es el idioma, que o te acos­tum­bras a leer en inglés o estás más que jodido, pero hoy en día todos tene­mos capa­ci­dad para leer en este len­guaje aun­que pen­se­mos que no. Cierto que con un Kindle pue­des con­sul­tar un dic­cio­na­rio al momento, pero ahora mismo y en cual­quier ins­tante a ver quién es el tonto que no puede mirar en el móvil o en un orde­na­dor cer­cano qué sig­ni­fica tal o cual expre­sión que no con­se­gui­mos sacar por el con­texto. Está claro que si no estás acos­tum­brado a leer por­que no te gusta leer vas a tener el mismo pro­blema siem­pre tanto en cas­te­llano como en cual­quier otro idioma, por­que no te gusta leer. Y punto. No lee­rás más ni con el libro de papel, ni con el elec­tró­nico, ni con los resú­me­nes de la Wiki­pe­dia. Olví­date por­que no es para ti, y no es ni bueno, ni malo, ni mediopensionista.

Yo llevo un par de años y pico con esto y mi inglés ha mejo­rado, gasto muy poco dinero y salvo para casos con­cre­tos donde nece­sito últi­mas edi­cio­nes (libros téc­ni­cos revi­sa­dos), encuen­tro per­fecto los libros ya leí­dos pues, al igual que muchas otras cosas de segunda mano, no dan asco ni son peligrosas.

Diet Moun­tain Dew, baby, New York City

El día 13 de marzo vuelo hacia «la capi­tal del mundo». Mi pri­mera vez allí, es el regalo de bodas que hago a mis padres por su vige­si­mo­quinto aniver­sa­rio de bodas. Para esto sirve el matri­mo­nio. Tengo ganas. Una semana en Man­hat­tan. ¿Os ima­gi­náis que ligo? En la ofi­cina han abierto las apues­tas, debe­ría com­pin­charme con alguien para sacarme unos duros. Ya he apun­tado dos o tres libre­rías que me gus­ta­ría visi­tar, una de ellas tiene un amplio catá­logo de segunda mano. No he titu­lado este parra­fito así sólo para poder colo­car un gan­cho como Lana del Rey des­nuda, Lana del Rey follando, Lana del Rey tetas, u otras cosas que tan­tas visi­tas me pro­por­cio­na­rán de moder­ne­tes sali­di­llos, sino, tam­bién, para decir que el pre­cio de la tec­no­lo­gía allí (que no es una ganga, pero “sali­mos ganando” al com­prar de manera local con moneda local) me ha hecho plan­tearme la idea de adqui­rir un Kindle, el modelo más absur­da­mente barato que encuen­tre, en alguna tienda física. Y me lo plan­teo sim­ple­mente por el hecho de que me gus­ta­ría tener uno y tras­tear con él, luego supongo que ter­mi­na­ría cedién­do­selo a mi madre, que le saca­ría más par­tido que yo, y posando mi capi­ta­lista mirada en otro juguete más nuevo, más cha­chi­pi­ruli, que sea tan dife­rente, tan natu­ral, tan diver­tido y espe­cial, tan ado­ra­ble, tan pers­pi­caz… tan ocu­rrente, tan sin­gu­lar, tan él, tan seguro, tan casual, tan sor­pren­dente, tan super­guay.

Visto en: Pen­guin o Blooms­bury, por ejemplo.

Jueves, 1 marzo, 2012
ElGekoNegro

De cómo estuve a punto de escribir un post sobre motocicletas y al final no

Érase una vez un blog­ger que dijo… Creo que nunca en la vida de este blog me había cos­tado tanto ter­mi­nar una entrada. Me refiero a cómo lo he ido pos­po­niendo por­que siem­pre que venía a escri­bir pasaba algo rela­cio­nado con el tema que me impe­día con­ti­nuar para ver qué iba pasando. Hoy, sim­ple­mente, quiero dejar de marear la pobre per­diz y ponerle un punto final a la his­to­ria inacabada.

Harley Davidson Forty Eight

Y es que todo comenzó a media­dos del mes pasado cuando me dis­po­nía a que­jarme, por­que ape­te­cía, sobre el diseño de las motos. Quiero decir, hablando de vehícu­los, todas las mar­cas de coches sue­len tener una línea simi­lar, con mati­ces idén­ti­cos que hacen que no nece­si­tes con­sul­tar la insig­nia del capó para saber que aque­llo es un Audi “A algo” o aque­llo otro tiene toda la pinta de ser un Peu­geot por­que esos faros son de Peu­geot. Cuento con que cono­céis bas­tan­tes ejem­plos más. Con las motos, gene­ral­mente, no ocu­rre nada de esto (o bien yo, pese a haberlo inten­tado, no con­sigo encon­trar esas dife­ren­cias). Dis­tin­guir una moto de otra, si per­te­ne­cen al mismo grupo en las que se sub­di­vi­den comer­cial­mente, es una tarea muy com­pli­cada. Las motos de com­pe­ti­ción, con pega­ti­nas de carac­te­res asiá­ti­cos y pin­tu­ras chi­llo­nas sue­len ser las peo­res, junto con las scoo­ters. ¿He estado sin ter­mi­nar una his­to­ria que iba sobre esta por­que­ría? Sí. Pero es que luego me hice un ran­king sobre moto­ci­cle­tas que esté­tica y sono­ra­mente no dan ver­güenza o son, diga­mos, dis­tin­gui­bles de las otras 40 que están apar­ca­das sin tener que recu­rrir a un care­nado ama­ri­llo o verde fos­fo­rito. Vespa, Triumph y Harley-Davidson. Por supuesto, no todos los mode­los. Decía lo del sonido por­que aquí sí es impor­tante, así como hay quien se flipa e insiste en que nada suena como el V8 de un BMW M5, por ejem­plo, por­que lo ha leído en una revista “espe­cia­li­zada”, al fin y al cabo cual­quiera que vaya en un coche amor­ti­gua el sonido con la carro­ce­ría y, ade­más, lo camu­fla con el equipo de radio. En una moto lo único que está entre tus oídos y el sonido del motor es el casco, e incluso puede que no te cie­rre las ore­jas, motivo por el cual el sonido que pro­duce el movi­miento de los pis­to­nes y vas a tenerlo que escu­char durante mucho tiempo. No hay horas de You­tube que mues­tren real­mente cómo suena cual­quiera de esos moto­res. ¿Ter­mi­naba ahí la entrada ori­gi­nal? Me temo que no.

Cuando estaba dando por hecho que esa basura sería publi­cada revisé el correo y vi una oferta (Let’sBonus, creo recor­dar) con un des­cuento para la auto­es­cuela, para el car­net A2. Y me apunté. ¿Lo podría haber publi­cado en ese momento? Sí, pero quise ver cómo iba un poco el asunto y dejé pasar unos días. ¿Y luego? Me pre­senté al teó­rico esta semana. Y lo aprobé. ¿Hemos lle­gado al final de la no-publicación? Para nada.

Retro­ce­de­mos un poco en el tiempo. El vier­nes de la semana pasada, día 27, me pasé por Maki­nos­tra, con­ce­sio­na­rio de Harley-Davidson de Madrid apro­ve­chando que por la noche asis­ti­ría al con­cierto de Arctic Mon­keys. Y muy bien, el con­cierto el con­ce­sio­na­rio. Como estaba más que infor­mado sobre la firma y sus mode­los (desde crío) sabía más o menos qué me iban a expli­car, con lo que no conté fue con un dato que Goo­gle me intentó reve­lar hace unas sema­nas y al que no quise dar impor­tan­cia: soy dema­siado alto para el modelo de Har­ley que me gusta, que es uno de los de ini­cia­ción. No podría pagar nin­guno de ellos, pero bueno, no cos­taba nada pasarse por allí. El depen­diente me lo explicó muy bien y no tuvo pro­ble­mas para decirme que podría estar incó­modo en esos mode­los. Volví del con­cierto y pensé en escri­bir sobre ello ya que no era la pri­mera vez que medir algo más de lo nor­mal me cau­saba incon­ve­nien­tes. Con estas mar­cas da gusto. Me refiero a las que han creado una ima­gen y son emblema de gene­ra­cio­nes y de situa­cio­nes, igual que la gente que mira orde­na­do­res se pasa una tarde en Media Markt, quien quiere una moto se pasa las mañana con catá­lo­gos en las manos, quien quiere un Mac se conoce al dedi­llo las gamas y las dife­ren­cias entre ellos y no va al Corte Inglés a espe­rar a que le deta­llen tal o cual cosa aun­que finja pres­tarle aten­ción y asiente con su cabeza, aquí igual, bus­cas un icono (la Har­ley) y si has ido hasta allí no es por­que, ya que miras motos te acer­cas a coti­llear. No, no fun­ciona así, todos sabe­mos que ese reflejo pre­mium queda patente en el pre­cio y, si que­re­mos ir de A a B, cual­quier otra cosa nos sirve. ¿Lo hubiese publi­cado des­pués de mover una Har­ley de 300 kilo­gra­mos que, si bien era de mi talla y cómoda como ella sola, se lle­vaba con un dedo y que sólo acep­tan con­du­cir los cin­cuen­to­nes capri­cho­sos? No, falta por tra­tar un punto que se ha ido suce­diendo en paralelo.

La gente cam­bia de moto como de cal­zon­ci­llos. Y esto es así. Aún no conozco a nadie cuya pri­mera moto­ci­cleta haya sido nueva. EL mer­cado de segunda mano con estos vehícu­los es bes­tial. Muy ágil. De hecho encuen­tras muchí­si­mas gan­gas que, lle­gado un punto, dejan de sor­pren­derte. Con­fieso que me llama la aten­ción por­que siem­pre he sido poco amigo del mundo de segunda mano en lo que a vehícu­los se refiere. Me explico, yo no ven­de­ría el Fiat Punto que uti­lizo casi a dia­rio por 9.000€ y, con mucha suerte, un des­guace podría darme 1.500 por él. De igual modo no entiendo que un coche nuevo valga 15.000 y el mismo modelo de segunda mano 13.000. No lo veo una dife­ren­cia deci­siva, ni aun­que fuese de 20.000 a 15.000. Soy el menos indi­cado para meterme en el fango que genera este mer­cado. Enton­ces, ver una moto­ci­cleta con pocos años que cuesta menos de una cuarta parte de su valor ori­gi­nal, como com­pra­dor me motiva, pero, si la tuviera que ven­der, me parece una pér­dida de dinero y, por tanto, me la que­da­ría aun­que no la uti­li­zase y sim­ple­mente saber que lo tie­nes, salvo caso de nece­si­dad inme­diata del dinero. Y este punto iba a haberse tra­tado de una entrada com­pleta e inde­pen­diente con rela­ción a este tema, nada más, pero sus cami­nos se han cru­zado por lo que veis.

Y, colo­rín colo­rado, este post ha ter­mi­nado. Esta es la his­to­ria donde se ve cómo estuve muy, muy cerca de escri­bir una entrada sobre motos, una entrada, por cierto, que se la va a soplar a todos y que nadie recor­dará con espe­cial cariño. Un parto com­pli­cado, pero tenía que nacer.

Visto en: Nunca he cogido una moto, va a ser divertido.

Domingo, 5 febrero, 2012
ElGekoNegro

Anhedonia a un grado bajo cero

Soy la per­sona más apá­tica que conozco. Y conozco a bas­tan­tes per­so­nas, siem­pre espero cono­cer a algún otro ser que ade­más de pare­cer majo o arisco mues­tre una clara indi­fe­ren­cia y una falta de moti­va­ción por empren­der cual­quier tipo de aven­tura. Hola a los del fondo.

Hoy he ido al cine. Sólo por comen­tar. Una señora ha dicho en alto que Sher­lock no puede morir. Ahí tengo los libros, creo que la colec­ción no está com­pleta, pero bueno, muere. La gente es imbé­cil. No se preo­cupe, mujer, que el bueno de Doyle lo resu­citó para ustedes.

La ver­dad es que no tengo nada de lo que que­jarme, y eso que soy un que­jica, no hay nada a mi alre­de­dor que merezca una sola mala cara, nada. Estoy en una posi­ción envi­dia­ble y que, de hecho, algu­nos ya envi­dian. “Ter­mi­nando” la carrera, con un empleo rela­ti­va­mente cómodo, con la capa­ci­dad eco­nó­mica sufi­ciente como para darme prác­ti­ca­mente cual­quier capri­cho (cosa que no hago, pero ahí está). Es una rutina cálida, mane­ja­ble, de esas de «No me jodas ya he per­dido el bus». Un sin más, un meh, un vacío com­pleto.

Me sumerjo en un autismo volun­ta­rio. Sin expli­ca­cio­nes, sin pre­gun­tarme nada para aho­rrarme el tener que bus­car res­pues­tas aun­que sepa de ante­mano lo que con­tes­tar. A veces pienso que me he acos­tum­brado, tal vez por haberme for­zado yo mismo a ello, a esta sen­sa­ción de frial­dad intere­sada que con­si­gue que no me entu­siasme un ápice por prác­ti­ca­mente una mierda. En fin, hace casi un año, una psi­có­loga, que a efec­tos prác­ti­cos no era más que una chica con la que un amigo estuvo hace un tiempo me hizo con­tarle mi vida por encima y ter­minó lla­mán­dome «Jodido loco de los cojo­nes». No me fas­ti­dies, tan­tos años de carrera refi­nada y habla igual que un ter­tu­liano de un pro­grama de cora­zón o un entre­na­dor de fút­bol cañí. Su parte de razón ten­dría y, la ver­dad, me hizo mucha gra­cia, no siem­pre uno tiene la opor­tu­ni­dad de que le diag­nos­ti­quen una locura de manera médi­ca­mente aceptable.

No pon­gáis esa cara, no le hice mucho caso, aun­que igual hubiese sido mejor que­darme un rato más en el diván. No lo sé, y lo mejor es que no me importa. Vale, no sé si es lo mejor, ya he dejado de que­rer saberlo todo. Eso sí es preo­cu­pante, no recuerdo en qué puto momento de mi vida reciente he dejado de ser curioso. Creo que fue en el mismo en el que empecé a adel­ga­zar mucho sin saber por qué y luego a engor­dar al mismo ritmo sin nin­guna expli­ca­ción. Cual­quier per­sona dirá que es por algo tiroi­deo, está de moda entre los ente­ra­di­llos hos­pi­ta­la­rios y a todos se lo hacen mirar, me he hecho prue­bas, está todo bien. Es mi mal­dita cabeza. Hay algo que no fun­ciona bien ahí arriba. Ha habido hoy un par de momen­tos chun­gos, dos hos­tias, bajo­nes momen­tá­neos. Me he salido como he podido de los dos jar­di­nes en los que me había metido. En uno me metie­ron, pero es igual. Son pija­das que afec­tan. Me duele la cabeza cuando intento des­cu­brir qué falla, qué tuerca tengo que apre­tar o aflo­jar para que pueda vol­ver a fluir esa… vida, no sé, no me encuen­tro bien. Ima­gi­nad que tenéis un puto mapa del Soko­ban en vues­tro cere­bro, pero un mapa enorme, con millo­nes de cajas y tie­nes que ir moviendo todas y colo­cando cada una paso a paso. Bueno, más o menos es lo que llevo unas sema­nas, unos meses, inten­tando hacer: poner orden. He inten­tado prio­ri­zar las cosas que me rodean, como si crease una lista de tareas pen­dien­tes y nada fuese simul­tá­neo, no hay con­cu­rren­cias, cada cosa a su tiempo. Y no iba mal, era cómodo, pero des­pués de un tiempo me he dado cuenta de que me sen­tía exac­ta­mente igual. Vacío.

Pero un vacío cre­ciente, un agu­jero negro que está apo­de­rán­dose de mi inge­nio, de mi crea­ti­vi­dad, diría que hasta de mi memo­ria. No suelo uti­li­zar borra­do­res pero en octu­bre escribí un pequeño relato, uno de esos oscu­ros, mal­va­dos, en fin, que sólo lo enten­día yo y que me hacen sen­tir bien sólo dejando por escrito que no es así. En ese relato escribí una cosa que me pare­cía que enca­jaba con toda la ambien­ta­ción catas­tro­fista y casi san­gui­no­lenta de la his­to­ria «[…] y así sucum­bir a los siete peca­dos capi­ta­les de pro­vin­cia que ahora […]». Y va José Mota y se marca un puto espe­cial de noche­vieja con esa coñita. Antes me hubiese enfu­re­cido pero entré aquí y me cepi­llé el relato, sin cabos suel­tos ni lamen­ta­cio­nes. Y no me molestó, joder, no me reco­nozco. Os ase­guro que ese agu­jero negro es bes­tial. Nada agradable.

En fin, sed feli­ces, que es de lo que va todo este asunto de la vida y tal, apro­ve­chadlo, mamo­nes. Ima­gi­nad que dejáis de leer esta clase de mierda lite­ra­ria, escrita desde lo más pro­fundo de mi putre­facta cloaca men­tal para con­ver­ti­ros en los que escri­ben una basura seme­jante desde un pozo de lodo cre­yendo que covier­ten sus tex­tos en oro. No, deja, mejor, sed felices.

Visto en: A sero­to­nina revuelta, ganan­cia de psiquiatras.

Lunes, 9 enero, 2012
ElGekoNegro